El gobierno de Piñera está empeñado en realizar una serie de reformas que apunta a satisfacer los intereses de las multinacionales y de los grandes grupos económicos locales. El jueves 2 de mayo presentará su reforma laboral, con un contenido claramente precarizador del trabajo juvenil y femenino, y claramente antisindical. A través de la Dirección del Trabajo, vulnera el derecho de las trabajadoras madres al amamantamiento y a la sala cuna.
La derecha no tiene vergüenza a la hora de actuar como un agente de la injerencia de Estados Unidos y de la política de Donald Trump en la región. Lo vimos durante la crisis de Venezuela: el alineamiento de Piñera con la posición norteamericana fue rápido y claro. Además, ahora, el gobierno quiere hipotecar a toda costa la soberanía nacional en beneficio de las grandes multinacionales, atentando contra los intereses de millones de trabajadoras, trabajadores y sectores populares, a través del impulso del TPP11. Su política es reforzar el saqueo de la riqueza del país por parte de las trasnacionales y los monopolios nacionales, política de “Estado” que impulsa tanto la derecha como la ex Concertación-Nueva Mayoría.
Piñera tiene también en agenda una reforma previsional, que refuerza el sistema de AFP, oponiéndose a la demanda masiva de terminar con este sistema creado en dictadura que los últimos años se expresó en las calles. Le da curso a una reforma tributaria a la medida de los más ricos. ¿No es claro que los tiempos mejores llegaron sólo para los empresarios?
De la mano con esta política, transforma a la juventud en una especie de “enemigo interno”, con medidas como “aula segura” y ahora el control preventivo de identidad e incluso el programa “elige vivir sin drogas”, que es más bien una campaña comunicacional de estigmatización. ¿O es que el gobierno le teme a la juventud que se movilizó en repudio al asesinato de Camilo Catrillanca y que es la protagonista del movimiento de mujeres?
Si bien es cierto que todavía no ha logrado realizar su agenda completa pese al apuro de los empresarios, aun así las trabajadoras y los trabajadores no hemos estado exentos de ataques: cierres de empresas y despidos masivos, sobrecarga laboral.
La burocracia sindical de la ex Nueva Mayoría a la cabeza de la CUT con Bárbara Figueroa del PC y Nolberto Díaz de la DC; no ha combatido los cierres y despidos y se ha limitado a movilizar por hitos el 8N de 2018 y el 11A de 2019. El Frente Amplio, por otra parte, que encabeza el Colegio de Profesores a través del militante del PH Mario Aguilar y que cuenta con referentes como Luis Mesina de NO+AFP; hasta ahora no ha sido una alternativa. Es más, viene alineándose con la burocracia sindical tradicional, uniéndose por arriba, reflejando de esa manera la estrategia de “unidad de la oposición” con partidos neoliberales como la DC. No respondió tampoco a los despidos de profesores a fines del año pasado. Ahora, impulsan una “bancada transversal” por la jornada de 40 horas en común con parlamentarios DC, PPD, PS e incluso RN.
Pero podemos derrotar las reformas del gobierno en las calles. El ejemplo de los chalecos amarillos en Francia nos muestra el camino: no sirve desanimarse o ignorar a la derecha, hay que defenderse y enfrentarla. El gran problema es que las grandes centrales sindicales no han impulsado una lucha seria contra los despidos, cierres de empresas y las medidas del gobierno. Se han limitado a declaraciones mediáticas o acciones testimoniales, pero cuando hay despidos terminan negociándolos con la empresa o justificándolos.
Para derrotar las reformas y ataques de Piñera en las calles, es necesario impulsar un gran paro nacional y un plan de lucha. Los llamados “paros” de la CUT han sido más bien actos políticos de la oposición que incluyen a partidos abiertamente neoliberales. Necesitamos un paro nacional que una a los sindicatos con el poderoso movimiento de mujeres, el movimiento estudiantil, el movimiento contra el TPP-11.
