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15 de marzo de 2019 Twitter Faceboock

VIERNES VERDE
Huelga estudiantil en Europa contra la crisis ambiental
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Desde hace unas semanas se están sucediendo los “viernes verdes” en ciudades de toda Europa, donde estudiantes se manifiestan contra la crisis ambiental global.

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Se trata de un movimiento que mueve a miles de jóvenes, nuevas generaciones que ven claramente como se les está dejando un mundo en el que cada vez va a ser más difícil vivir. Hasta el momento se han sumado 270 ciudades, y el proceso tiene toda la perspectiva de seguir creciendo.

El movimiento nació de un grupo llamado “Fridays for future”, sin un verdadero programa más que la exigencia a las autoridades para que actúen contra el cambio climático. Pero poco o nada podemos esperar de las élites económicas mundiales. De una parte, la extrema derecha negacionista, de otra parte lo que se ha hecho llamar el (falso) “capitalismo verde”.

La “transición ecológica” capitalista es un parche incompleto, que además se pretende hacer pasar sobre los hombros de la mayoría social. No tenemos más que ver la medida del impuesto a los combustibles del gobierno de Macron en Francia, que desató la rabia de los chalecos amarillos, que representan a grandes capas sociales expulsadas de las ciudades por procesos de gentrificación, y dedican una parte importante de su salario al transporte.

Poner impuestos a los combustibles del transporte resulta absurdo, teniendo en cuenta que se calcula que el 63% de las emisiones de CO2 a nivel mundial son consecuencia de la actividad de 90 multinacionales, y tan sólo en Europa el 60% de la contaminación es producida por 5 de ellas. En Francia se manifestaron miles de jóvenes con la consigna “Viernes verdes, sábados amarillos”, planteando que sí queremos una transición ecológica, pero que la paguen los ricos.

Un estudio publicado por el European Heart Journal ha concluido que las consecuencias para la salud generadas por la contaminación del aire han sido subestimadas, a partir de los análisis de los datos recogidos durante el año 2015.

Previamente, los informes de la OMS o de la Agencia Europea de Medio Ambiente ya advertían de los peligros de la contaminación del aire, cifrando en alrededor de 4,2 millones el número de muertes prematuras en el mundo a causa de este problema, 422.000 de ellas en Europa. Sin embargo, este nuevo estudio duplica esa cifra, situándola en 8,8 millones a escala mundial y 790.000 en el marco europeo. El problema adquiere una dimensión mucho mayor y ya parece superar al tabaquismo como causa de mortalidad, que estaría relacionado con la muerte de 7,2 millones de personas al año.

La contaminación del aire no sólo afectaría a las personas por medio de enfermedades respiratorias, sino también de enfermedades cardiovasculares. En la Unión Europea entre el 15 y el 28% del total de muertes producidas por problemas cardiovasculares sería consecuencia de este problema ambiental, según el informe.
La degradación del ambiente se presenta cada vez más como uno de los principales problemas que afronta hoy la humanidad a escala global.

Ante esta situación de crisis ecológica, parece ser que hay unanimidad en reconocer la gravedad del problema; ahora bien, las recetas que se proponen desde los organismos gubernamentales e internacionales no están a la altura. El capitalismo demuestra día a día su incapacidad para llevar a cabo un “desarrollo sostenible”, envuelto en una situación de estancamiento económico. La lógica de la “anarquía” capitalista es cortoplacista, movida por la sed de ganancias a cualquier costo y esencialmente ecodestructiva.

Lejos de las “buenas intenciones” del llamado “capitalismo verde” -un nuevo nicho de valorización del capital que se ha desarrollado de la mano de nuevas industrias “verdes”-, en la práctica observamos que ni siquiera se cumplen los acuerdos mínimos, ya de por sí insuficientes, que se establecen en las cumbres internacionales como las climáticas.

Por si fuera poco, los Estados capitalistas tratan de cargar el problema en las espaldas de la clase trabajadora y de los sectores populares, queriendo hacernos pagar los costes de las “transiciones ecológicas”. Un parche insuficiente, sostenido en la extensión de la precariedad laboral, incapaz de apuntar a la raíz de los problemas: la pretensión capitalista de acumular ganancias infinitamente en un medio finito. Así el capital termina arrastrando consigo a la sociedad en un espiral de ajustes, recortes, quiebras, despidos, guerras por recursos, expolios, etc.
El “capitalismo verde” es un callejón sin salida. Aislar el problema del ambiente como si fuera un factor que puede resolverse sin alterar las lógicas estructurales en las que se mueve el propio sistema es una quimera. La lucha contra la crisis ecológica es inseparable de la lucha contra el capitalismo.

Hace más de 30 años que existe consenso científico sobre las causas humanas de la subida de la temperatura a nivel global, aumentando la frecuencia de fenómenos climáticos extremos, como incendios forestales catastróficos en pleno invierno, sequías que diezman las cosechas, mayores y más frecuentes inundaciones y tormentas, etc.

La crisis ambiental tiene muchos más factores, el agotamiento de los suelos fértiles, debido a los métodos intensivos de agricultura, la contaminación generalizada, endémica en zonas como Ghana, basurero mundial de material electrónico, o la cuenca del Ganges en la India, donde todos los contaminantes registrados por la comunidad científica mundial están presentes en el río y zonas cercanas o la proliferación de microplásticos en los océanos:.

No es la primera vez que el movimiento ecologista obtiene fuerza. En los años 60 y 70, la lucha contra el cambio climático y contra los residuos nucleares movió a millones de personas, pero fracasó en sus objetivos.

La única perspectiva realista para enfrentar y resolver todos estos problemas es desplegando una estrategia anticapitalista y revolucionaria, que unifique la lucha de los movimientos ecologistas, de mujeres, de las personas LGTBI, de las migrantes, bajo la hegemonía de una política independiente de clase; una política de la mayoría de la población trabajadora mundial, que luche por “expropiar a los expropiadores” que luche por gobiernos de la clase trabajadora, donde se decida democráticamente qué tipo de modelo energético y económico es necesario, liberándonos del despilfarro de recursos y de la concentración de la riqueza a cualquier coste. Es decir, una perspectiva socialista.

Por todo esto llamamos a participar activamente en la huelga estudiantil para que realmente paren todos los centros de estudio para luchar contra la crisis ambiental.

 
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