Este 2019 comenzó con una tremenda postal: 400.000 personas solo en las calles de Santiago, en un 8 de marzo que nos movilizó junto a secundarias, universitarias, trabajadoras jóvenes y también a nuestras madres, tías y hermanas.
Junto a nuestros compañeros, que con nosotras estuvieron en las calles, mostramos nuestro hastío contra la desigualdad y la discriminación, contra la opresión que vivimos las mujeres que somos doblemente explotadas en nuestros trabajos y en nuestros hogares, y por el hastío que nos generan los ataques y golpes por el solo hecho de ser mujer. Por esto es que luchamos para que no haya más femicidios.
El malestar generalizado porque no queremos más AFP, ni más precarización laboral. Porque no queremos más muertes por luchar, ni más comuneros mapuche asesinados por la policía. Por las condiciones precarias de estudio que se hacen insoportables, y el ingreso económico que sigue siendo el principal medidor del acceso a la educación, siendo, en muchos casos, endeudarse la única salida. Esto, mientras los empresarios de la educación y las autoridades se llenan los bolsillos.
Todo esto es parte de lo que cientos de miles hemos rechazado rotundamente en las calles. Pero, aun cuando somos notable mayoría la que ha alzado la voz, los planes concretos que tiene el gobierno de Piñera van en una dirección completamente contraria.
Aula Segura, para fortalecer las facultades de expulsión y punición al interior de las escuelas; Admisión Justa, para reponer la selección y la lógica meritocrática en la educación; y Control de Identidad Preventivo, para poder exigir documentación y registrar las pertenencias de menores desde los 14 años, dejándonos a disposición de la misma policía que nos reprime, abusa y golpea.
La derecha ha fijado en su mira a la juventud. Y mientras tanto, continúa con la política de Estado contra el pueblo Mapuche, a quien la derecha y la Concertación le ha declarado la guerra desde hace décadas.
Eso, sumado al discurso de la derecha contra los inmigrantes y la diversidad sexual, a quienes responsabilizan por el aumento del VIH, que en realidad es producto de la negativa al acceso a educación sexual integral y no sexista. Y el discurso de odio también contra las mujeres, llamándonos asesinas por estar a favor del aborto legal, libre, seguro y gratuito.
Es la derecha misógina y xenófoba, servil a los intereses de los empresarios multimillonarios y del imperialismo de Trump, la que encarna nuestro principal enemigo. Sus planes, sus reformas y sus proyectos van directamente en contra de todas nuestras exigencias, necesidades y anhelos.
Lo que el movimiento de mujeres demostró a nivel internacional, es que también tenemos grandes deseos de un cambio estructural. Pero sin enfrentar resueltamente a la derecha y a Piñera, y a cada una de sus reformas, todo ese hastío y todos nuestros anhelos, no tendrán ningún resultado de cambio estructural, ninguna transformación profunda.
¿Pero cómo nos propondremos realmente enfrentar a la derecha y a Piñera?
La novedosa fuerza política que salió a escena hace un tiempo es el Frente Amplio, sin embargo, ante ninguno de los ataques del gobierno han demostrado una disposición de enfrentarles resueltamente. Más bien, han estado durante meses buscando distintos acuerdos parlamentarios con la oposición de la Nueva Mayoría. Llegaron a un acuerdo de mínimos comunes con toda la ex Concertación para legislar, lo que los llevó incluso a dar sus votos al DC Iván Flores para presidir la Cámara de Diputados, reconocido antiaborto y anti matrimonio igualitario.
La misma Gael Yeomans, diputada por Izquierda Libertaria, planteó que no se negaba rotundamente al Control Preventivo de Identidad; ¡cuando es un proyecto represivo y criminalizador contra toda la juventud, que sólo podemos rechazar firmemente!
