El paro de ayer tuvo como eje de convocatoria el reclamo por Ganancias. Pero el alto acatamiento se explica por el deterioro extendido en las condiciones de los trabajadores, resultado de un ajuste que el Gobierno niega en sus discursos pero aplica en los hechos.
El cuarto paro nacional durante el gobierno de Cristina Fernández fue, sin duda, el más masivo hasta el momento. Como era de esperarse, el Gobierno intentó minimizar su alcance. La presidenta sostuvo que “si no hubiera habido huelga de transporte no hubiera habido paro”. Desde La Matanza, adonde se dirigió para realizar una cadena naciona, sostuvo que “acá no se paró”, aunque como reflejó La Izquierda Diario el paro también se hizo sentir ahí.
El alto acatamiento de la medida de fuerza se explica porque existe un deterioro extendido de las condiciones de los trabajadores en los últimos años, situación que se explica por el ajuste que el Gobierno viene aplicando desde 2012, aunque afirme lo contrario, y que se profundizó en 2014 con la devaluación de principios de ese año, y los techos a los salarios por debajo de la inflación en las negociaciones paritarias. Como decíamos ayer, sobran los motivos para parar.
Por eso, podemos decir que el reclamo de Ganancias es solo la punta del iceberg. La burocracia sindical opositora, en primer lugar de los gremios de transportes, a la que luego se sumaron las centrales opositoras e incluso sindicatos que aún están en la vereda oficialista, puso Ganancias como eje de la convocatoria, y dejó de lado reclamos sentidos por el conjunto de la clase trabajadora. Sin embargo en la respuesta a la convocatoria, y el hecho de que esta excediera con mucho a los afectados por Ganancias, se puso de manifiesto este malestar extendido que hace tiempo buscaba expresión. Veamos entonces, las razones de la contundencia de este paro.
1- En primer lugar, Ganancias. Aunque sea un reclamo de un sector minoritario, alrededor del 10 % de la clase trabajadora, se trata de un reclamo justo. Al contrario de lo que pretende el Gobierno, hoy este impuesto carece de progresividad. Quienes lo pagan en una inmensa mayoría ganan apenas unos miles de pesos por encima del ingreso necesario para cubrir la canasta familiar, según estimaron los técnicos desplazados del Indec->http://www.laizquierdadiario.com/Los-cuatro-grandes-mitos-sobre-el-impuesto-al-salario]. Por otro lado, como no se actualizaron los montos a partir de los cuales los alcanzados por el impuesto deben pagar una mayor alícuota, hoy más de la mitad de los alcanzados por el impuesto para las tasas más altas, de 31 % o 35 %. Mientras tanto, los más ricos de la Argentina pagan por sus ganancias una tasa equivalente al 17,5 % gracias a las generosas deducciones, créditos fiscales, exenciones, etc. A la vez, castas privilegiadas como los jueces, que ganan mucho más que los trabajadores alcanzados por el impuesto, no pagan un solo peso. La presidenta ayer volvió a reclamar “solidaridad” a los trabajadores, con el argumento de que la plata del impuesto se destinaría a obras públicas como el tendido de agua potable. Pero al mismo tiempo el Gobierno ha mantenido la “solidaridad” con los empresarios, beneficiarios de múltiples tranferencias fiscales.
Para que nos demos una idea, los llamados gastos tributarios, que son los ingresos que el fisco deja de percibir al otorgar un tratamiento impositivo, alcanzarán en 2015 los 143 mil millones de pesos. Más de la mitad de estos valores subsidian la ganancia de sectores empresarios con el argumento de estimular distintas actividades. Mientras tanto, según el jefe de Gabinete Aníbal Fernández, la recaudación de Ganancias de cuarta categoría, que incluye el impuesto al salario, representa 40 mil millones de pesos. Es decir menos de un tercio de los gastos tributarios. Curiosos criterios de progresividad los que defiende el kirchnerismo.
