En este artículo se abordarán las características de la cosificación, sus consecuencias, la relevancia que tiene en la actualidad y el impacto que se genera en la vida política de los individuos.
La cosificación es un proceso donde se transforman las relaciones sociales en relaciones entre cosas restando humanidad a la interacción entre sujetos; “las objetiviza” (sinónimo de cosificación), es decir, resta todas las cualidades humanas a las relaciones sociales.
Para los científicos sociales, la cosificación es un fenómeno social complejo, por lo tanto mucho más para los actores sociales. Es por ello que me daré la libertad de tomar el cuento “El Huésped” (Amparo Dávila, 2009), y de darle una resignificación (interpretación) con el fin de abstraer la cosificación y ejemplificarlo con la literatura. Como Dávila, escritora mexicana, mi objetivo es tratar lo que no se ve y no se dice, lo impreciso – e inquietante- que está justo más allá de la experiencia práctica del sujeto.
Es importante entender la cosificación social en el siglo XXI, porque es un fenómeno que parte de la experiencia del sujeto a partir de la vida cotidiana con relación a los otros, se basa en las condiciones que el sistema capitalista determina. Y es una condición histórica única del modo de producción que nos tocó vivir.
En la época feudal, los siervos no tenían derecho a vender su fuerza de trabajo, les era arrebatado. Tras la abolición de la esclavitud, pasa a la orden del día la transformación de las relaciones sociales del capital y la de la propiedad de la tierra.
El hombre siempre ha tenido que trabajar, es “una condición de la existencia humana, necesidad mutua y eterna de mediar el metabolismo que se da entre el hombre y la naturaleza y, por consiguiente, de mediar la vida humana” (Marx, Capítulo "La Mercancía",El capital),pero es una condición de la modernidad vender la fuerza de trabajo para poder sobrevivir y subsidiar las necesidades básicas de los individuos en sociedad.
Por lo tanto, como en la obra de “El Huésped”, el capitalismo – después de un proceso de transformación- llega a instaurarse, se aclimata en las habitaciones de
la casa (sociedad), sin permiso. Estableciendo relaciones de dominación, bien marcadas, que no son cuestionadas en un principio.
En la obra de Amparo Dávila, se narra la vida de una familia conformada por la madre (obrero), el padre (capitalista), los hijos, y la servidumbre (obrero). Para el marido la mujer representaba “un mueble, que se acostumbra uno a ver en determinado sitio, pero que no causa la menor impresión”, primer signo de cosificación en dicha obra.
Un día, el esposo trae a casa una criatura,
“era lúgubre, siniestro. Con ojos grandes amarillentos, casi redondos y sin parpadeo, que parecían penetrar a través de las cosas y de las personas”.
Claramente el capitalismo es un monstruo que atraviesa la vida cotidiana de los sujetos, que arremete en la esfera pública y privada, no conoce límites, no conoce sexo, edad, raza, etc., del que no pueda explotar fuerza de trabajo y abstraer ganancia.
El sistema capitalista se caracteriza por el modo masivo de producción de mercancías y la forma de explotación de los trabajadores. De acuerdo a la teoría del valor -según Marx- una mercancía obtiene dicho valor mediante el tiempo del trabajo humano esencialmente necesario para producir un bien; si la propiedad privada se adueña de las relaciones sociales y empieza a cosificarlas, el valor de uso y el valor de cambio se verán influenciados.
Aquello que dota a una mercancía de valor “es solo la cantidad de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso, lo que determina su magnitud de valor” (Marx, Capítulo "La Mercancía", El capital) Es decir, aquello que dota de valor a una mercancía es la duración que el trabajador necesita para producir una mercancía, en la cual invierte esfuerzo, y tiempo social.
