Las paritarias 2020, como todos saben, están atravesadas por dos cuestiones claves: una inflación acumulada que hace que una familia necesite $40.373 para no ser pobre, por un lado. Por otro, la negociación de la deuda con los bonistas y el FMI.
Como trascendió en los últimos días, el plan del gobierno es una “tregua salarial” hasta mayo y “acuerdo social con pauta general” una vez renegociada la deuda. Con esos condicionamientos algunos prefirieron llamarla “cláusula buitre”: el aumento no dependerá de las necesidades de las familias trabajadoras, sino de la “sostenibilidad de la deuda”.
Por si quedaban dudas, uno de los gremios pesados de la CGT decidió ofrecerse como ejemplo. El “eterno” Armando Cavalieri avanzó en un acuerdo con el ministerio de Trabajo. Según adelantó este miércoles Ámbito Financiero, el Sindicato de Comercio estaría a punto de acordar un aumento que implicaría, en una primera etapa, absorber la suma fija de $4000 decretada por el Gobierno y sumarle $2000 para cerrar el primer trimestre. Así el aumento interanual alcanzaría un 52%, casi tres puntos por debajo de la inflación oficial. En una segunda etapa, acordar una suma fija remunerativa para los meses de abril, mayo, junio, y posiblemente julio.
Con esa suma, el básico de los empleados y empleadas de Comercio queda arañando la línea de pobreza del Indec.
El caso testigo de Comercio tiene la función de marcar los objetivos del Gobierno para las paritarias 2020. Como marca el periodista Mariano Martín, los funcionarios “ya le habían confirmado a este diario que el objetivo era expandir ese criterio a toda la ronda de paritarias como señal de apaciguamiento de la puja distributiva y, sobre todo, de racionalidad a los acreedores externos en plena renegociación de la deuda”.
Está claro que el “eterno” Armando es solo el abanderado de una política que involucra a todas las cúpulas sindicales. Héctor Daer se reunió con Alberto Fernández hace pocos días, donde no habló de las paritarias libres y directamente dejó de lado el reclamo de “claúsula gatillo”. Pero también lo hizo Hugo Yasky, de la CTA. Parece que la unificación de las centrales sindicales que adelantan algunos de sus dirigentes tendrá como primer pelea una que carece que toda épica: anestesiar las expectativas de trabajadores y trabajadoras de recuperar su poder adquisitivo. |