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9 de diciembre de 2019 Twitter Faceboock

Deuda
La deuda eterna: ahora la cuenta regresiva es para Fernández
Lucía Ortega | @OrtegaLu_

La "herencia" de la deuda, el principal dilema de Alberto Fernández. ¿Alcanzará a renegociar a tiempo con los acreedores privados en un acuerdo que le cierre al FMI? ¿Cuál será su precio? Una deuda odiosa, eterna e impagable.

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Por cadena nacional Macri intentó minimizar el problema de la deuda pública y afirmó que ya era elevada cuando asumió en 2015, alcanzando 240 mil millones de dólares. Que esto sea cierto no elimina el problema del crecimiento acelerado que tuvo la misma durante su gestión, incrementando su peso en el Producto Bruto Interno (PBI) a más del 80 %.

A esto debe agregarse que creció la composición en materia de deuda externa. El 80 % de los bonos están nominados en moneda extranjera.

De acuerdo a la exposición de Macri, la deuda bruta del sector público nacional alcanza en la actualidad 310 mil millones de dólares. El incremento fue de 70 mil millones de dólares, casi un 30 % en cuatro años. A esto debe agregarse también unos 13 mil millones de dólares de valores negociables vinculados al PBI (llamados “cupones”).

Evolución de la deuda pública bruta en millones de U$S y como % del PBI

Fuente: La Izquierda Diario en base a Secretaría de Finanzas
Fuente: La Izquierda Diario en base a Secretaría de Finanzas

Además, claro está, en el problema de la deuda hay que contar la suscripción del acuerdo stand by firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que además de estar “flojo de papeles” a decir de Horacio Verbitsky, viene con condicionalidades y una injerencia del organismo en el rumbo económico.

De acuerdo a Eric Toussaint, economista belga perteneciente a la red internacional que aboga por la anulación de la deuda del Tercer Mundo, Argentina debería desconocer el acuerdo con el FMI. “Macri no tenía potestad para firmarlo y el FMI fue contra sus propios estatutos y bajo presión de Trump para dar semejante crédito, porque además conocía las consecuencias: el pueblo argentino no tiene por qué hacerse cargo”, sostuvo a Página 12.

Pero Toussaint en su paso por el país no se refirió solo a la deuda con el FMI, sino a toda la deuda pública contraída por Macri. “Lo importante es el uso que se hace con la deuda y si la deuda ha sido contraída para un uso que es contrario al interés de la nación, o del pueblo, o del Estado, esa deuda es odiosa al pueblo”, independientemente si el gobierno que la tomó fue democrático o cual fue la naturaleza del gobierno, señaló en una entrevista a La Izquierda Diario.

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La ilegitimidad de la deuda, su uso antipopular y las enormes irregularidades desde la última dictadura militar (de las cuales las contraídas por Macri no son la excepción) son una muestra más del papel que tiene la deuda como un mecanismo de dominación por parte de las potencias económicas y los organismos internacionales a los países dependientes.

Pero para el gobierno entrante estas no son las principales preocupaciones, sino un problema práctico: cómo hacer para no entrar en cesación de pagos (default) con una deuda impagable y con el mercado financiero cerrado. La prioridad para Fernández es llegar a un acuerdo que le permita quedar bien con los acreedores privados y con el FMI, al menos por un par de años. El problema es que un acuerdo así no soluciona el problema, valga la redundancia. Desconocer esta deuda ilegítima no está dentro de su radar.

Se ha señalado que el principal escollo es la acumulación de vencimientos en los primeros tres meses de gobierno en 2020 (de casi U$S 18 mil millones), para lo cual las reservas disponibles no alcanzarían. Se plantea así que no hay un problema de solvencia de la deuda, sino de “liquidez”. Pero patear los pagos de capital por dos años, e incluso los de intereses como plantea Guzmán (lo que sería un evento sin precedentes en la historia), haría que en 2022 los vencimientos puedan representar un 8 % del PBI. Esto equivale a casi el gasto anual en jubilaciones y pensiones, o a 5 veces el presupuesto de Educación y Cultura.

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Por eso la distinción entre solvencia y liquidez es una trampa que saca de foco la principal cuestión que no hay que perder de vista: la deuda es impagable, no sólo en 2020, sino en los próximos 4 años por lo menos. Los vencimientos acumulados superan los U$S 200.000 millones entre 2020 y 2024, de los cuales un 22 % son intereses.

Este ahogo de la deuda tiene una consecuencia aun más grave: “quedar bien” con los acreedores privados, garantizarles el pago y un negocio en el que acepten entrar, y al mismo tiempo hacer una renegociación del acuerdo con el FMI sin plantear una ruptura con el organismo y el imperialismo, sólo tiene como resultado que la soga termine puesta en el cuello de las mayorías sociales. Porque de algún lado la plata se saca.

En ningún caso el pago en cuestión tiene como condición afectar los intereses de los responsables de esta catástrofe: los especuladores de la deuda y los grandes capitalistas (excepto por la suba de algún impuesto como las retenciones que siempre se calibra de forma tal que no hiera al agropower). Por el contrario, buscarán seguir exprimiendo los bolsillos populares utilizando como mecanismo un “acuerdo” o pacto social que ya vienen gestando.

Pero este camino choca de lleno con las expectativas de amplios sectores sociales que esperan recuperar lo perdido con Macri. Fernández anticipó que "pondrá plata en el bolsillo de la gente", pero todo parece indicar que el "plan verano" estará muy lejos de alcanzar para enfrentar las urgencias sociales en la que se encuentra el país con más de 40 % de la población en situación de pobreza.

Atacar estas urgencias y atender a los acreedores de la deuda, resultan objetivos incompatibles. Pero lejos de aceptar esta encerrona como una fatalidad incuestionable, los levantamientos populares contra el ajuste en muchas partes del planeta marcan el camino para otra salida posible, una que invierta las prioridades a favor de los trabajadores y el conjunto de los explotados y oprimidos.

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