¿Que nos podría sorprender a estas alturas de la Democracia Cristiana? Casi muy poco, y en este caso no es la excepción. Es que uno de los adalides del mantenimiento y sostenimiento del neoliberalismo en Chile, instaurado en la ultima dictadura, no se pierde a la hora de profundizar el modelo.
Si el Tratado Integral y “Progresista” de Asociación Transpacífico, o TPP-11, viene siendo cuestionado desde diversos sectores, por venir a asegurar la ganancia capitalista de las grandes corporaciones, por supuesto a costa de las economías más pequeñas y de sus trabajadores, la DC viene en el sentido contrario, y de la mano del gobierno.
Y no es raro, en el último gobierno de Bachelet (PS), la Democracia Cristiana tiene en el expresidente de la república, Eduardo Frei Ruz-Tagle, al embajador extraordinario y plenipotenciario de Chile en la zona Asia-Pacífico, cargo que a su vez mantuvo y mantiene Sebastián Piñera.
El expresidente que es recordado por viajar por el mundo haciendo tratados de “libre comercio”, hoy es el principal representante del Estado, ante las potencias asiáticas, como China, Japón, Corea del Sur e India, entre otros menores.
Poniéndose en línea a su vez con la carta enviada por excancilleres de la exConcertación y de la NM, al congreso para que se apruebe el TPP-11, como Soledad Alvear (DC), José Miguel Insulza (PS), Carlos Figueroa (DC), Heraldo Muñoz (PPD), Mariano Fernández (DC), Juan Gabriel Valdés (PS), Alejandro Foxley(DC) e Ignacio Walker(DC).
Hoy cuando se busca hacer oposición al gobierno, con partidos como la DC, como lo hace hoy el Frente Amplio, es como dice el dicho, “hacer pactos con el diablo”, un partido que lleva en su germen la defensa de la ganancia capitalista, y su además conocida tradición golpista, no es alguien en quien confiar.
Poner confianzas políticas en la DC, cuando es esta misma la que, por ejemplo, está llamando a legislar sobre las reformas que propone la derecha, como señalo el mismo Frei en esta entrevista, “nunca podemos ser obstruccionistas. Somos de oposición, pero si un proyecto no nos gusta, no lo vamos a votar, pero no decir que no se legisle", es ponerse en contra de todos esos sectores que no quieren las reformas del gobierno, ni en materia tributaria, ni de pensiones, ni laboral.
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