El registro anterior situó el endeudamiento de los hogares chilenos en un 71,1% de sus ingresos en abril del año pasado; hoy ese récord subió a un 74,3% según el ultimo informe del Banco Central. Este aumento de la deuda se motorizó por el aumento de los créditos hipotecarios tras un breve engorde salarial a un 5.7 % en el segundo trimestre de este año entre salario y el ingreso de actividades por fuera de los salarios.
Con este nuevo pick del endeudamiento, el ingreso neto de los hogares cayó un 3,6% al son de las constantes alzas del transporte y servicios básicos.
El problema del endeudamiento en Chile es tan severo que en cifras simples podemos observar que: de cada 10 pesos de lo que una persona recibe como salario, 7 son exclusivamente para costear deudas, este crudo relato sobre el uso del salario en este país no abarca las variantes de las alzas constantes en servicios básicos y productos de primera necesidad como los alimentos.
La tendencia que no se menciona, o que no se difunde, es que el sostenido endeudamiento que somete a los hogares chilenos tiene sus orígenes en la privatización y bancarización de derechos sociales como la educación y el derecho a la vivienda; no es en vano que en 2018 se hayan registrado 4,48 millones de deudores morosos y que de ellos, más de 3 millones sean jóvenes de 18 y 29 años, los que han adquirido esta deuda, básicamente, para poder terminar sus estudios; así mismo el informe señala que este nuevo pick es arrastrado por una expansión del crédito hipotecario, brazo de la banca, lo que junto con las inmobiliarias no solo son beneficiadas por el bolsillo particular de los chilenos, sino que a través de los planes estatales de gobierno como el plan de los 15 mil nuevos subsidios habitacionales que contemplan un 70% de inversión privada.
La cancha del Chile Neoliberal es una explanada en todo sentido para el saqueo de los grandes capitales nacionales y extranjeros, no sólo de nuestros recursos naturales, sino de nuestros bolsillos y de nuestra fuerza de trabajo, ya que en los recientes estudios de la OCDE que alimentaron el escenario para el debate sobre la reducción de la jornada laboral, se desnuda que en Chile se trabaja demasiado y se gana muy poco, mientras la privatización de recursos como el agua y la energía eléctrica estrujan con mayor inclemencia los bolsillos locales.
La disciplinada y disciplinante acción de los gobiernos de turno con los lineamientos de los grandes capitales extranjeros y las 10 familias que le chupan la sangre a la población chilena, es una muestra de cómo el empresariado y los grandes capitales cuentan con una larga fila dispuesta a ejecutar sus planes a costa de nuestra calidad de vida y derechos sociales en una avanzada que no perdona a nadie en el territorio continental; hoy la muestra más cruda la expresan los diversos planes de ajuste en distintos países latinoamericanos, los cuales venían instalándose sin mayores obstáculos hasta que se toparon con la resistencia del pueblo Ecuatoriano.
Si bien en Chile la deuda pública no supera el 25% del PIB, lo que no plantea grandes choques con el FMI y los posibles gobiernos, el riesgo de una burbuja inmobiliaria no es descartable y el estancamiento del crecimiento es una constante amenaza para las pocas migajas que nos han dejado en lugar de derechos.
La tragedia del endeudamiento de los hogares chilenos nos repone la necesidad de recuperar una parte de nuestro trabajo, ya sea en horas, en derechos o en ingresos y, puntualmente, para el problema de la deuda del pueblo chileno, es necesario exigir la condonación de la deuda a las familias trabajadoras y la nacionalización de la banca, ya que el sistema financiero chileno está concentrado en unos pocos monopolios: 4 bancos privados (Santander, Banco Chile, Scotiabank-BBVA, BCI), entre dos transnacionales y dos grupos nacionales, los que poseen la propiedad de 2/3 del ahorro y el crédito nacional. Mientras estos grandes bancos se nutren con millonarios recursos de las AFP, las capas más explotadas y oprimidas de la sociedad cuentan con miles de trabas para acceder al sistema bancario y cuando lo hacen, lo hacen para quedar endeudados de por vida y con la constante posibilidad de perderlo todo si no respetan las condiciones impuestas unilateralmente por el coloso de las finanzas e inversiones. Es necesario acabar con el negocio inmobiliario y echar a andar un plan de viviendas integral. Los hogares chilenos requieren soluciones de fondo y estas soluciones de corte van a implicar enfrentar y amenazar los intereses de la minoría que desde las alturas se llevan nuestros recursos, nuestra plata y nuestras vidas. |