Altamira sin frenos: sobre las elecciones en general y las de Córdoba en particular
El dirigente histórico del PO diagnostica el “desplome” del FIT haciendo un balance de las elecciones de Córdoba.
Es cierto que el FIT tuvo una pérdida importante de votos con respecto a las elecciones provinciales del 2015, pero lo que insólitamente se olvida de decir es que ese retroceso se produjo, en esta provincia, en 2017 (donde el FIT obtuvo el 3,3 % en las elecciones de octubre para diputados, retrocediendo del 7,5 % obtenido en el 2013 y del 6,2 % obtenidos para legisladores en el 2015) y no ahora. Asimismo, señala el avance del “solitario” MST, cuestión que ya también se había producido en el 2017, lo que ahora le permitió obtener una banca. No lo aclara, pero esperamos que no esté sugiriendo que el MST hizo una campaña más de “izquierda” y que por eso habría obtenido una banca.
Altamira (en una discusión con su propio partido) plantea que la “contención” (nacional) del kirchnerismo para el crecimiento de la izquierda no existió en Córdoba, y que ahora esos votos no fueron para la izquierda sino para el PJ de Schiaretti. Entonces ironiza diciendo que la contención no sería ya del kirchnerismo sino del PJ.
Extrañamente en un dirigente que se proclama marxista desde hace décadas, lo único ausente en el análisis de los resultados electorales (que todo marxista sabe que dependen fundamentalmente de la lucha de clases) es la situación de la clase trabajadora que sólo se menciona para decir que los “obreros de las grandes fábricas no han aportado sus votos como en el pasado, ni tampoco los trabajadores desocupados”. No sabemos a qué fábricas se refiere, pero es extraño que, si está tan informado, no mencione el importante apoyo que tuvo el FIT en sindicatos de gran tradición de lucha como Luz y Fuerza, donde sus trabajadores vienen resistiendo el ataque de Schiaretti desde hace un año.
Aunque Altamira reconoce que Schiaretti es un candidato semi macrista, no se priva de decir que “la provincia que le dio el triunfo a Macri en el 2015 ahora dio un giro de 180 grados” (sic). De ser cierto, negaría que Schiaretti es semi macrista como sostiene el conjunto de su texto. Uno esperaría en un dirigente que se reclama marxista un análisis de la parálisis, combinada con derrotas en luchas parciales, a la que han conducido a los trabajadores la burocracia sindical, “columna vertebral” tanto del pejotismo como del kirchnerismo. Esto a nivel nacional y en Córdoba en particular, donde por ejemplo se dio una enorme lucha de los choferes de la UTA que duró semanas y que fue ahogada por la burocracia nacional y provincial unida al hoy triunfante Schiaretti. Lucha que llevó a más de un centenar de valientes trabajadores y trabajadoras despedidos y librados a su propia suerte.
Da un poco de vergüenza recordarle a Altamira que la parálisis impuesta por los grandes sindicatos y sus mandantes peronistas de todos los niveles es el hecho fundamental de la política nacional y cordobesa en particular. Como ya sabemos, el esquema de Altamira es: si hay una crisis económica profunda y el gobierno macrista está en crisis, entonces el escenario está abierto tanto para el peronismo en sus distintas variantes como para la izquierda. Ahora bien, la paralización causada en las primeras etapas de la crisis y las derrotas parciales son las que permiten por el momento que la situación esté más abierta para las distintas alternativas peronistas u otras tan de derecha o aún más como el MPN de Neuquén que para la izquierda clasista. Sin embargo, para Altamira se trataría simplemente de levantar consignas como Constituyente y decir “Fuera Macri” para que mágicamente las masas superen la dirección de los sindicatos y el peronismo que desde hace 70 años vienen actuando como partido del orden y/o de la contención según el momento, especialmente en situaciones de crisis aguda.