Este fenómeno produce que las personas establezcan entre sí procesos de conocimiento que no consideran las relaciones afectivas y normativas creadas en el establecimiento del reconocimiento mutuo. Las personas ya no son percibidas como seres dotados plenamente de sentido en la trama de la constitución intersubjetiva de lo social, sino sólo como objetivaciones neutras, como objetos des-socializados, es decir, como cosificados.
Las relaciones se presentan “no como relaciones directamente sociales trabadas entre las personas mismas, en sus trabajos, sino por el contrario como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones sociales ente las cosas” (Marx, Capítulo "La Mercancía", El capital). En consecuencia dominará esa forma de relacionarnos con el otro, y el entorno social, decidiendo nuestras condiciones de vida.
Este proceso social no es cuestionado, tenemos introyectado que el orden capitalista es una fase de desarrollo absoluto, carente de transición. Damos por hecho que llegó para quedarse. A pesar de la insatisfacción de la clase obrera:
“No podía resistirlo; me inspiraba desconfianza y horror”.
El capitalista marca su poder, nos repite constantemente lo benéfico que es para uno si se esfuerza y persevera.
“Es completamente inofensivo (…) te acostumbrarás a su compañía, y si no lo consigues"
existen formas de intimidar a un solo individuo, de quebrar su espíritu, de hacer que se una al ejército de reserva del capital, o bien que se halle en un estado anómico.
Nos dice Marx, que el proceso de producción domina al hombre, en vez de dominar el hombre a este proceso. Recuerdo una cita de Michael Ende, escritor alemán de literatura fantástica, en su obra Momo, que me genera una reflexión sobre la cosificación en nuestra vida diaria,
“Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas”. (Ende, Momo. 1973)
Tal vez tú como trabajador te levantas, desayunas apurado, te despides de tu familia, maldices al transporte público, llegas a tu área de trabajo, ejecutas tus actividades diarias hasta altas horas de la tarde, y cuando termina la jornada te preparas para repetir la rutina al día siguiente. Y uno, acostumbrado a correr por la ciudad, no se percata del individuo que está a su lado, no nota que lleva una rutina parecida, e incluso más pesada.
“No fui la única en sufrir con su presencia. Todos los de la casa – mis niños, la mujer que me ayudaba en los quehaceres, su hijito- sentíamos pavor de él. Solo mi marido gozaba teniéndole allí”.
Como hemos visto, ser pensado como mercancía tiene consecuencias en la realidad social, la vida de los sujetos ligados al sistema capitalista adquiere un solo sentido; producir. Esto sucede por cómo los sujetos se conciben a sí mismos, la reconstrucción que estos hacen del mundo social la realizan como si se tratase de objetos independientes de sus acciones. Atribuyéndole a los objetos sociales existencia independiente, no los puede concebir como inscritos en el devenir histórico social.
En la historia de Amparo Dávila, todos a excepción del marido sufren la presencia del huésped, e incluso el hijo de “Guadalupe” la mujer que ayuda a los quehaceres, es herido por la criatura abominable. No es hasta que ambas se sientan a hablar sobre el temor, y el rencor que corre por su alma, no es hasta que comparten sus subjetividades, que deciden actuar en contra del huésped, para recuperar la tranquilidad de su día a día.
“-Esta situación no puede continuar- le dije un día a Guadalupe. –Tendremos que hacer algo y pronto- Me contestó.”
A través del diálogo, ambas pactan acabar con la criatura, se reúnen a platicar y armar los últimos detalles sobre el plan: lo cazan, dejan de alimentarlo, se percatan y confirman que el plan funcione. Y una vez hecho... dan la noticia de su muerte repentina.
La cosificación es un fenómeno esencial para entender el control que se da en las relaciones de dominación, para entender las necesidades que tiene la clase trabajadora de organización. Pues es esta clase la que tiene como misión histórica- de acuerdo a Marx- el trastocar el modo de producción capitalista y abolir las clases. Y llegar así a dar la noticia de la muerte no tan "repentina" del capitalismo y su naturaleza cosificadora. |