La crisis económica en curso cambia de ritmos con la agudización de sus contradicciones. En estos días la preocupación creciente por el descontrol inflacionario- que en marzo fue de 4,7 % y acumula un 54,7 % interanual- interrumpió la racha bajista del dólar que duro 10 jornadas consecutivas y luego del jueves negro, cuando el riesgo país superó los 1000 puntos por el pánico político en los “mercados”, cerró la semana a $ 47.
La inflación que deteriora con fuerza el poder de compra de los sectores más bajos y de todos los trabajadores –para 2019 llegaría al 40 % según estimaciones de la Universidad Di Tella- empujó al macrismo a lanzar un plan de “contención” hasta octubre. Pero fue un chiste de mal gusto, porque“congela” precios que acaban de aumentar y sólo abarca a 64 productos de un listado de 579 comprendidos en los “Precios Cuidados”.
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El nerviosismo por las sospechas sobre la incapacidad de pago de los vencimientos de deuda y el resultado electoral alejan cada vez más las posibilidades de reelección del macrismo. El camino a octubre es muy largo, y desde el círculo rojo empresarial ya presionan para pasar al Plan V candidateando a Vidal.
Una comparación con la crisis de 2001
Partiendo de aclarar que las crisis económicas no son idénticas, una comparación entre los datos económicos actuales y los de la crisis de 2001-2002, serviría para poner en niveles el grado del ataque en curso.
Sólo tomando algunos indicadores como el desempleo, en 2001 llegó al 18 %, mientras en junio de 2002este índice alcanzó una tasa récord en 21,5 % con 3 millones de personas sin empleo. Si a éstos números se suma los considerados sub-ocupados demandantes, el número asciende a un total de 5 millones de personas. A finales del 2018 el Indec confirmó que la tasa de desempleo alcanzó al 9,1 % con 1.750.000 desocupados, todo parece indicar que la tendencia es alcista, pero por detrás a los alarmentes niveles de 2002.
Si miramos los datos de pobreza en 2001 afectaba al 35,4 % de los argentinos, pero en octubre de 2002 los niveles contabilizados por el Indec confirmaron un pico de 57,8%, alcanzando a 20,8 millones de personas. En 2018 el mismo organismo confirmó que la pobreza subió a 32 % alzando a 14 millones de personas. A finales del kirchnerismo en diciembre de 2015 (no hay datos oficiales ya que no se medía la pobreza porque lo consideraban estigmatizante) la medición de la UCA alcanzaba el 30 %.
Otro indicador a tener en cuenta es la relación del stock de deuda con el PBI, que en el año 2001 era de 53,7 % y saltó en 2002 luego de la devaluación duhaldista al 147,7 %. Mientras en 2018 esta asciende casi al 100 % del PBI, un nivel alarmante, porque la deuda pública es equivalente a todo el valor generado por los trabajadores en un año.
En relación al PBI en 2002 la economía se hundió un 10,9 %; mientras en los años previos desde 1999 al 2001 la caída acumulada en términos reales fue del 8,6 % (FMI). En 2018 el PBI se contrajo un 2,6 % en 2018 y para 2019 las perspectivas indican una caída cercana al 1,9 %.
La crisis del 2001 fue la más reciente, pero el país atravesó otros saqueos previos con la dictadura militar del ‘76 o la hiperinflación del ‘89. Esto nos permite contemplar las distintas dinámicas de los saqueos que transcurrieron en Argentina, sin mecanicismo, pero concluyendo que en todos los casos se avanzó con ataques al movimiento obrero.
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Sin buscar relativizar el ataque en curso, se trata de mostrar que esto es apenas el primer capítulo de un ataque mayor o “trabajo sucio”. El fin de la convertibilidad luego de 4 años de agonía, se expresó en el estallido social y político de 2001 con una economía profundamente deprimida. Pero tal como reflejan los datos, fue en 2002 de la mano del peronismo cuando se agudizaron los ataques sobre los trabajadores. Tal como señalara el ex ministro de economía de Duahlde, Remes Lenicov, el éxito de la devaluación aplicada en 2002 y capitalizada por Techint, Clarín entre otros devaluadores fue gracias “al acuerdo político entre empresarios y sindicatos para que no se acelerara a suba de sueldos y precios…”
Grecia y Portugal: débil recuperación luego de un ajuste salvaje
De la mano del macrismo Argentina se encamina hacia una crisis de deuda, según el observatorio ODE-UMET las emisiones de deuda bajo la gestión de Cambiemos totalizan 187.706 millones de dólares. El año pasado para evitar un colapso por las corridas cambiarias desenfrenadas el macrismo pidió un “rescate” al FMI, acordando un préstamo Stand By, el mayor en la historia del fondo.
