En el mediodía del jueves Carlos Nievas y Rubén Peralta murieron luego de quedar atrapados bajo tierra en una obra en construcción que se desmoronó en la localidad de Ingeniero Maschwitz, partido de Escobar.
Los obreros fallecidos pertenecían al plantel de la empresa contratista Ilubaires que realizaba tareas para AySA de forma tercerizada. El hecho ocurrió en las calles Moreno y Corrientes, cuando los trabajadores estaban cavando un conducto para la red de cloacas, la obra se desmoronó y quedaron atrapados a dos metros bajo tierra.
El fallecimiento de estos dos trabajadores no puede considerarse como accidente laboral sino como crímenes sociales donde los responsables son los empresarios y sus políticos aliados.
El colectivo Basta de Asesinatos Laborales informó a La Izquierda Diario que entre octubre de 2017 y septiembre de 2018 se produjeron al menos 375 muertes por accidentes dentro de los lugares de trabajo. El sector de la construcción es, junto al de transporte e industria, uno de los más que aportan muertes y los trabajadores precarizados son las principales víctimas de estos verdaderos crímenes.
Como plantea esa organización en su último informe, “las y los laburantes somos quienes producimos riqueza, somos quienes llevamos adelante el proceso productivo y somos quienes mejor conocemos los riesgos que corremos día a día. Por eso, el horizonte es construir poder en cada lugar de trabajo, para disputar cotidianamente el control de los procesos productivos y nuestras condiciones de trabajo. A su vez, debemos coordinar la lucha específica de nuestro lugar de laburo con otros sectores de trabajadoras y trabajadores, porque sólo con la unidad podemos tener la fuerza necesaria para dar esta pelea, que de fondo tiene que ver con luchar contra un sistema de explotación que pone en riesgo nuestra salud y nuestra vida cotidianamente”.
Para avanzar en ese camino vale destacar también en esto la experiencia de los obreros de Zanon, tras la huelga de 9 días que siguió a la muerte de Daniel Ferrás en 2001. Impusieron médicos y ambulancias en planta y, lo más importante, una comisión obrera de seguridad e higiene con capacidad para inspeccionar y paralizar la producción ante cualquier riesgo a la salud obrera.
En Zanon retomaban así las mejores tradiciones de los obreros de Astarsa y otras experiencias de los años 70. La pelea por extender esas comisiones obreras y la eliminación del régimen de ART son un primer paso para terminar con este flagelo.
Seguir subordinados al FMI y pagando la deuda implicará mayores ataques a las y los trabajadores y sus condiciones laborales. Sólo el FIT Unidad plantea una salida distinta con medidas realistas. Es necesario romper con el FMI, no pagar la deuda externa, acompañado estás medidas con la nacionalización de la banca y el monopolio del comercio exterior. Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias. |