Es imposible que la clase trabajadora se ponga en el centro de la escena si no partimos por enfrentar los despidos y ataques a través de un plan plan nacional contra los despidos, buscando de esa forma mostrar en los hechos una oposición a la derecha y los empresarios, que sintonice con la frustración que millones de personas sienten con el gobierno de Piñera. Los trabajadores portuarios lograron la solidaridad de estudiantes, pobladores y locatarios de Valparaíso gracias a sus métodos y disposición de lucha. Los trabajadores del FCAB de Antofagasta obligaron al multimillonario Luksic a pronunciarse sobre su situación de despidos, forjaron alianzas con estudiantes, el movimiento de mujeres y activistas medioambientales, transformándose en una referencia en la ciudad.
Ahora, no sólo es necesario rodear de solidaridad activa cada experiencia de resistencia, cada lucha contra los despidos. Las Central Clasista de Trabajadores y Trabajadores, la CUT, el Colegio de Profesores, la Unión Portuaria y la Coordinadora NO+AFP tienen que preparar un gran paro nacional contra las reformas del gobierno y los ataques de los empresarios. Un paro que se prepare desde asambleas en los lugares de trabajo y estudio.
El paro puede servir para empezar a pelear por la prohibición por ley de los despidos. Para rechazar la precarización laboral de jóvenes y mujeres y pelear para que a igual trabajo corresponda igual salario. Para instalar la demanda del fin del subcontrato. Para luchar por el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados sin rebaja de sueldo, y una jornada laboral de 6 horas y 5 días a la semana.
Tenemos que movilizarnos en contra de “aula segura”, del “control preventivo de identidad” y todas las medidas que apuntan a criminalizar a la juventud. Por el aborto legal.
Hay que luchar por expulsar al imperialismo de Venezuela y Latinoamérica. Decimos también ¡no al TPP 11 y los tratados de libre comercio que aseguran el saqueo de las multinacionales! ¡Nacionalización de los recursos estratégicos bajo control de los trabajadores!
Por un partido revolucionario de la clase trabajadora
Miles votaron al Frente Amplio como expresión de desconfianza con los partidos tradicionales y con la expectativa de que votando por ellos se fortalecería la lucha por las demandas que hemos instalando en las calles durante años. Sin embargo, el Frente Amplio insiste en buscar la unidad en el parlamento con partidos neoliberales y hemos visto cómo este nuevo conglomerado ha terminado integrándose al régimen, y subordinando a los movimientos sociales a sus alianzas parlamentarias con partidos de la ex Concertación.
Este es un camino que ya se ha demostrado totalmente impotente. Luchar por conquistar nuestras demandas implica romper con un régimen político que sostiene la herencia de la dictadura y afectar las ganancias de los grandes empresarios y los intereses del imperialismo.
Necesitamos un partido propio de los trabajadores para acabar con un régimen político y social controlado por un par de familias, por sus monopolios y las multinacionales, que condena a la mayoría a vivir con bajos sueldos, endeudamiento y precarización. Nosotros queremos que las riquezas y recursos estén en manos de las y los trabajadores en beneficio de todo el pueblo trabajador. Pero es un engaño pensar que podremos avanzar hacia allá sin romper con los empresarios, sus partidos y el imperialismo. Nuestra pelea debe ser por un gobierno de trabajadoras y trabajadores.
Desde el PTR impulsamos corrientes militantes en el movimiento obrero, en el movimiento estudiantil y en el movimiento de mujeres, con el objetivo de sentar las bases de un gran partido revolucionario de la clase trabajadora que luche por esa perspectiva. Participamos de elecciones para difundir un programa socialista revolucionario y consideramos que los cargos parlamentarios deben estar puestos en función de desarrollar la movilización de la clase trabajadora, los estudiantes y las mujeres para acabar con este régimen político y social. Invitamos a todos quienes ven la necesidad que la clase trabajadora tenga su propio partido a discutir en común esta perspectiva. |