La presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa, responde que se trata de instalar “una voz de alerta frente a una agenda nacional legislativa que tiene que cambiar sus foco y prioridades.” En otras palabras, los dirigentes de la CUT, más que estar preocupados de que las y los trabajadores decidamos nuestras demandas y que discutamos cómo alcanzarlas, entienden que movilizarse puede ayudar a presionar un cambio de prioridades en la discusión que se da en el Congreso.
Su propio partido, el Partido Comunista, impulsa la "unidad de la oposición" en el Congreso. Hace una semana habían firmado un documento estableciendo "mínimos comunes" con la DC y el FA, en el que señalaban, entre otras cuestiones, que se coordinarían para actuar este 2019 en temas como la reforma previsional o la reforma tributaria. Una semana después la DC aprueba la idea de legislar la propuesta del gobierno sin coordinarse con sus "aliados". El PC y el FA "descubren" que la DC traiciona la unidad de la oposición. En realidad es el viejo y repetido cuento de buscar a como de lugar la unidad con el "centro" político, que no es más que una de las tantas representaciones de la política empresarial y neoliberal en Chile.
Las razones, en boca de los dirigentes de la central, para llamar a paro, parecen ser múltiples. A inicios de febrero, la central hablaba de una “avalancha de despidos y alzas de precios de servicios básicos” y denunciaba que “solo en cuatro empresas -las transnacionales Anglo American (filial Minera Los Bronces) y Unilever Chile, la estatal ENAP y El Mercurio – ya se han despedido en total cerca de 800 trabajadores.” Se han mencionado la “defensa del empleo y la función pública”. Pero en todo 2018, la CUT, que continúa siendo la central con más peso, nunca organizó una lucha seria contra los despidos.
Hablan de rechazo a la “embestida privatizadora de la salud pública”, de rechazo a la “grosera alza de isapres”, entre otras cosas. Bárbara Figueroa, por ejemplo planteó que “no puede ser que en Chile estemos discutiendo sobre cómo transformamos en más negocio la Salud y no respecto del énfasis principal que debe ser el fortalecer el Sistema de Salud Pública. No puede ser que en Chile, estemos discutiendo cómo regulamos a las Isapres o cómo le ponemos coto al alza de sus planes, cuando en realidad de lo que debiéramos estar discutiendo es cómo el Estado se fortalece para garantizar la Salud Pública”. ¿Pero Bárbara Figueroa pretende "cambiar la agenda" legislativa con hitos? Más bien parece un saludo a la bandera, porque además no se ha realizado ningún tipo de preparación masiva, asambleas abiertas, intentos por llegar a la población. Si fuese serio que la CUT quiere pelear por la salud pública, podría usar todos sus recursos para organizar una gran campaña por esa idea.
En ese marco, son varias las asociaciones sindicales que apoyan el paro: la ANEF, la FENATS, la Federación Nacional de Portuarios de Chile, la Federación Nacional de Funcionarios de la Subsecretaría de Salud Pública, la Confusam y la Confenats.
Un 11A sin discusión de base y sin preparación de la jornada
Pero las razones que se han esgrimido para organizar la jornada de hoy no han sido discutidas democráticamente en instancias de base. Porque no pasan de ser saludos a la bandera. Lo que realmente le interesa a Bárbara Figueroa y los dirigentes burocráticos de la CUT es lo que señaló Bárbara Figueroa: cambiar el foco y las prioridades de la agenda legislativa. Por eso es un paro que no genera ningún tipo de "tensión" en el debate público.
Tampoco ha habido una verdadera preparación de un paro activo en lugares de trabajo o asambleas sindicales que involucren a cientos de miles de trabajadores en la definición de las demandas y de las estrategias para alcanzarlas.
Los dirigentes pueden decir muchas cuestiones en el contexto de la jornada del 11A ¿No es sólo una declamación verbal, hacer algo de ruido, para ir a lo que consideran realmente importante que es hacer "recapacitar a la DC"?
No han enfrentado los despidos y las políticas laborales del gobierno
Porque hasta ahora la CUT y el resto de las centrales sindicales como la CTCh, la CAT o la UNT no se han enfrentado a los despidos ni a los planes del empresariado y el gobierno. En el sector público han ocurrido miles de desvinculaciones pero de parte de las direcciones no ha existido un plan de movilización para hacerles frente. No se puede hablar seriamente de ir contra los intereses de las Isapres y los empresarios de la salud limitándonos a ciertos "hitos" como este 11A o el pasado 8N.
Por ejemplo, en el verano, ocurrieron los 350 despidos en ENAP. Uno de los dirigentes sindicales, Iván Montes, se quejaba porque como sindicato no habían tenido "ningún poder o posibilidad de influir o inferir a quiénes se iba a despedir". De esa manera se daba por hecho que despidos habrían sí o sí.
Así, el gobierno ganó espacio para desarrollar su reforma laboral, que apunta a flexibilizar el trabajo de mujeres y jóvenes con ideas como el teletrabajo. Apuntan también a debilitar los sindicatos reponiendo facultades para los grupos negociadores.