¿Significa esto que hay una determinación mecánica por la lucha de clases y que entonces el FIT está destinado al “desplome” como sostiene (¿desea?) Altamira, al menos en estos primeros momentos de la crisis? Los resultados electorales dependen también de otros factores, como la tradición política de cada provincia, la fortaleza o no de las mediaciones de los partidos patronales, el tipo de elección de la que se trate (ejecutiva o legislativa), y -no es un detalle- quiénes son los referentes que encabezan las listas.
Para no dar más que un ejemplo, en el 2017 cuando se producía un descenso en los votos en Córdoba arriba señalados, en la provincia de Buenos Aires Nicolás Del Caño como diputado y Néstor Pitrola como senador, hicieron una elección sin precedentes para la izquierda argentina, con 500.000 votos y conquistando dos diputados en esa provincia que concentra los bastiones principales de la clase obrera argentina.
En este sentido Altamira se cuida bien de no analizar las elecciones de Neuquén, donde el FIT reprodujo los resultados del 2015 y mantuvo las dos bancas sin haber ahí “desplome” alguno. Lo mismo podemos adelantar, probablemente, para las próximas elecciones de Jujuy donde el peronismo está balcanizado y no despierta las mismas ilusiones de “recambio ordenado” del macrismo o de “mal menor” que en Córdoba. Es decir que Altamira saca la conclusión predeterminada (desde que perdió la interna con Nicolás del Caño) que sin él y sus consignas que darían resultados mágicos, el FIT está condenado al “desplome”, sean cuales fueren la situación de la lucha de clases o la fortaleza o debilidad relativa de las mediaciones patronales, eligiendo Córdoba y no Neuquén como ejemplo porque es lo que más le conviene a su tesis.
Donde sí hay un verdadero desplome (de Altamira) es en el análisis de la campaña donde adjudica el resultado a la falta previa de planteo de Constituyente y a un supuesto centrarse en cuestiones de género y lenguaje inclusivo. Acompañamos links a los videos de la campaña de Córdoba a intendente de la ciudad (y a gobernador y legislatura) donde el FIT, encabezado por Laura Vilches como candidata a intendenta y primera concejal, entró por primera vez al Concejo Deliberante de la segunda ciudad más importante del país (cuestión que Altamira ni siquiera menciona porque va en contra de su tesis predeterminada). Lamentablemente para él, este hecho ha sido destacado por todos los analistas burgueses cuyos comentarios adjuntamos abajo y donde lo ven como una relativa compensación al retroceso en las bancas legislativas, es decir un balance más matizado que el del propio Altamira, que habla “desde el FIT”.
El FIT es un frente electoral de la izquierda clasista (lamentablemente no un partido único como proponemos desde el PTS). Dentro de esos límites de lo que se trata es de hacer una agitación concentrada contra las ilusiones de recambio ordenado que crea el peronismo y la burocracia sindical y preparar a las masas para enfrentar a cualquiera de las variantes patronales que ganen, que continuaran el brutal ajuste dictado por el FMI. En ese sentido, los 10 puntos que levantó el FIT frente a los intentos de acuerdo nacional promovidos por el gobierno son una respuesta contundente de cuál es el programa y la política, completamente distinto de lo que dice Altamira. Volviendo a lo electoral, esperamos que Altamira sepa que estamos proponiendo listas comunes para estas elecciones, con un programa de independencia de clase y en la perspectiva de un gobierno de los trabajadores, a Zamora y otras fuerzas que se reclaman de la izquierda clasista. El mismo domingo en que se realizaron las elecciones de Córdoba fue título central del diario Clarín la lamentable negativa de Zamora a participar de un frente de este tipo en la CABA. Este llamado es lo que corresponde para contribuir a dar mayor solidez a la izquierda y a combatir las ilusiones en el “mal menor” que plantea el kirchnerismo y el peronismo en sus distintas variantes.
De todo esto Altamira no dice ni una palabra. Su crítica lamentablemente no plantea una alternativa que contribuya a fortalecer al FIT. Para la próxima se aceptan ideas.
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