Un reciente estudio realizado en las principales ciudades de América Latina como son ciudad de Panamá, Buenos Aires, Belo Horizonte, Ciudad de México y Santiago de Chile, dieron resultados sorprendentes en torno a la situación de desigualdad entre mujeres que existe al interior de nuestro país.
Los principales puntos que toca la investigación, tienen que ver con los aspectos propios de la calidad de vida de las mujeres, según el lugar donde habitan, de hecho es legítimo plantear un análisis, desde la distribución socio-espacial de la ciudad de Santiago, en donde quienes viven en el sector poniente de la capital y periferia, tienen menor acceso a todo, esto quiere decir, desde el acceso a tipos alimentación, como a empleos, áreas verdes, servicios, transporte, lo cual repercute directamente en las condiciones de salud de los habitantes, que al momento de buscar mejorar, se encuentran con los mismos límites que para el resto de las necesidades.
Por el contrario las mujeres del sector orientes, se encuentran habitando las comunas más ricas de la capital, con las mejores clínicas, servicios cercanos a los lugares donde viven, una gran diferencia en cuanto a espacios de recreación y áreas verdes, etc.
Lo cierto es que por medio de este estudio, no se descubre la pólvora, la denuncia de la inmensa desigualdad en Chile ya la hicimos millones en las calles, estos dos meses de revuelta y movilización ha sido cada vez más visible y latente, hasta Sebastián Piñera ha tenido que reconocer en medio como el The New York Times, que las movilizaciones en Chile son producidas por la desigualdad de estos últimos 30 años.
Las diferencias radican en cómo superar estas desigualdades y acabar con cómo hoy se distribuye la riqueza a nivel nacional.
Chile es propiedad de 7 familias, que tienen mucho en comparación con el resto de millones que habitamos acá, clásicos son los nombres de Luksic, Matte, Angelini, Paullman. etc. Quienes además tienen sus inversiones en el extranjero, y por medio de capitales en las bolsas internacionales multiplican sus ganancias (muchas veces gracias al acceso a los fondos de pensiones), todo esto mientras la gran mayoría debemos conformarnos con sueldos que ni siquiera alcanzan la canasta básica familiar o pensiones miserables, que gracias a la agenda social del gobierno, que escuchó nuestras demandas, quedarán en 175 mil pesos a partir de Enero en el mejor de los casos, para los mayores de 80 años. ¡Una burla!.
Este impactante estudio, otra fórmula más que viene a mostrar la brutal desigualdad en Chile, abre la necesidad de pelear por una salud gratuita y de calidad para todos y todas, que sea cien por ciento financiada por el Estado y sin subsidio a los privados que hoy se enriquecen a costa de nuestros abuelos o familiares enfermos.
El negocio de la salud por medio de las clínicas privadas o las farmacias coludidas tiene que acabar, pero no por medio de parches, con una ley contra “los delitos de cuellos y corbata” como ha anunciado Piñera, sino que por medio de confiar en nuestras propias fuerzas y pelear por el control de los planteles de salud, en donde sean los trabajadores de la salud junto a las y los usuarios quienes decidan, sin distinción de lugares para ricos y lugares para pobres. |