Con un centro porteño militarizado por Gendarmería, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Policía Federal; y sin un alma que se haya acercado a saludarlo en las afueras del Congreso, el presidente Mauricio Macri inauguró este viernes las sesiones ordinarias del año 2019.
Para hacer una especie de balance de sus más de tres años de gestión, Macri leyó durante unos cuarenta minutos un discurso cuyo espíritu podría sintetizarse en algo así como “estábamos recontramal, estamos mal pero vamos bien”. Un homenaje a su mentor político, Carlos Menem, tan cargado de mentiras como las de aquel pero con una sobrecarga de nerviosismo y desencaje facial.
Muy lejos quedaron en el discurso oficial las promesas de campaña y del primer año de gobierno, cuando Macri aseguraba que todo mejoraría pronto, incluyendo esa definición patética de que controlar la inflación era demasiado fácil y no debería ser considerado "un problema".
Durante el discurso oficial hubo varios momentos de efervescencia, sobre todo cuando la oposición kirchnerista-peronista aprovechó demagógicamente para criticar “enojada” algunas de las falacias oficiales. La vicepresidenta Gabriela Michetti intentó, con su “eficacia” de siempre, bajar las tensiones y calmar los ánimos en el recinto, cosa que obviamente no consiguió.
Tan nervioso estuvo Macri durante su alocución que no faltó el tradicional acto fallido. Y encima en uno de sus tópicos más recurrentes. “Ahora con el apoyo del narcotráfico combatimos el narcotráfico en las fronteras”, dijo y enseguida hizo estallar a las redes sociales.
Macri dijo estar “igual de emocionado” que cuando habló por primera vez el 10 de diciembre de 2015. Y aseguró que su gobierno decidió “dejar de patear los problemas para adelante y mirar la realidad de frente”. Según él, “todos entendimos las consecuencias de no cambiar y tomar las cosas de fondo”.
Atajándose de lo que piensa ampliamente la sociedad, Macri dijo que “no es tarea sencilla, cambiar en serio implica atravesar dificultades. El año pasado nos puso aprueba en muchos sentidos”. Y aseguró que “cuando estábamos levantando cabeza” aparecieron las “tormentas” de la sequía en el campo, de la volatilidad de los mercados de capitales y de la “causa de los cuadernos”. “Tenemos que estar preparados y fuertes para enfrentar nuevas tormentas”, agregó.
Lejos de plantear algún tipo de política que haga pensar en que la economía y el resto de los indicadores en decadencia de su gestión tenderán siquiera a mejorar, Macri apeló a contraponer datos de obras públicas e inversiones parciales en infraestructura con el “pasado”. E hizo foco para ello en el “saldo” dejado por el kirchnerismo en temas como corrupción, el narcotráfico, el clientelismo político, las mentiras del Indec y el manejo de la propaganda mediática.
“Los argentinos maduramos y los cambios profundos requieren paciencia”, insistió Macri. Y posó de comprensivo al decir “sé que muchos van a pensar ‘yo estoy peor’. Pero lo que estamos logrando los argentinos es enorme, porque estamos haciendo crujir estructuras viejas y oxidadas que seguían beneficiando a los de siempre”.
Casi mesiánicamente Macri dijo “no es casual que yo esté acá, si estoy liderando este camino de largo plazo es porque los argentinos decidimos avanzar. Hoy podemos decir que la Argentina está mejor parada que en 2015. Mejor no significa que ya estamos donde queremos estar sino que salimos del pantano donde estábamos”.
Recinto caliente
Cada vez que Macri hablaba del pasado, desde las bancadas de la oposición saltaban gritos e insultos. Muchos opositores del peronismo se manifestaron particularmente “sensibles”. Hasta se lo vio al kirchnerista Agustín Rossi al borde del colapso, con su rostro enrojecido. En un momento Macri dijo “señores, señores, los insultos no hablan de mí sino de ustedes”, desatando los aplausos un tanto histéricos de toda la bancada oficialista.
El presidente, sin enrojecerse, dijo que “se acabó el tiempo en que los delincuentes se salgan con la suya mientras nosotros trabajamos para que el país salga adelante”. Como si él no fuera miembro de una de las familias que más se beneficiaron con el robo de guante blanco.
Y hasta dijo que el suyo es “un gobierno que respeta la independencia de poderes, de la Justicia”. Muy a su pesar, ni siquiera con esa frase logró algún tipo de gesto o aplauso de los cinco miembros de la Corte Suprema, presentes en primera fila.
