La legalización de la marihuana es el resultado de la movilización de distintos sectores de la población que han exigido este derecho democrático elemental durante años. La llamada “clase política” intenta restringir lo más posible este derecho para beneficiar a los grandes empresarios.
En ese sentido, el documento presentado por los legisladores -que pretende ser un esbozo de lo que será la legalización de la marihuana- contiene una carga moral, restrictiva y excluyente que beneficia principalmente a los sectores más privilegiados.
En cuanto al uso individual
Para los legisladores sólo hay una forma de consumo con fines lúdicos y es de manera fumada, lo que está permitido siempre y cuando la persona sea mayor de edad, esté en capacidad de ejercicio y se haga en un espacio privado, ya sea un hogar o un establecimiento que cuente con los permisos correspondientes.
El recalcar una y otra vez que sólo está permitido el consumo para las personas con capacidad de ejercicio excluye a las personas con discapacidad, norma completamente discriminatoria hacia este sector de la población ya que les niega la posibilidad de ejercer el derecho a decidir sobre su cuerpo y su persona.
Del mismo modo actúa con las mujeres embarazadas y en lactancia ya que les prohíbe el consumo del cannabis o algún derivado. En este punto el lector dirá "¡Eso está muy bien! las embarazadas no deben fumar mota." Pero independientemente de lo que uno piense la decisión debe ser personal y no tomada por medio de la coerción, sin mencionar que también podría ser utilizada para distintos fines terapéuticos.
La posibilidad de autocultivo se reduce de forma ridícula a 4 plantas por persona al año, debidamente registradas, provenientes de una semilla también registrada (comprada), la cual pueda ser rastreada para determinar su origen y su información genética (trazabilidad).
Un sector promotor de la legalización del cannabis son padres de familia con hijos que padecen algún tipo de enfermedad que han mejorado su calidad de vida por medio de tratamientos con derivados de la marihuana. Estas personas no podrán cultivar sus plantas para reducir el costo del tratamiento debido a que está prohibido que menores de edad residan en domicilios en donde se cultive.
Producción y distribución
La marihuana va a ser legalizada para quedar en manos del capital privado, lo que es la conquista de un derecho democrático se va a convertir en el negocio millonario de unos pocos que se van a enriquecer con la mano de obra de las y los campesinos pobres del país.
La exigencia de trazabilidad desde un inicio va a generar que los pequeños agricultores sólo puedan conseguir semillas con las empresas de gran capital con tecnología ya desarrollada, obligados a aceptar las condiciones que imponga sobre su producción, como lo hacen ahora Monsanto o Nestlé con productos alimenticios.
La posibilidad de desarrollo en distintas ramas de la industria queda cortada debido a que se prohíbe la producción con fines comerciales de cosméticos, alimentos o bebidas que contengan algún derivado de la planta, sin quedar claro cual puede ser el motivo de esto.
El acceso al cannabis y sus beneficios queda en decisión de los empresarios que determinen el costo de los productos, nada garantiza que las medicinas o tratamientos que se puedan hacer y desarrollar estén al alcance de los sectores más pobres.
Legalización para unos cuantos
Si se legisla en el sentido del proyecto presentado los trabajadores quedamos excluidos de la posibilidad de acceder a la marihuana legal. Los costos determinados por las empresas de capital privado y la dificultad para obtener licencias, mantendrá activo al mercado negro y su disputa por la plaza dentro de los barrios.
El documento que expone el senado es tan malo que los grupos empresariales que han invertido dinero en asegurarse que se legalice a su favor han quedado inconformes con la redacción, así que al parecer no habrá legalización hasta el 2020.
La marihuana en el mercado mundial se está convirtiendo en el valor agregado de los productos para uso y diversión de las clases medias. Cualquier cosa que contenga hemp, CBD o THC aumenta su costo de forma considerable, el mercado legal se llena de una oferta y una demanda que crece.
Legalización para todas y todos
Si las nuevas leyes que se aprueben para legalizar la producción y el uso de plantas psicoactivas no garantizan que los múltiples beneficios de éstas lleguen a todas las comunidades acompañados de campañas educativas y de salud la situación en cuanto al comercio ilícito de drogas no va a cambiar en las zonas pobres del país.
El Estado tiene que hacerse cargo del cultivo, producción y distribución de la marihuana y sus derivados para sus distintos usos como el lúdico, el médico y el industrial, el control de los trabajadores del sector puede garantizar que nadie quede excluido de los beneficios sociales y económicos generados por la legalización.
Así como hacer valer los derechos laborales de quienes trabajen en cualquier proceso de producción o distribución de la planta y velar por la salud de quienes deciden usar alguno de sus derivados.
Si quieres leer el anteproyecto completo, puedes verlo aquí. |