Por las cercanías de la Estación de trenes de Atocha van llegando numerosos grupos de jóvenes, amigos que vienen juntos desde diferentes barrios de Madrid convocados por el movimiento antirrepresivo y numerosas organizaciones.
Muy jóvenes, mochila al hombro, sudadera, y cabreo, mucho cabreo. Siguen llegando, y son miles. “¡Aquí están los antifascistas! ¡Aquí están los antifascistas!” cantan con orgullo por las calles de Madrid, pasando al lado del monumento a los abogados asesinados de Atocha. La mayoría no había nacido en aquel momento, en plena Transición, muchos eran incluso casi niños cuando el 15M. Son una nueva generación, y están cabreados: con la represión, con el gobierno, con la policía, con la precariedad de la vida.
“En la televisión hablan de la violencia, pero no dicen que violencia es la policía cargando”, comentan en un grupo. Las imágenes que llegaban estos días desde las ciudades catalanas han generado indignación y muchos jóvenes madrileños se sienten hermanados con aquellos que resisten en las calles de Barcelona.
“¡Madrid está con el pueblo catalán! ¡Madrid está con el pueblo catalán! ¡Presos políticos, libertad!”, se sigue cantando al entrar en la Plaza de Sol.
La presencia policial es notoria desde el comienzo de la manifestación. Todos saben que “se va a liar”, porque la policía quiere cargar, y porque un grupo de ultraderecha se han concentrado en unas calles cercanas. Durante todo el día estuvieron dando vueltas por el centro de Madrid, generando un clima de tensión. Pero los jóvenes no se dejan amedrentar: “¡No pasarán! ¡No pasarán!
Finalmente, cuando cae la noche, comienzan a verse movimientos de la policía y crece la tensión. Unas calles más allá, a la altura de Callao un grupo numeroso de manifestantes cortan la Gran Vía y se sientan en el suelo. La policía responde hostigando y carga contra los manifestantes. El centro de Madrid se convierte por momentos en un caos cuando la policía persigue a los manifestantes por las estrechas calles cercanas, a contramano de los coches, tirando pelotazos de goma y gas pimienta.
Hacía tiempo que no se veía este tipo de represión en pleno centro de Madrid. Hace tiempo que no se veía ese cabreo en la juventud, que no se siente representada por un régimen que reprime y criminaliza a los jóvenes catalanes, este régimen que mantiene una monarquía corrupta y anacrónica, que persigue con la ley mordaza y que solo ofrece un sistema de precariedad. Está naciendo algo nuevo.
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