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La Izquierda Diario
9 de febrero de 2020 Twitter Faceboock

EDITORIAL / EL CÍRCULO ROJO
En el fondo son todos buitres
Fernando Rosso | @RossoFer

El Gobierno les habla con el corazón y los acreedores responden con el garrote. El traspié de Axel Kicillof, un botón de muestra de la voracidad buitre. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 hs. por Radio Con Vos, 89.9.

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  •  En los últimos días tuvieron lugar algunos episodios importantes que tienen que ver con la negociación de la deuda. Fueron significativos no tanto por los montos que estaban en juego, sino porque revelaron algunas de las posiciones de los protagonistas de la negociación.
  •  Me refiero, obviamente, al traspié que sufrió Alxel Kicillof en la provincia de Buenos Aires por un vencimiento de intereses de deuda que tuvo lugar el 26 de enero pasado. Para quienes siguen la política, los hechos son más o menos conocidos: el gobernador adelantó que no podía pagar esos montos y pidió prorrogar el desembolso hasta mayo; la mayoría de los fondos no aceptó; la provincia estuvo al borde del default, es decir, la cesación de pagos; luego Kicillof hizo nuevas ofertas de plazos y montos y, finalmente, por la negativa esencialmente de un fondo de inversión, Fidelity, terminó pagando lo mismo que debía abonar el primer día. No alcanzó al 75% de conformidad necesario para que la oferta tenga éxito. El mismo día que se conocía el fracaso de Kicillof, el ministerio de Economía también sufría un revés porque solo un 10% de acreedores accedía al canje de unos bonos que había intentado cambiar por nueva deuda. Para algunos analistas, los acreedores se sintieron “envalentonados” por la capitulación del gobernador de la provincia de Buenos Aires.
  •  En primer lugar estos hechos dejaron claro una cuestión: quienes proponen el no pago de la deuda (dentro de un plan integral para una salida que beneficie a las mayorías) no son “locos descolgados” que quieren patear el tablero dentro de un diálogo consensual y racional, sino que proponen responderle al salvajismo de los acreedores en el único idioma que entienden.
  •  Pero además, más allá del apoyo en términos de gestos, que logró Alberto Fernández de parte de autoridades de Alemania, España, Francia e Italia e incluso del Papa, lo que pasó con la provincia fue revelador de que al acuerdo “amistoso” que propone el Gobierno los acreedores responden con una ofensiva rabiosa.
  •  Esto no quiere decir que, necesariamente, no pueden llegar a un arreglo con FMI, sino que ese eventual acuerdo -que no está asegurado para nada- no será gratuito. Según el editorialista económico de Clarín, Marcelo Bonelli, el eventual “convenio incluiría un compromiso fiscal fuerte de Argentina”. Es probable que el “nuevo Fondo” (esa música con acordes macristas de que hay un “nuevo Fondo”, la conocemos) la única diferencia que tenga con el “viejo” es que no se preocupe por andar reclamando a los gritos sus demandas (como hacía en los mejores años del neoliberalismo), lo que no quiere decir que haya resignado sus exigencias.
  •  Es curioso, porque este aspecto es el que esconden prolijamente los analistas oficialistas entusiasmados con el “nuevo Fondo” (uno de ellos de pasó de rosca y llegó a festejar el “peronismo” de Kristalina Georgieva, la nueva jefa del FMI). Y ahora lo complementan con una presunta interna feroz en el organismo entre “halcones” y “palomas”, donde unos buenos burócratas nuevos pugnan por reemplazar a los malos que financiaron irresponsablemente la aventura de Mauricio Macri. Quizá en algunos casos este relato sea motorizado por ilusiones o hasta por buenas intenciones, pero en los hechos opera para convencer por anticipado a la población de que hay que aceptar lo que proponga el ala “buena” porque si no vienen los “malos”. Un clásico: el mal menor llevado a extremo en el corazón -nada más y nada menos- que del FMI.
  •  En ese contexto, Cristina Fernández presentó su libro (Sinceramente) en Cuba el sábado por la tarde. Allí realizó afirmaciones tan interesantes como contradictorias y que dejan algunos interrogantes. Entre otras cosas, dijo que “debería” investigarse la deuda porque siempre pasa lo mismo y también que “deberían” revisarse los contratos con las empresas de servicios públicos para ver si, en el marco de los enormes beneficios que tuvieron por los aumentos de 3.000 o 4.000 %, cumplieron con su parte. La realidad es que el Gobierno convalidó los aumentos y los contratos y propone pagar la deuda sin investigar. Ahora, haciendo un ejercicio retórico, estos planteos pueden entenderse de dos maneras:

    1) O la expresidenta -que es parte del Gobierno- vuelve y le propone a Alberto Fernández no pagar la deuda para investigarla (ya que no tendría sentido investigarla después de pagarla).

    2) O estos planteos son nada más que un discurso “por izquierda” (hecho desde La Habana) para encubrir y contener ese flanco, mientras en la práctica se hace una cosa completamente opuesta. Lo dejo a criterio de ustedes.

  •  La realidad es que los hechos van demostrando que no hay males menores entre los acreedores, ni internas de buenos y malos en el FMI, ni compresión “amistosa”, ni nada eso. Lo que hay es una defensa de intereses. Y cuando defienden sus intereses, en el fondo son todos buitres.
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