Para algunos, lo que hacía el gobierno era dejar correr lo que se daba en llamar una semidolarización que en los hechos ya existía, aunque no oficializada. Pero si se parte de las declaraciones de este domingo, Maduro no solo la dejaba correr, sino que la venía incentivando. Por eso sus recientes afirmaciones no son casualidad ni expresiones al paso, sino una ratificación de un curso económico de trágicas consecuencias para el pueblo.
En el clásico programa dominical de entrevistas dirigido por José Vicente Rangel, Maduro empezó diciendo que no desaprueba la dolarización de facto que experimenta un sector de la economía del país, considerando incluso que tal hecho actúa como una "válvula de escape" que aporta a la "recuperación y despliegue". Pero a estas alturas, podemos dar cuenta que el "despliegue" del que habla habrá sido para los empresarios de todos los colores incluyendo la alta burocracia corrupta parasitaria, pero no para las inmensas mayorías obreras y populares hundidas en la miseria.
Maduro no vaciló al indicar que "Ese proceso que llaman de dolarización puede servir para la recuperación y despliegue de las fuerzas productivas del país y el funcionamiento de la economía. Es una válvula de escape, gracias a Dios existe", en la entrevista transmitida este domingo por Televen. Caradurez es poca, para no decir menos. Maduro habla de una “recuperación” que está lejos de acontecer, cuando en realidad con esa dolarización que ha comenzado a operarse y que elogia no ha hecho más que aumentar los males de la población.
Sabiendo que se trata de cuestión antipopular por sus consecuencias trágicas que ya está teniendo, Maduro quiso abrir el paraguas afirmando que: "Quizás lo que voy a decir puede ser un pecado para los dueños de los dogmas, pero te voy a decir una cosa: yo no lo veo mal, no lo veo mal, me declaro pecador", añadió antes de afirmar que la dolarización surgió por la "autoregulación necesaria" de la economía venezolana. Un neoliberal clásico no lo diría mejor.
Es común en el gobierno aplique medidas de ajuste económico y políticas sin anunciarlas. Así, el propio Maduro afirmó también este domingo que ha venido adoptado medidas “en silencio” para “evitar y eludir las sanciones”, pero con medidas como esa progresiva dolarización, más que eludir sanciones en realidad se trata de eludir al pueblo con la continuidad de severos planes de ajuste que no “anuncia” pero aplica, tal como es este curso de dolarización.
Que Maduro se dirigía a una especie de semidolarización de la economía (tomando en cuenta que aún sigue siendo de curso legar la moneda el bolívar aunque hiperdevaluada), fue lo que sostuvimos cuando lanzó su paquetazo económico en agosto del 2018 colocando el dólar oficial al mismo nivel que se venía cotizando el dólar paralelo, legitimando y avanzando así en una semidolarización, al liberar parcialmente la circulación del dólar, todo con el discurso en su momento de “estabilizar” la economía nacional.
Con estas declaraciones, por un lado, Maduro muestra el completo fracaso de su "plan" lanzado en agosto del año pasado, donde la moneda que lanzaba, el bolívar soberano, rápidamente perdió capacidad adquisitiva y la situación continuó en sus niveles catastróficos, pero que sí mantuvo a raya al pueblo con niveles de pauperización, salarios de hambre y eliminación de conquistas históricas de la clase trabajadora por lo que cualquier empresario ha podido mantener una mano de obra asalariada casi semiesclava, lo que vale también para las propias empresas del Estado y toda la administración pública.
Por otro lado, Maduro demostró que fue incapaz de sostener el signo monetario nacional venezolano, sin importarle la destrucción del Bolívar con la trágica consecuencia para el pueblo trabajador de ver reducidos sus ingresos a la nada -incluyendo sus prestaciones sociales, cajas de ahorro laborales, etc.-, llevando por otra parte a una pérdida de soberanía ya que con esta dolarización que elogia pasará a una dependencia mucho mayor de la ya existente al no poder tener el control de la moneda extranjera, el dólar, cuestión que está en manos de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Recordemos que a mediados de octubre el gobierno había establecido que los créditos comerciales y sus respectivos intereses estarán vinculados al mercado cambiario oficial y su variación diaria. Una norma que ordena a las instituciones bancarias expresar los créditos comerciales otorgados según la nueva ’Unidad de Valor de Crédito Comercial (UVCC), cifra que estará anclada a la cotización del tipo de cambio publicado por el BCV. Créditos comerciales es una categoría que abarca dos tercios del total de préstamos porque, entre otros ámbitos, incluye el financiamiento al comercio y los créditos de corto plazo a empresas o particulares.
Este domingo Maduro señaló además que “por el peso del dólar como factor hegemónico de moneda internacional, todas las economías del mundo están dolarizadas, ese es un debate que se está dando en Venezuela”, agregando que “ahora ha aparecido un sector de la economía que hace sus intercambios y su funcionamiento con el dólar u otras divisas de monedas convertibles”. Una manera de buscar encubrir el curso que ha tomado directamente entreguista.
Sorprendentemente y sin pelos en la lengua afirma también que “la autorregulación necesaria en un país que se niega a rendirse. Esto permitió que surgieran otros mecanismos para el proceso de intercambio comercial productivo para la vida económica de la sociedad”. En otras palabras, un “intercambio comercial productivo” no para la “sociedad” sino para una parte de esta sociedad dividida en clases, los capitalistas de todos los colores además de la burocracia corrupta estatal.
En fin, con esta semidolarización o dolarización de la economía como se le quiera llamar, crea en realidad dos circuitos económicos separados: por un lado, un grueso sector de la población de la clase trabajadora y pobre que no tiene acceso al dólar, en su mundo cada vez más miserable, buscando subsistir y/o dependiendo de algunos de bienes de consumo popular a precios subsidiados y racionados; y por el otro, un sector con manejo de la divisa –pudiente en general- con acceso a la divisa viviendo como si no hubiese catástrofe y garantizando sus ganancias pues paga salarios en bolívares.
Dicho más claramente, es que esta dolarización de la economía que habla Maduro abre de manera abismal aún más la distancia entre ricos y pobres, que ya viene aconteciendo en medio de la catástrofe económica. En las clases altas, donde manejar el dólar en grandes cantidades es cotidiano, se abastecen tranquilamente de todo aquello que consideren necesario y explotando a los de abajo, mientras para el pueblo trabajador y pobre que no tienen acceso a esa divisa -salvo algunos sectores que reciben algunas pocas remesas para completar lo más elemental-, se desvanecen sus posibilidades ante la dificultad de adquirir productos para alimentarse, adquirir un medicamento o los útiles y uniformes escolares de los/as hijos/as. Todo esto con un salario mínimo de hambre, en bolívares e hiperdevaluado, siendo que al momento de escribir este artículo ronda los 5 dólares al cambio oficial con el complemento de otros 5 dólares como bono alimentación.
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