Por otro lado, el mayor ajuste fiscal basado en una teoría del “déficit cero” (no gastar más de lo que se recauda) continuara achicando el gasto público hasta alcanzar un superávit fiscal que le permita al país generar los fondos necesarios para pagar la deuda sin la necesidad de continuar pidiendo plata el FMI. Una primera contradicción (entre tantas) muestra que los resultados de la política de ajuste y "déficit cero" alejan más al gobierno de sus metas, al ocasionar una recesión económica que reduce la recaudación (la recaudación lleva nueve meses consecutivos de crecer por debajo de la inflación, es decir cae en términos reales).
Al mismo tiempo sube el déficit financiero por los intereses de la deuda que aumentaron en un 106 % en el primer trimestre de 2019 respecto a igual periodo del año pasado. También crece de manera escalonada la bomba de Leliq aumentando el déficit cuasifiscal generado Banco Central con altísimos rendimientos por las tasas cercanas al 70 %.
En total los vencimientos de deuda hasta 2026 sumaban U$S 323.075 millones al 4° trimestre de 2018 (el monto actual es mayor porque falta incorporar los desembolsos del FMI durante 2019), lo que equivale aproximadamente a un 60 % del PBI. Con esas “obligaciones” por delante y una economía hundida, todavía es incierto que el gobierno pueda cumplir con los vencimientos de deuda en moneda extranjera para 2019.
Una segunda contradicción importante son las tendencias de la economía internacional encaminadas hacia un enlentecimiento del crecimiento global y de aumento en la incertidumbre y riesgo financiero según sostuvo el propio FMI -muy distinto a los años de “boom” de precios de commodities que empujaron la etapa de recuperación post 2001-2002- augurando en mayor medida recuperaciones débiles y lentas (tal es el caso EE.UU. post 2008 o Brasil en la actualidad) y no ciclos de crecimiento a tasas chinas.
Bajo las condiciones del FMI no existen posibilidades de recuperación. El ajuste de Cambiemos es duro, pero es insuficiente con respecto a las necesidades de la burguesía para restablecer un nuevo ciclo de crecimiento.
Las crisis de deuda en países como Grecia o Portugal, son útiles para dar cuenta de la catástrofe que nos amenaza. La tragedia de Grecia que entre 2010 y 2018 recibió 3 “rescates” financieros por parte de la Troika (FMI, Comisión Europea y BCE) muestra en concreto los efectos de los planes de austeridad fiscal y reformas estructurales.
Los primeros dos “rescates” fueron entre 2010 y 2012 bajo el gobierno de partidos conservadores y del Partido Socialista (Pasok en griego). El tercero se “negoció” en 2015 pero esta vez con el partido neorreformista de Syriza gobernando. Por el carácter ajustador de las condiciones del acuerdo se realizó un referéndum donde el 60 % de los griegos votaron por rechazar las condiciones de austeridad de la Troika. Syriza no rompió las negociaciones con los chantajistas de la Troika y aceptó aplicar un ajuste brutal a pesar de la victoria del NO a la austeridad.
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Las medidas de austeridad incluyeron: aumento del IVA al 23%. Reducción de la planta estatal (350 mil despidos). Plan de privatizaciones masivas que incluyeron: la venta de 14 aeropuertos; áreas de Marina, la totalidad del sistema de energía, telecomunicaciones y el correo. Con respecto a las reformas se avanzó con la laboral, previsional (reducción de pensiones por discapacidad, suba de la edad jubilatoria de 60 a 65 años); sanitaria (recorte del gasto en salud y despidos de enfermeros y médicos), educativa (eliminación de materias en los planes de estudios, despidos y recorte de fondos). Para hacer pasar estas medidas, Syriza aplicó restricciones al derecho de huelga. Luego de 8 años de programas de rescate la economía griega no ha podido recuperar el hundimiento del PBI de 25 %, el crecimiento mostrado en los últimos 2 años fue menor al 3 % del PBI; mientras la desocupación sigue siendo alta en un 18 %, afectando principalmente a los jóvenes.
