El lunes 12 en el Astillero Río Santiago de Ensenada tuvimos la visita del arzobispo de La Plata Víctor “Tucho” Fernández, que llegó a la fábrica para dar una misa por San Cayetano.
A algunos trabajadores y trabajadoras no nos resultó para nada grato recibir en nuestro lugar de trabajo a los representantes del poder eclesiástico. Menos aún cuando resultan ser encubridores de curas abusadores.
En La Plata tenemos el caso del cura Eduardo Lorenzo (excapellán general del Servicio Penitenciario Bonaerense), quien está al borde del procesamiento acusado de “abusos sexuales agravados” y “corrupción de menores”. La fiscal de La Plata Ana Medina dio curso este martes al pedido de detención del sacerdote que hizo la querella y le abrió una nueva causa por “amenazas” contra víctimas y testigos.
Hace unos meses, un grupo de padres y madres juntaron dos mil firmas para que el cura Lorenzo no fuera trasladado a la parroquia del colegio Nuestra Señora del Carmen de Tolosa y el arzobispo Fernández respondió escribiéndole una carta a Lorenzo donde le decía que “en enero un grupo de personas, junto con algunos padres del colegio, comenzó a intervenir en medios y portales locales y a juntar firmas en contra de tu llegada al colegio. No sé cómo lograron que la presencia de este tema en los medios fuera tan constante. Desde que asumí como Arzobispo en La Plata nunca logré instalar un tema en los medios locales con esta contundencia”. El reproche era contra la campaña de los padres...
Además, el 24 de marzo Tucho Fernández auspició una misa en la parroquia Inmaculada Madre de Dios de Gonnet junto a Lorenzo. Durante esa misa, el mismo día que se cumplían 43 años del golpe de Estado de 1976, Fernández no pronunció ni una palabra en relación al genocidio, del que la Iglesia también fue parte.
Vale recordar que Lorenzo además fue uno de los “asistentes espirituales” del cura genocida Christian Von Wernich, el único sacerdote hasta ahora sentenciado a prisión perpetua por participar directamente en crímenes de lesa humanidad.
Pero el curriculum de Lorenzo no termina ahí. También, por pedido del entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio (hoy Papa Francisco) Lorenzo fue confesor del violador Julio César Grassi.
Nosotras, las Astilleras, repudiamos la presencia de este representante de la Iglesia en la fábrica. Es la misma jerarquía católica que el año pasado intervino en el conflicto del Astillero a pedido de la gobernadora María Eugenia Vidal (o sea, de la patronal) para garantizar la “paz social” y que junto a la burocracia sindical frenó todas las luchas por nuestras reinvidicaciones a la espera de un nuevo gobierno.
Por otra parte Tucho Fernández, apenas asumió como arzobispo en La Plata, llamó a militar “por las dos vidas”, es decir en contra del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Y pidió al presidente Mauricio Macri que en caso de aprobarse la ley, la vetara.
Es la misma Iglesia que se niega a la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral y al uso de métodos anticonceptivos, nos condena a morir en la clandestinidad o a ir presas por interrumpir un embarazo.
No es la primera vez que tenemos este tipo de visitas, ya que antes las misas las daba monseñor Héctor Aguer, quien además era padrino del Astillero e hizo declaraciones como éstas: “La política de memoria, verdad y justicia que impulsó el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura cívico militar, es la manera como se denomina pomposamente al rencor y a la venganza, y pidió paz, olvido, borrón y cuenta nueva”.
Aguer agregó que “es curioso el celo por acusar y juzgar delitos cometidos cuarenta años atrás, cuando hubo y hay tanta distracción y lenidad para juzgar delitos del presente”.
Por todo esto y más es que exigimos separación de la Iglesia y el Estado. Estamos convencidas de que nuestro destino no depende de la fe sino de la lucha. Si se logró mantener el Astillero abierto y sin despidos, no fue rezando sino poniendo el cuerpo, enfrentando gases y balas de goma. Saliendo a la calle, exigiendo un ARS 100 % estatal y productivo.
Ante los nuevos acontecimientos económicos, seguimos sosteniendo que la manera de frenar éstos atropellos a los trabajadores y trabajadoras es movilizando, estando en las calles, llamando a un paro activo por 36 horas. No aceptamos que nos manden a quedarnos en nuestras casas por mensajitos de WhatsApp y mucho menos ir “a llorar a la Iglesia”. |