En las últimas tres décadas, las mujeres se han integrado a la fuerza laboral explosivamente, pasando del 29% en 1990 a bordear el 50% actualmente. El rubro de los servicios, educación, cuidados o aseo son algunos de los más feminizados, y llama la atención lo que algunos medios como Ciper, han denominado las “mujeres invisibles”: Aquellas que están inmersas en el trabajo industrial de aseo en Universidades. Pero que cansadas de ser invisibles y pisoteadas deciden organizarse, levantar sindicatos, y militar en organizaciones políticas y feministas para conquistar todos los derechos que les han arrebatado.
Las experiencias de unidad obrera-estudiantil en recintos educativos, las protestas estudiantiles y el posterior movimiento de mujeres que ha tomado las calles, colegios y facultades en los últimos años, han dinamizado el despertar de aquellas mujeres hastiadas de ser invisibles. Ellas, quienes tienen condiciones laborales precarias, realizan trabajo doméstico no remunerado, y asumen la tarea de sustentar sus hogares, pero además buscan las vías para organizarse en contra del régimen que las oprime.
La experiencia de unidad de estudiantes y trabajadores en la Usach
María Diaz es dirigenta del Sindicato de Aseo y jardines de la Usach, trabaja hace 19 años en el mismo lugar, y se organiza desde el 2015 junto a la agrupación Pan y Rosas. Ella y sus compañeras han puesto sobre la mesa que en la Usach el subcontrato tiene rostro de mujer. Las movilizaciones estudiantiles han acompañado este proceso, y gracias a esa unidad se han conseguido algunas demandas, como aumentos salariales.
Trabajadoras del aseo de la Usach, organizandose en la Universidad.
Con esos antecedentes, es que durante las movilización nacional por educación no sexista volvió a resurgir la necesidad de la democratización de la Universidad y la unidad de funcionarios a contrata, honorarios y subcontratados, con profesores y estudiantes para hacer frente al autoritarismo universitario, que mientras sostiene la violencia machista, endeuda estudiantes, explota a funcionarios, y permite que entren Fuerzas Especiales a la Universidad para acallar el descontento.
La crisis del ex Pedagógico y el terror de las autoridades a la unión entre trabajadores y estudiantes
María Díaz fue a marchar este jueves 25 de Julio, y en plaza Italia se reunió con sus compañeras de Pan y Rosas, entre ellas Joseffe Cáceres, quien también es trabajadora del aseo y dirigenta de la Asociación de funcionarios del ex pedagógico ANFUMCE. Esta Universidad causó revuelo a fines del año pasado cuando se conoció un informe de la Contraloría general que reveló una crisis financiera y administrativa, dando cuenta de una deuda de más de $7 mil millones, e irregularidades financieras.
En mayo de este año se publicó el segundo informe de Contraloría que subió la deuda a $10 mil millones. Pero la crisis por la que atraviesa la estatal formadora de profesores se expresó desde mucho antes que esos informes, en inundaciones por mala mantención, las demandas por acoso laboral, en la carencia de salas de clases y falta de profesores.
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Actualmente, el rector Espinoza y las autoridades temen por las expresiones de organización y unidad obrero estudiantil en respuesta a la crisis de la casa de estudios que afecta tanto a estudiantes, profesores y funcionarios. Temen por sus privilegios y sus sueldos de $5 millones mensuales, y hacen lo imposible para evitar una organización común entre la comunidad universitaria.
Cobarde agresión contra María Díaz en la marcha por el aborto legal y contra el racismo
Ambas trabajadoras de aseo, de la Usach y el ex Pedagógico marchaban junto a sus compañeras estudiantes y trabajadoras de Pan y Rosas sosteniendo un lienzo con la consigna “que la iglesia ni el Estado decidan por nosotras. Aborto legal, libre, seguro y gratuito”.
Llegando a la intersección de Santa Rosa con Alameda, dos mujeres provenientes de un grupo que sostenía un lienzo firmado por la Asamblea de mujeres y disidencias sexuales del ex pedagógico, intentaron rayar el lienzo que sostenían las trabajadoras del aseo y dirigentas sindicales. Al no lograrlo, una estudiante encara a María Díaz, y la golpea con la lata en el oído, provocando que cayera al suelo y perdiera el conocimiento. Siendo asistida por una ambulancia en el lugar.
El grupo de mujeres justifica su actuar, gritando “que se vaya Pan y Rosas” por no compartir la funa como estrategia para responder a los casos de violencia sexual.
“Tengo Rabia al ver que existe un feminismo que se equivoca de enemigos (…)” afirmaba Josseffe Cáceres, en redes sociales, quien rechazó enérgicamente lo sucedido. “¡Lo sucedido ayer, es tremendamente aberrante! Es buscar que se le ponga freno incluso, a que las trabajadoras podamos organizarnos, y hoy eso solo sirve a quienes nos oprimen y nos explotan. A quienes todos los días viven a costa de nuestra fuerza de trabajo, es burlarse y pasar por sobre la posibilidad de que las mujeres más precarizadas puedan decidir convertirse en mujeres transformadoras de esta sociedad en la que vivimos y que seamos capaces de construir nosotras mismas, junto a millones, otra manera de vivir.”