2- Los salarios, en caída y en promedio peor que en 2001. Suena raro, pero es así. Lo podemos ver en el gráfico que acompaña esta nota. Este es el resultado del efecto devastador que viene teniendo la suba de precios sobre el poder adquisitivo de los salarios. En 2014, los salarios tuvieron una caída general de 3 %, pero en el caso de los trabajadores registrados su disminución fue aún mayor de 4,5 %. Como esto viene ocurriendo hace años, el promedio del salario está peor que en 2001. Algunos sectores están mejor, pero cada vez son más los que pierden la carrera contra la inflación. Si unos años atrás el salario real, tomando el promedio de todos los salarios, había llegado a estar por encima del de comienzos de 2002, es decir el de antes que la megadevaluación que siguió al colapso de la convertibilidad terminara de hacer estragos (para beneficios de los empresarios que hicieron grandes ganancias extraordinarias con los salarios baratos), hoy ya no puede decirse lo mismo. Salvo que le creamos al Indec, hoy el poder adquisitivo que arroja el promedio de los salarios está un 3,3 % por debajo del de diciembre de 2001. Aclaremos que estamos haciendo la comparación con un punto ya bajo, porque ese era el cuarto año de una de las depresiones más prolongadas y severas de la historia argentina, que produjo una híper desocupación y ya había mellado los salarios antes de que el ajuste cambiario hiciera lo suyo. La “década ganada”, mantuvo un techo bajo para la recomposición de los salarios. Los que peor la pasan son los trabajadores estatales. Ayer la presidenta volvió a recordar el ajuste de 13 % aplicado por el gobierno de De La Rúa. Sin embargo desde entonces, gracias a los niveles bajos de actualización de los salarios de los estatales, la inflación viene produciendo una caída aún peor de los salarios de los empleados públicos.
3- El empleo, en deterioro. En el cuarto trimestre de 2014 la tasa de desocupación llegó a 6,9 % cuando un año antes se ubicaba en 6,4 %. Se trata de 837 mil trabajadores sin ocupación en los aglomerados urbanos. En realidad las cifras podrían ser mayores, dado que están sospechadas de sufrir el “dibujo” de la intervención del INDEC. Con la recesión económica, el año pasado se extendieron las suspensiones y despidos. Donde más se habría sentido el impacto es en los trabajadores no registrados. Pero vimos cómo varias patronales encararon el año pasado una serie de ataques, en los cuales contaron con el apoyo del Gobierno. Lear, Donnelley (hoy Madygraf bajo gestión obrera), Calsa, Shell, Honda, y en este momento WorldColor, son algunos de los más salientes ejemplos.
4- La precariedad laboral, en el corazón del “modelo”. La amplitud de alcanzados por planes sociales, que para el gobierno es un dato positivo, muestra en realidad la otra cara de la supuesta década “ganada”. Y es que la mitad de los que tienen ingresos gana menos de $5.500, y por lo tanto es incapaz de cubrir siquiera mínimamente el acceso a una canasta familiar. Esta situación de ingresos es una clara consecuencia de la precariedad laboral. En el cuarto trimestre de 2014, el empleo no registrado (en “negro”) se incrementó llegando al 34,3% de los asalariados. Un año antes se ubicaba en 33,5%. Como vemos, va en aumento. Y su piso durante esta década fue alto, aunque menor que el 50 % al que había llegado en 2003. Los trabajadores no registraron ganaron en promedio poco más de la mitad de lo que ganaron los trabajadores registrados. Estos trabajadores, como ya señalamos, han sido los primeros en ser golpeados por el deterioro de la economía. Pero también hay una situación de extendida precariedad por las condiciones de contratación que se impusieron durante los noventa, y se mantuvieron durante el kirchnerismo, con el argumento de la “flexibilidad”: los contratos “basura” a plazo determinado, tercerización, posibilidad de las empresas de suspender o recortar horas a discreción, etc. Aunque hace poco CFK festejó que desde 2003 se sancionaron 48 leyes laborales, lo que resulta notorio es que estas dejaron en pie lo sustantivo de las reformas flexibilizadoras y lo convalidaron El propio Estado es un reguero de fraude laboral con miles de contratos a término, de empleos tercerizados y de falsas asistencias técnicas. La fragmentación de colectivo de trabajadores para debilitar las luchas es otra de las conquistas del “modelo”.
Por todos estos motivos, el paro nacional, que la burocracia sindical buscó reducir al reclamo del impuesto al salario, dio lugar a la expresión de un amplio malestar mucho más extendido. Los sectores combativos del movimiento obrero y la izquierda fueron durante la jornada de ayer quienes tomaron con sus reivindicaciones estas cuestiones que la burocracia deja a un lado. Mientras la burocracia se prepara para actuar en las elecciones de la mano de los grandes candidatos patronales, solo del desarrollo de la perspectiva planteada por la izquierda y los sectores combativos del movimiento obrero, puede plantearse una salida para que la crisis la paguen los capitalistas.