La CTCh, la CAT y la UNT, incluso han buscado un diálogo directo con los empresarios organizados en la CPC para consensuar propuestas de reformas. Durante 2018 hubo cierres y despidos; al menos desde junio se trizó el discurso de los “tiempos mejores” de Piñera, pero la CUT recién hizo una jornada de movilización el 8 de noviembre.
El "trayecto" que han desarrollado las burocracias sindicales hasta ahora, con una agenda de hitos aislados frente a los ataques del gobierno y los empresarios, nos deja expuestas y expuestos a que Piñera tenga la iniciativa.
Los puntos convocados por los burócratas sindicales del PC serán más bien actos funcionales a la "unidad de la oposición" que expresión de las luchas de trabajadoras y trabajadores. Por eso en la mayoría de los lugares de trabajo no se sintió un "clima" de paralización. El supuesto "paro activo" está pasando sin pena ni gloria.
Un programa para derrotar las reformas de Piñera y los despidos
A contrapelo, los ejemplos de resistencia a los despidos o las huelgas combativas han enfrentado importantes dificultades, aunque también han ido demostrando que luchar sí sirve: los trabajadores de FCAB despedidos el 2018 y los portuarios enfrentados a Von Appen, profesoras despedidas como Daniela Avilés en Antofagasta y Verónica Zapata en San Miguel, ambas reincorporadas a sus puestos de trabajo, o el joven cartero y delegado Nicolás Mondaca, hoy resistiendo al despido antisindical en Correos Chile. Si la CUT y las centrales tuviesen una pizca de esa disposición a la lucha, empresarios y gobierno la pensarían dos veces antes de diseñar reformas de precariedad.
Por otro lado, las organizaciones o referentes sindicales vinculados al mundo frenteamplista, tampoco han sido una alternativa a esta pasividad. Tanto la Coordinadora NO+AFP que dirige Luis Mesina como el Colegio de Profesores, al mismo tiempo que han iniciado un curso de creciente acercamiento con la burocracia sindical del Partido Comunista. Si años atrás estos dirigentes tenían un discurso crítico a la CUT, su poca democracia interna y otros tópicos, hoy eso ha cambiado. Se han limitado a movilizar por hitos y presionar parlamentariamente.
Lo que todos ellos tienen en común, desde el PC al FA, es que no pelean por hacer de los sindicatos verdaderas herramientas de lucha. Es evidente que una estrategia de "marchar por hitos" no frenará al gobierno. Después del 8N de 2018 vinieron los despidos en ENAP y el ministro Monckeberg no ha dado pie atrás con su reforma laboral, aunque, temeroso de generar rabia, retiró la reducción de la indemnización por años de servicio que en algún momento barajó.
Muchas trabajadoras cabamos de salir a las calles en un 8M masivo: es evidente que el movimiento de mujeres es una fuerza importante en el país. Muchas trabajadoras marchamos, en Valparaíso incluso hubo un paro del sector público. Pero el Colegio de Profesores pese a sus anuncios no organizó un paro efectivo ese día, no fue un propulsor de las innumerables iniciativas que profesoras y profesores junto a estudiantes tuvimos en los colegios a lo largo del país para hacer de este 8M un día para manifestarnos. No luchan para que la fuerza del movimiento de mujeres revolucione los sindicatos y los transforme en instrumentos de combate.
Vamos por sindicatos de lucha. Con las mujeres al frente y la unidad de la clase trabajadora, derrotemos las reformas de Piñera
Es necesario prepararnos para derrotar los planes de Piñera y los empresarios en las calles. Enfrentemos los despidos. Vamos por sindicatos sin burócratas, para luchar y no para quedarnos de brazos cruzados. A derrotar la reforma laboral. Nuestra vida vale más que sus ganancias. Terminemos el trabajo precario, fin al subcontrato, jornada laboral de 6 horas, 5 días a la semana. Sueldo mínimo de $450.000. A igual trabajo igual salario.
Sindicatos, Coordinadora 8M, organizaciones sociales y políticas: impulsemos una gran campaña por el aborto legal. Enfrentemos a los sectores conservadores que hacen negocio con las Isapres y clínicas. Salud pública y gratuita financiada por el Estado y gestionada por trabajadoras, trabajadores y usuarios.
Tenemos que derrotar en las calles los planes de Piñera y los empresarios. De esa manera nos preparamos para ir por más. Porque la actual oposición parlamentaria con una DC abierta a legislar la reforma tributaria del gobierno es inservible para defender nuestros intereses. La política de "alianzas" del PC y el FA claramente no le ha parado la mano al gobierno.
En los lugares de trabajo y en los sindicatos necesitamos contruir una alternativa a esos proyectos, agruparnos y luchar por sacar a los burócratas sindicales. En el PTR luchamos por construir un proyecto político alternativo, un partido revolucionario de la clase trabajadora, con un programa anticapitalista y socialista que ponga en el centro la fuerza de trabajadores, mujeres y juventud. En ese camino nos agrupamos en los lugares de trabajo, enfrentamos los despidos y damos la pelea contra las burocracias sindicales. ¡Construyamos esta fuerza en nuestros lugares de trabajo! |