María Isabel Martínez, dirigenta del comunal Lo espejo del colegio de profesores, es protagonista de un sector que se escuchó con cánticos de la lucha docente en la marcha, cabe destacar que alrededor del 70% de profesores son mujeres, y una de sus demandas más sentidas es el reconocimiento a las educadoras de párvulos y educadoras diferenciales, para poner fin a las brechas salariales por razón de género. La profesora de historia que también estaba en el lugar, salió a repudiar el hecho: “Una mujer que después de una extenuante jornada laboral, se hace el ánimo y saca las fuerzas para estar allí marchando y que más encima le salgan con este cobarde ataque, es francamente repudiable. Ese no es el feminismo que necesitamos”, expresó a través de su cuenta de Facebook.
Es precisamente un ataque hacia la lucha de las mujeres cuando se ataca a las trabajadoras más precarizadas, a aquellas mujeres que la lógica del capitalismo y el patriarcado más brutalmente oprime y aparta de la posibilidad de construirse como sujetas políticas. Es ese sector del feminismo, que se vuelve mezquino con una ilusa concepción de “liberar espacios”, y que agreden a quienes no hacen de la funa su estrategia para acabar con el patriarcado. Un sector que se dice feminista mientras ignora el rostro más crudo de la violencia machista en los mismos pasillos de su universidad.
Josseffe Cáceres, trabajadora de aseo y dirigenta de funcionarios del ex-pedagógico
Debates al interior del movimiento feminista: El feminismo que necesitamos
Mientras Bárbara Brito, ex vicepresidenta Fech y dirigenta del Partido de Trabajadores Revolucionarios reaccionó diciendo, “Rabia e impotencia ante esta agresión a una mujer trabajadora. Feministas que dan vergüenza y feministas que luchan por nuestra emancipación, juzgue usted”. Y es que estos hechos dan cuenta del feminismo que se necesita para terminar con este sistema capitalista y patriarcal.
La violencia machista se expresa de diversas formas. Al igual que las miserias que trae consigo el modelo capitalista. Se expresa en las formas más concretas posibles, tanto como subjetivas y abstractas. Se expresa en condiciones laborales, trabajo no remunerado, o en roles aducidos al género, en las concepciones de lo femenino y masculino, en la violencia sexual y acoso o como políticas estructurales, en el currículo de las escuelas, la brecha salarial, o la discriminación de género en las AFP e Isapres. Se expresa también en los abortos clandestinos. Se muestra como invisibilización y agresiones directas. Pero, para cambiar esto, ¿qué se necesita?
Ya sabemos, las mujeres no nos callamos más. Lo hemos gritado por todo el mundo, muchas de nosotras, emocionadas por la enorme fuerza demostrada en las movilizaciones por Ni Una Menos, la lucha por el derecho al aborto legal o el mayo feminista, abrazamos la lucha contra la opresión de género que contra viento y marea decidimos no abandonar.
Pero esa marea que irrumpió también en la sociedad chilena inundando todos los espacios diversificó nuestra mirada, aparecieron los feminismos en plural y una multiciplicidad de corrientes políticas al interior del movimiento que al día de hoy se disputan en cada convocatoria, marcha, foros y redes sociales, lejos de los métodos matonezcos que demostraron un grupo reducido de estudiantes universitarias separatistas contra una trabajadora del aseo.
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Como dijo Tamara Norambuena, integrante de la Asamblea de Mujeres de Pudahuel: “El hecho de que algunas mujeres feministas abrazaran pacas (...) o que también golpearan a una trabajadora sólo por el hecho de pertenecer a Pan y Rosas; tiene un amplio correlato y una validación de un método nefasto para todas las organizaciones… Una imagen, es un gesto político con un discurso que durante todos estos años post-dictadura se ha ido instalando (...) la tan llamada "reconciliación", que no ha hecho más que entregar a la clase trabajadora a la superxplotación, a las leyes y al robo de la gran burguesía. Estas prácticas no son nuevas, son el disfraz de un discurso político destinado a disputar las migajas del poder que quedan y el completo sometimiento de una clase sobre otra.”
Otro debate es aquel que abarca las estrategias políticas para enfrentar la violencia machista. Andrea D’Atri, feminista socialista y dirigenta de Pan y Rosas Argentina, en debate con otras corrientes feministas afirmó que “la violencia contra las mujeres, incluyendo la violencia sexual, se devela no como una alteración del orden social, sino como un engranaje que lo constituye. Y eso no es abstracto: la responsabilidad recae en instituciones, leyes y un régimen social concretos. (...) De ahí que la violencia patriarcal no tenga una solución individual, ni por la vía punitivista, ni por la de los escraches de la venganza personal. Y que necesitamos forjar una alianza con nuestros compañeros para enfrentar juntos al machismo y combatir, no sólo contra ese sistema que lo legitima y reproduce, sino también contra aquellos varones que perpetran las más aberrantes violencias contra las mujeres.”
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