Ellos actúan como si nuestra única salida fuese marchar cada cierto tiempo; mientras ellos y ellas se encargan de buscar acuerdos con la Nueva Mayoría, para negociar “mínimos comunes”, como los 8 puntos que acaban de firmar junto a aquellos partidos que han administrado este modelo neoliberal y, entre otras cosas, se han enriquecido con la educación de mercado.
La estrategia del Frente Amplio y sus negociaciones con la ex Concertación solo empujan a que las y los estudiantes tengan que contentarse con las migajas que, “en la medida de lo posible”, podemos mendigar en el Congreso. Como si nuestra enorme fuerza y potencial de movilización, de las mujeres, les jóvenes, estudiantes y trabajadores, no fuese capaz de ir por mucho más.
Es así que cuando salíamos masivamente a las calles y nos organizábamos en nuestros lugares de estudio por el aborto legal, libre, seguro y gratuito, el Frente Amplio terminó negociando solo la despenalización. Así también la enorme lucha que dimos como movimiento estudiantil por la educación gratuita y universal terminó siendo una beca más, beca que solo este año dejó a 27 mil estudiantes sin poder acceder a ella. Del mismo modo que cuando asesinaron al comunero Camilo Catrillanca y miles exigíamos con movilización, tomas y paros, la desmilitarización del Wallmapu, y se terminó discutiendo una reforma a Carabineros que fortalecerá su aparato represivo, e incluso dejaron de lado la acusación constitucional a Chadwick, ¡que era la propia política del mismo Frente Amplio!, a un futuro indeterminado.
Como juventud organizada en Pan y Rosas y Vencer vemos que las fuerzas del movimiento estudiantil y de las mujeres dan para mucho más. El 8M lo demostró en las calles. Es esa fuerza movilizada, la única que puede poner freno a la agenda del gobierno, que está debilitado y busca desesperado revertir ese 48% de desaprobación, que no hace más que aumentar.
El movimiento de mujeres, así como también el movimiento estudiantil, pueden ser un factor importante en la articulación de una fuerza social que sea capaz de derrotar los ataques que el gobierno nos quiere pasar. Podemos ser un factor en articular a los sectores oprimidos y descontentos por este sistema, junto a la clase trabajadora y a esa enorme fuerza que, aunque dormida, podría con su fuerza dar vuelta todo este sistema.
Nuestras demandas ya las hemos gritado en las calles: vamos por el aborto legal, libre seguro y gratuito. Por la educación pública gratuita, universal y no sexista, garantizada por el Estado y con acceso irrestricto. Vamos por la desmilitarización de La Araucanía, y por poner fin a la precarización laboral en contra nuestra y de nuestras familias.
Qué distinto sería una FECh que el año pasado, dirigida por Izquierda Autónoma, en lugar de callarse la boca luego de que se desviaran las movilizaciones y los ánimos por el derecho al aborto legal a una mínima despenalización, se hubiese propuesto impulsar a nivel nacional una enorme campaña política por el derecho al aborto, que sirviese para discutir cómo la seguíamos para conquistar el derecho al aborto, en cada una de nuestras asambleas, tomando de base la encuesta realizada en nuestra propia Universidad el año 2017, donde un 70% de les estudiantes nos pronunciamos a favor de esta demanda.
Una Federación que abra sus puertas a los trabajadores y trabajadoras, con sus sindicatos, para que discutamos en común cómo enfrentaremos la reforma laboral. Que junto a ellos y ellas, discutamos y organicemos cómo acabaremos con las AFP.
Podemos ir mucho más allá de la política que nos relega a “la medida de lo posible”, atados, como lo hace el Frente Amplio, a negociaciones mínimas con la ex Concertación, buscando alianza con esos viejos partidos neoliberales. Las fuerzas están, depende de qué estrategia adoptaremos.
Aquel es el horizonte que nosotras y nosotros nos proponemos, y es aquel proyecto político el que queremos impulsar, para que con la fuerza movilizada de cientos de miles junto a la clase trabajadora, hagamos frente a las reformas de Piñera, y hagamos retroceder a la derecha y al imperialismo en Latinoamérica. |