En Francia no hubo tregua ni antes, ni durante, ni después de la Navidad. A pesar del intento del Gobierno y de algunas de las direcciones sindicales por dejar en suspenso la huelga, los trabajadores mostraron que quieren seguir peleando contra la reforma jubilatoria de Macron.
Los trabajadores ferroviarios (SNCF) y los del transporte metropolitano de París (RATP), que vienen estando a la vanguardia de la lucha y llevan 22 días de huelga, habían votado en una asamblea de coordinación una movilización para este jueves 26 organizada desde las bases y sin consulta a las direcciones de los sindicatos.
La movilización fue todo un éxito y en las calles de París se vivía un clima de gran combatividad. El objetivo era mostrar que la huelga sigue, que no hay tregua y que están dispuestos a empezar el año luchando para tirar abajo la reforma. Por eso una de las consignas más coreadas en las calles es "Sin retiro [de la reforma] no hay tregua".
Con ese grito los huelguistas salieron desde la estación del Este hasta la de Saint-Lazare. Junto a los huelguistas del SNCF y RATP se hicieron presentes un gran número de chalecos amarillos.
Esta jornada es parte de un plan de lucha discutido en una reunión de coordinación de los trabajadores del RATP y el SNCF el viernes pasado, después de los anuncios del primer ministro Edouard Philippe, sobre los acuerdos con sectores de las direcciones sindicales, en particular la UNSA (con peso en ferroviarios, metro y ómnibus) que había negociado una tregua con el Gobierno. Esta decisión de la burocracia sindical fue rechazada y repudiada de plano por los trabajadores que votaron manifestarse este jueves 26 como parte de las movilizaciones destinadas a mostrar claramente el rechazo de cualquier tregua.
Esta es la primera acción conjunta surgida de una coordinación de base. Durante la movilización del 17 de diciembre, que juntó a 1.800.000 personas en todo el país, los trabajadores autoorganizados formaron una columna unitaria en París, que tuvo un gran impacto entre todos los manifestantes al juntar a los trabajadores de la RATP y la SNCF, con los de la educación y los estudiantes. Este tipo de organización novedosa, y poderosa, es lo que explica la determinación de los huelguistas de seguir luchando hasta que se retire la reforma por completo.
Un ejemplo concreto, aún pequeño, de lo que podría ser un movimiento que esté verdaderamente en manos de los huelguistas y donde las decisiones las tomen los trabajadores y trabajadoras de base, en lugar de las direcciones sindicales que dividen al movimiento y apuestan a llevar el conflicto a una estéril mesa de negociación con el Gobierno, como lo vinieron haciendo estas tres semanas.
La jornada de este jueves fue una oportunidad para que los huelguistas se vuelvan a movilizar el día después de Navidad y antes de la manifestación convocada por los sindicatos el 28 de diciembre, pero también para que quienes apoyan la huelga se sumen a la lucha y colaboren con las acciones y con el importante fondo de huelga que los trabajadores están poniendo en pié para evitar que el Gobierno intente quebrarlos por el hambre y la falta de recursos.
Este jueves la huelga en Francia entró en el día 22 y ya superó a la lucha de 1995 que hizo retroceder la reforma de Alain Juppe. La reforma del sistema de pensiones no es solo un caballito de batalla de Macron, que la eligió como una de sus promesas de campaña, sino de los empresarios y la burguesía francesa que ha tratado de pasar este ataca cada vez que tuvo la oportunidad. Hasta ahora no ha tenido éxito, y esta vez parece querer ir hasta el final. Sin embargo, los huelguistas también están dando importantes muestras de determinación en su lucha contra la reforma, y a pesar de la situación caótica de la falta de transportes, los embotellamientos y la huelga durante las fiestas, más de la mitad de los franceses sigue apoyando el movimiento. Como cantaban este viernes: "¡Todos juntos, todos juntos, Huelga General!". |