Ampliando la brecha entre ricos y pobres, agudizada por los efectos de la actual recesión económica y como consecuencia de las políticas ajustadoras del gobierno de Mauricio Macri, sólo en 2018 aumentaron en 1,9 millones las personas que viven en condiciones de pobreza.
El relevamiento de los niveles de pobreza multidimensional publicado este lunes por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) dejó al descubierto que, como producto de un modelo ajustador, la cantidad de pobres pasó en doce meses de 10.773.000 a 12.676.500 en todas las zonas urbanas del país.
Con estos resultados alarmantes se confirma que el macrismo pasó de la mentira electoral de “pobreza cero” a niveles récord en ocho años de pauperización social. Solo en un año (de 2017 a 2018) pasó de un 26,7 % a un 31,3 %.
Deuda social: el déficit que no le importa al macrismo
La estimación de la UCA pretende “monitorear la evolución de la Deuda Social entendida como privaciones injustas que afectan el nivel de vida y las estructuras de oportunidades de integración social”.
La pobreza multidimensional medida por la UCA incluye a los pobres en la medición por sus ingresos y a quienes padecen al menos una carencia de una serie de derechos sociales y económicos (alimentación y salud, servicios básicos, vivienda digna, medio ambiente, accesos educativos y empleo y seguridad social).
Según esta estimación, el aumento del déficit social que aumenta a medida que más personas caen en la pobreza implica que:
Seis de cada cien hogares urbanos pasan hambre de manera frecuente. Esos hogares representan el 7,9 % de población, asimilable a niveles de 2009.
1,7 de cada diez hogares no logra cubrir sus necesidades básicas de salud. Esta problemática afecta al 22 % de la población urbana.
Tres de cada diez hogares urbanos no cuenta con red de cloacas.
Uno de cada diez hogares urbanos no cuenta con servicio de red de agua potable.
Catorce de cada cien hogares habitan en viviendas precarias y al menos ocho de cada cien no cuentan con baño y conviven hacinados. El 27 % de la población habita en hogares con alguno de este déficit.
Casi dos de cada diez hogares residen en espacios medio ambientales no adecuados, sea porque no cuenta con servicios de recolección de basuras, vive cerca de industrias insalubres o de espejos con agua contaminada.
Una de cada diez personas presenta déficit educativo.
Tres de cada diez hogares registran algunos de estos problemas: 3 % de los niños de entre 4 y 17 años no asiste a la escuela, 23 % de los jóvenes no terminó el secundario y 10 % de los adultos no terminó el primario.
El 30 % de los hogares se encuentra marginado de los derechos laborales. Al menos 28 % de hogares no tienen ningún vínculo con el sistema de la seguridad social y 4 % registra situaciones de desempleo estructural (de larga duración). En estos hogares vive el 34 % de la población urbana.
Estas mediciones de pobreza multidimensional difieren en el método para medir pobreza por ingresos utilizado por el Indec (acceso a una canasta básica de consumo). Ese informe se dará a conocer el próximo jueves.
La pobreza récord necesita complicidades
El crecimiento abrumador en los niveles de pobreza son pura consecuencia de políticas ajustadoras aplicadas por Cambiemos, más allá de que le hayan fracaso (encima) algunos planes para que el golpe no fuera tan duro.
En el marco de una crisis económica profunda, que se desarrolló de manera acelerada a partir de las corridas cambiarias de 2018, y ante un contexto internacional adverso, fue decisión del Gobierno acudir al FMI.
Este endeudamiento implicó una serie de “exigencias” del Fondo en materia de recorte del gasto público para alcanzar el “déficit cero” mientras aumentaban los intereses de deuda a los especuladores en igual medida.
La responsabilidad de Cambiemos es innegable, tanto en el aumento de los pobres como en los niveles de desocupación en alza (9,1 %) o de alta inflación y desplome industrial.
Pero es también innegable que Macri y compañía no habrían podido avanzar en este ataque brutal a las condiciones de vida de la población trabajadora sin las complicidades necesarias en el Congreso y en las calles.
La votación del Presupuesto 2019, que incluyó un fuerte recorte fiscal a pedido del FMI, es un claro ejemplo de la complicidad de una parte considerable del peronismo (los “dadores de gobernabilidad”) que cedió los votos necesarios para su aprobación.
También son cómplices de esta situación las conducciones peronistas de los sindicatos. Con la megadevaluación en 2018, salarios que en promedio perdieron un 12 % de poder de compra, niveles altísimos de inflación, tarifazos constantes sobre los servicios básicos, despidos y suspensiones en aumento, la inmovilidad de la burocracia sindical es todo lo que el macrismo necesita para continuar haciendo recaer sobre la clase trabajadora el costo de esta crisis.
Eso sí, muchos de esos cómplices de Macri no dejan de aparecer por televisión haciendo grandes críticas al modelo de ajuste, buscando por todos los medios un lugar en el armado opositor peronista de cara a las elecciones.
Aunque al ministro Nicolás Dujovne le guste decir que “lo peor ya pasó”, prima una creciente inestabilidad cambiaria con tasas superaltas que no frenan el dólar pero sí la actividad económica. La especulación relacionada a la contienda electoral suma más incertidumbre.
Este modelo económico ajustador tiene implicancias reales y concretas para millones de personas. La pobreza afecta a más de doce millones de habitantes de un país que produce y exporta muchas riquezas. El macrismo y sus cómplices necesarios son responsables.
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