En el caso de Portugal, el “trabajo sucio” se aplicó al comienzo de la crisis entre los años 2011 y 2014, primero de la mano del primer ministro José Sócrates del Partido Socialista, y luego de su dimisión ese mismo año (cuando el Parlamento le rechazó su cuarto plan de ajuste) se profundizó bajo la gestión del conservador Pedro Passos Coelho.
Esta gran ofensiva de los capitalistas sobre la clase trabajadora incluyó una reducción del gasto social, de los sueldos de empleados públicos de hasta 12,5 % y extensión de su jornada de 35 a 40 horas semanales. Privatizaciones en gran escala, aumento del IVA de 10 % a 23 %. Reforma previsional y una brutal reforma laboral que redujo las indemnizaciones por despido, facilitó los mecanismos para que las empresas echen trabajadores; disminuyó el valor pagado por horas extra, bajo la cantidad de días de vacaciones y feriados, y se implementó un esquema similar al banco de horas: una bolsa de 150 horas extra a disposición de la empresa, que decide en qué días se las utiliza y se congeló el salario mínimo.
El plan de austeridad y reformas -que incluyó un recorte del gasto público de 4.700 millones de euros (2011-2014)-profundizó la caída del PBI, en el peor momento de la crisis el desempleo llegó al 18 %. Portugal consolidó su crecimiento a partir de 2014, ya en 2015 cuando asume Alberto Costo del Partido Socialista, la mayor parte del ajuste estaba realizado.
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El economista Alfredo Zaiat señala en una nota publicada en Página 12: “Sin liberarse del FMI, no por lo que significa sino por la política económica que viene de su mano, no hay posibilidades de comenzar la reconstrucción desde las ruinas que dejará el nuevo fracaso de otro ciclo neoliberal.” Pero para el periodista “liberarse del Fondo” va asociado a “echarlos a billetazos” como en 2005 cuando Néstor canceló la deuda con el FMI por 10.000 millones de dólares. Pero Zaiat no dice de dónde sacará los dólares necesarios para afrontar los vencimientos de deuda cercanos a 200 mil millones de dólares hasta 2023.Con un riesgo país por las nubes es imposible pensar vías alternativas de financiamiento. Para dar cuenta de la magnitud del problema, por año vencen 40.000 millones de dólares de deuda y el valor total de las exportaciones del campo alcanzan a 28.000 millones. No hay capacidad de pago.Todo esto sin contar los dólares que se van en fuga de capitales y remesas al exterior de las empresas que agravan la sangría de dólares.
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La salida de la crisis de 2001 iniciada años antes con la decadencia del modelo de convertibilidad, se resolvió a favor de los sectores devaluacionistas en 2002 bajo la gestión de Eduardo Duhalde que consumó un ataque feroz sobre los trabajadores del país con una devaluación del 300 % y de 30 % de caída del salario real- que permitió a la burguesía apropiarse una tajada mayor de plusvalor. Sobre ese saqueo se recuperó la rentabilidad e impulsó el crecimiento. Lo mismo sucedió en Grecia y en Portugal, el débil crecimiento vino luego de profundos ajustes antipopulares. Al día de hoy todas las variantes peronistas -de Kicillof a Lavagna- proponen “negociar” el acuerdo con el FMI y continuar pagando. No hay posibilidades de recuperación sin ataque previo.
El “trabajo sucio” le tocará al gobierno que gane en octubre, cualquiera sea, porque bajo el chantaje del FMI no hay manera de evitar sus exigencias de mayor ajuste fiscal y aplicación de las contrarreformas laboral, previsional y fiscal que preparan. Sin romper con el FMI el destino para los trabajadores y los sectores populares será de un ataque mayor, sólo el Frente de Izquierda plantea una salida para que la crisis la paguen los capitalistas.
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