Las sequías, deshielos, sobre explotación de los recursos naturales, contaminación, desplazamientos de tierra y aumento del nivel del mar, entre otras cosas, son problemáticas a las que los distintos gobiernos han dado escasas o nulas respuestas, como es el caso del incendio en el Amazonas y el manejo de este por parte de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil.
Observando particularmente lo que sucede en Latinoamérica esta crisis es profunda.
Como anteriormente mencionamos el incendio en el Amazonas, la más reciente emergencia ambiental, tiene focos en la frontera entre Paraguay y Bolivia, y mayoritariamente en Brasil, y deja además una nube tóxica que abarca a países como Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela.
El Amazonas es considerado “el pulmón del planeta” ya que produce el 20% del oxígeno a nivel mundial, lo que significa que esta crisis no sólo es de los países afectados sino que es internacional. Detrás de estos incendios se encuentran las grandes industrias productoras de soja y potencias mundiales relacionadas con el agro negocio, como Alemania y Noruega, líderes en venta de agrotóxicos y fertilizantes, o Francia y China, principales importadores de la soja brasileña.
También el capitalismo europeo, que tiene predominio en el mercado de fármacos y cosméticos a nivel mundial tiene cuantiosas ganancias dependiente de la explotación del Amazonas: Bayer, L’Oreal, Unilever, entre otras. Esto explica el lento y vago actuar de Bolsonaro que tiene directa relación con los empresarios brasileños de la agroindustria y que ha mostrado, a través de la prensa, diferencias y disputas políticas con Emmanuel Macron, presidente de Francia y Angela Merkel, canciller de Alemania.
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Esto se combina con el decreto que sacó hace unos días Mauricio Macri, presidente de Argentina: permite a las empresas importar la cantidad de basura que quieran con el sólo hecho de considerarlo un insumo básico para su producción, incluso aquella que es tóxica o contaminante. Es un gran negociado para los empresarios del plástico, las metalúrgicas y las papeleras. Esto trae potenciales consecuencias ambientales, y afecta a quienes aportan al reciclado urbano, del cual viven muchas familias en el contexto de una grave crisis económica que vive este país a causa de la intervención del FMI.
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En Chile, estos mismos métodos de devastación a manos de los empresarios son los que convierten a Antofagasta en la ciudad con el récord mundial en contaminación por arsénico, cobre y zinc, a causa de la industria minera (mayoritariamente extranjera). Quintero es uno de los casos más recientes de intoxicación masiva, en donde el mismo presidente Sebastián Piñera, estaba vinculado a la petrolera responsable. La quema de bosques milenarios en el sur, año tras año, en donde los principales beneficiados de esta son los empresarios forestales, es una situación muy similar a lo que sucede en el Amazonas.
Otra arista del problema es la crisis por la privatización del agua en el sur y la sequía que tiene a 56 comunas con decreto de escasez hídrica y a 111 con emergencia agrícola en todo el país, directa consecuencia de la irresponsable explotación capitalista de los recursos naturales. Por esto mismo, pasado jueves, Piñera anunció un plan para enfrentar la sequía, sin embargo, no toca el Código de Aguas, ley que privatiza el derecho al uso de este recurso, principal responsable del agotamiento del mismo.
A sólo tres meses de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de la ONU, COP25, que se realizará en Chile y donde participan 197 países, entre ellos, Francia y Alemania como miembros de la Unión Europea, la crisis ambiental se profundiza sin ningún tipo de atajo y la “solución” a esta queda en manos de los responsables directos.
Frente a todo lo anterior, el escenario es claro. Los capitalistas y sus gobiernos no detendrán la crisis que provoca el capitalismo, sino más bien, la agudizará. Sólo la fuerza organizada de trabajadores, campesinos, indígenas, pueblo pobre y explotado, quienes sufren las peores consecuencias, podrá garantizar una salida y nuestra supervivencia. |