A raíz de esta noticia los datos de la vida y muerte de la pequeña de 7 años salen a la luz. No es en realidad un caso extraordinario. Es la vida de una niña como todas, sobreviviendo a la precariedad junto a su familia: a sus 7 años ayudaba a su madre con la venta de dulces para su subsistencia. El asesinato de Fátima, es resultado de los diversos momentos en los que el estado ignoró su situación.
Cuando la familia de Fátima buscó atención para la salud mental de su madre, el estado les dio la espalda. Y es que el país y la ciudad tienen sus sistemas de salud rotos, abandonados y miserables. Y hablando de salud mental las carencias son mayores, apenas hay un sistema que se limita a patologizar, medicar y dar seguimiento cada mes, si bien nos va.
Cuando la familia buscó ayuda para el cuidado de Fátima, nuevamente el estado les dio la espalda. Sin un mínimo de vergüenza, hoy el DIF de la Ciudad de México publica que, desde 2015, existía reporte por maltrato emocional y descuido a la menor. Hecho que la misma tía denuncia, afirmando que nadie hizo nada. Lejos de hacerlo público para asumir alguna responsabilidad, el DIF se hace parte de la campaña que busca señalar a su familia por lo ocurrido.
Cuando buscaron a Fátima después de su desaparición, los familiares se encontraron con instituciones que nada hicieron por encontrarla con vida. Fueron ellos mismos quienes por cuenta propia hicieron su propia investigación, dieron todos los indicios a las autoridades y pese a ello, hoy no tienen más que un cuerpo para sepultar.
A Fátima la mató un Estado que, sin importar la cara, color o partido en turno, le importa nada la vida de las nuestras.
La justicia no vendrá del bando que opina que los feminicidios son distracción ni de quienes son inútiles e indolentes cuando se les pide que busquen a una desaparecida. La justicia no vendrá de quienes tienen la ciudad llena de cámaras y a pesar de ello permiten que todos los días desaparezcan tres mujeres y niñas, ni de quienes se llenan los bolsillos del erario mientras las calles están sin luz ni pavimento; mucho menos de quienes venden las fotos de nuestras muertas. No, la justicia no vendrá de los de arriba.
Hoy más que nunca, es indispensable que construyamos un poderoso movimiento de mujeres, independiente del gobierno y los partidos del congreso, que unido a la juventud y a los trabajadores, en las calles enfrente la violencia feminicida y arranque la justicia para Fátima y todas nuestras asesinadas.
Por la sonrisa, los ojos y los sueños de Fátima: ¡Justicia! |