La posición déspota que ha mantenido el gobierno de Sebastián Piñera, con la ministra Cubillos como cara visible, hacia una movilización tan respaldada como el paro docente que cuenta con un 68% de apoyo y con un 56% de personas que creen que se justifica el que continúe la huelga -que ya cumple seis semanas- le ha costado caro a la derecha.
Mientras el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri solo sabe resolver los problemas de la educación pública con gases lacrimógenos y cámaras en los liceos, el gobierno demuestra que es absolutamente incapaz de resolver los problemas que afectan a la Educación Pública en un país que ha visto en torno a este conflicto las movilizaciones más emblemáticas desde el fin de la dictadura.
La intransigencia del gobierno también se expresa en la caída de la aprobación al gabinete de ministros y ministras que pasa de un 32% a un 26% de aprobación.
Esto muestra claramente la situación de profunda debilidad del gobierno marcada por una frustración económica ante una economía que crece débilmente pero que no conlleva en un aumento del nivel de vida del pueblo trabajador, con un gobierno que se cierra a resolver problemas tan sentidos por la población como son las condiciones profundamente precarias en las que se hacen clases en el sistema público chileno.
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