No hubo silbidos ni insultos contra Macri cuando dijo que el Congreso “es un claro ejemplo de lo que pudimos lograr. Pasamos todo nuestro mandato en minoría y aún así logramos consensos. A pesar de las dificultades logramos avances concretos”, sentenció en referencia a gran parte de la oposición peronista, que justo en ese momento miraba para el costado.
Según Macri, “hoy se están resolviendo problemas que son estructurales, no coyunturales. El camino gradual fue exitoso durante dos años y medio. Cuando empezábamos a crecer tuvimos tres shocks seguidos: la salida de capitales, la sequía y la causa de los cuadernos”.
Obviamente no puso como ejemplos de esas supuestas soluciones “estructurales” al acuerdo con el FMI, la suba de las tasas de interés, la pérdida de más de 190 mil puestos de trabajo en 2018 y la recesión profunda de la economía.
Dijo estar “convencido de que lograr un equilibrio fiscal sin parches en los presupuestos 2020 y 2021 será el acto de justicia social más importante de los últimos 70 años”. Y las legisladoras y legisladores oficialistas volvieron aplaudir, quizás convencides de que a esos ajustes presupuestarios acudirán solícites muches gobernadores y legisladores de la oposición.
“Desde el primer momento dije que mi mandato fuera evaluado por los resultados”, dijo el presidente, aclarando que “pobreza cero es una aspiración” y no una promesa de gestión. Sobre eso, afirmó que “este mes aumentaremos un 46 % la Asignación Universal por Hijo”. Pero reconoció al mismo tiempo que “es cierto que la pobreza está volviendo a los niveles de antes”.
“Veo el potencial que tenemos, veo una Argentina creciendo, despertándose. Veo esperanza, fuerza, nos veo bien plantados y que a pesar de las dificultades damos batalla y nos hacemos cargo de lo que nos toca con una clara ambición de futuro”, dijo sobre el final el presidente.
Por último, casi al borde de un ataque de nervios, Macri apostó a insuflar su discurso con una arenga tan básica como poco convincente. “Estoy seguro que esta es la generación que, con valentía, decidió encarar lo que nunca se había hecho, decidió hacer una reforma profunda y cambios de verdad en nuestro país, esos cambios que necesitábamos y esperábamos. Y juntos nos hemos comprometido a hacer una sociedad en serio. Y juntos lo estamos haciendo. Por eso les digo ¡vamos argentinos! ¡Vamos con fuerza! ¡Vamos en serio! ¡Vamos con coraje! ¡Vamos con pasión! Este es nuestro país y juntos lo vamos a sacar adelante. ¡Vamos Argentina! ¡Vamos Argentina!”
La cohorte oficialista lo despidió con el clásico cántico PRO "sí, se puede, sí se puede".
“Un discurso mentiroso y forzado”
Luego de cerrada la sesión inaugural, el diputado del PTS-FIt Nicolás del Caño habló con la prensa y dijo que “la primera reflexión que podemos hacer es que el tono del discurso del Presidente deja a las claras fue mentiroso y forzado. Habló de un país que no vive la gran mayoría del pueblo”.
Del Caño habló de “la bronca que sentimos muchos compañeros y compañeras del Frente de Izquierda mientras él hablaba de los negocios de sus amigos, de las petroleras, de Mindlin, de Caputo, cuando los tarifazos están pauperizando la vida de millones, cuando vemos los despidos”.
“Habló de la creación de empleo y de bajar la inflación. Pero el año pasado dijo que iba a ser un año en el que la economía iba a crecer y entramos en recesión, que la inflación iba a bajar y tuvimos un 45 %. Los salarios perdieron un 12 %. Habló de otro país, realmente”, dijo el referente de la izquierda.
El diputado agregó que desde Frente de Izquierda se está planteando “algo que es fundamental, que es que sin romper el pacto de coloniaje con el FMI y dejar de pagar esa deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta no habrá salida en favor de las grandes mayorías populares”.
Y destacó que “esa bronca que tiene el pueblo trabajador se tiene que expresar en la movilización popular de todos los sectores que están enfrentando los despidos, como los trabajadores de Siam, de Coca-Cola, de Fate y de tantos otros. Lamentablemente las centrales sindicales, junto con la oposición peronista y los gobernadores han apoyado las principales leyes de ajuste de Macri, como el pago a los fondos buitre o el robo a los jubilados”. |