El gobierno se reunió este jueves con la Mesa de Unidad Social y la Mesa del Sector Público, luego de 40 días de movilizaciones y constante represión. Los dirigentes de estos espacios sociales y sindicales, militantes, principalmente, del PC, el Frente Amplio y el PS, decidieron aceptar la invitación y llegaron a La Moneda con ojos tapados y portando poleras con consignas como: “No + jóvenes ciegos” o “Fin a la educación de mercado”, denunciando la generalizada represión del gobierno y expresando las demandas del movimiento social.
Tras una extensión reunión, el presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar, aseguró que le expusieron al ministro sus demandas y que no están disponibles a una negociación a espaldas de la gente. "Por supuesto que queremos nueva Constitución y asamblea constituyente, pero sin letra chica y sin trampas, así se lo expresamos al ministro Blumel", señaló Aguilar.
“No basta con las palabras, es fundamental detener la agenda legislativa que el Congreso pretende seguir llevando adelante", planteó Luid Mesina, vocero de No+AFP.
“La palabra negociación como transacción está desacreditada. Nosotros estamos disponibles a venir y exponer las demandas del mundo social y que sean ellos los que empiecen a dar respuestas concretas y gestos concretos”, planteó Aguilar a la prensa.
Sin embargo, el poder de imponer las demandas por el movimiento social no depende de la negociación por un puñado de dirigentes, es sin duda bajo una fuerza social impulsada y organizada por los sectores de base de los trabajadores, mientas que las reuniones con el gobierno sólo llevará a un viejo camino ya probado de frustraciones cuando el brazo represor se fortalece con más policías en las calles.
El gobierno y la derecha dejaron en claro que no están dispuestos a realizar ningún cambio estructural. Hoy no es posible negociar con este gobierno criminal, que está por el piso, marcando mínimos históricos de aprobación, y que mantiene su insultante y soberbia e intransigencia. Hay fuerzas para mucho más, para que los muertos, torturados, mutilados y golpeados no sean en vano.
Para esto es necesario que se desarrolle un verdadero plan de lucha y movilización, que parta por la base de no sentarse a negociar con estos criminales, porque cualquier mesa de conversación con este gobierno entregará nada más que migajas a costa de debilitar al movimiento, facilitando que se aplaste la lucha con la represión, como hemos visto estos días en la población La Bonilla en Antofagasta, como ejemplo entre tantos otros.
Un plan de lucha para derrotar al gobierno y su represión, y sobre esa base proponerse la conquista de las justas reivindicaciones que han estado sobre la palestra: acabar con los salarios y pensiones de hambre, terminar con las AFPs, conquistar un sistema de salud público, de calidad y digno para el pueblo trabajador, acabar con el maldito subcontrato y el trabajo precario, alcanzar un salario mínimo igual a la canasta básica familiar, entre tantas otras demandas que han motorizado la lucha en las calles por más de 40 días.
Hoy está en juego esa perspectiva, y los dirigentes sindicales de la Mesa de Unidad Social han decidido seguir un camino probado de desvíos y traiciones, un camino que incluso permitirá legitimar la brutal agenda represiva del gobierno y de los partidos políticos tradicionales, donde personajes como Jaime Quintana, PPD y presidente de la Cámara del Senado, dijo que no se negaría a un nuevo Estado de Excepción, mientras se cocinan rápidamente leyes para criminalizar la protesta social en los salones del Parlamento.
Tenemos que ir por una vía alternativa, confiando en la fuerza de la clase trabajadora. Allí se alberga la posibilidad de que este movimiento avance y se desarrolle con una potencia no antes vista. |