"Las escuelas, colegios, institutos, universidades estarán cerradas... a partir del lunes", dijo el presidente el jueves por la noche. Pero, la primera vuelta de las elecciones municipales se llevará a cabo como estaba previsto, porque para él "nada impide a los franceses, incluso a los más vulnerables, ir a las urnas". Una contención a dos velocidades de un gobierno hipócrita, que después de haber hecho todo lo posible para destruir el hospital público, comienza a alabar al "estado de bienestar" y al sistema de salud: "no son costos ni cargos, sino bienes preciosos, bienes indispensables cuando el destino ataca".
Con el anuncio de fuertes medidas para demostrar que el gobierno francés se toma en serio la crisis sanitaria, Macron busca establecerse como el hombre indicado para la situación, volviendo a la figura "jupiteriana" del comienzo de su mandato de cinco años. Declarando que "sin duda habrá que adoptar medidas de cierre de fronteras, pero que se deberá hacer cuando sea pertinente" y "a escala europea". Afirma su voluntad de unir a Europa frente a la falta de una respuesta coordinada a la pandemia, y su determinación de ir tras Trump y Merkel, haciéndose pasar por un gran defensor del multilateralismo.
Una aparente posición de fuerza, y un supuesto discurso político, que reubica a Macron -y detrás de él a su partido- enfocado en los consejos municipales. También era un discurso electoral, destinado a barajar las cartas en el período previo a los comicios, en los que el partido gobernante se halla en mala situación.
Detrás de las promesas de Júpiter, no hay garantías
Sin embargo, el discurso presidencial deja mucha incertidumbre sobre la aplicación concreta de las medidas anunciadas. En primer lugar, detrás de su aparente posición de fuerza y su demanda de multilateralismo, Macron podría enfrentarse a reveses internacionales, frente a Trump o Merkel, cuando intente aplicar las -todavía poco claras- medidas anunciadas este jueves. Por muy convencido que esté de esta nueva posición de liderazgo a escala europea e internacional, no dice nada de su capacidad para arrastrar tras de sí a las potencias que pretenden imponer su propia estrategia de contención del virus.
Además, detrás del homenaje a los "héroes de bata blanca", Macron no dice nada sobre las condiciones de trabajo de las cuidadoras y cuidadores, que están en primera línea frente a la epidemia. El hospital público, que los sucesivos y actuales gobiernos se han esforzado por destruir durante décadas, funciona ahora en un régimen de "justo a tiempo" y no puede hacer frente a la afluencia de pacientes de Covid-19, a pesar de las aparentes garantías del presidente. Tampoco se dice nada sobre las modalidades de detección del virus y las posibles soluciones médicas, aparte del aplazamiento de las operaciones consideradas no prioritarias para liberar camas y de la derivación de los casos no relacionados con el coronavirus al sistema médico de cada ciudad.
Aparte del anuncio del cierre de las escuelas, no se dice nada -o no mucho- sobre los cambios en el cuidado de niños que pueden ser implementados. Si bien los cuidadores podrán beneficiarse de las guarderías creadas en las regiones, muchos otros van a estar obligados a cuidar de sus hijos, sin garantía de que se les pague por el tiempo que dure la contención. En cuanto a la compensación por trabajo a corto plazo que promete, ¿qué será realmente? ¿Y quién lo financiará? ¿Grandes negocios? Nada es menos cierto cuando se ha experimentado, con la reforma de las pensiones, el afán del gobierno por defender los intereses de los más ricos, aunque signifique hacer trabajar a los empleados hasta la muerte.
Tampoco se aclara mucho sobre la educación a distancia, que parece ser la ruta preferida del gobierno. Las razones de esta dispersión se encuentran probablemente en la falta de homogeneidad entre los ministros sobre cómo resolver la crisis, empezando por Michel Blanquer que aseguró de nuevo este jueves por la mañana que las escuelas no cerrarían.
En otras palabras, Emmanuel Macron hace bien en dejar que sus ministros anuncien los detalles de las políticas más impopulares que implica su discurso. Este viernes, Edouard Philippe anunciará medidas para prohibir todo tipo de reuniones, incluyendo el derecho a manifestarse. Le deja a Blanquer la tarea de ocuparse del cierre de las escuelas. Véran actúa como un fusible ante la situación catastrófica que enfrenta el personal de los hospitales. La única garantía real que da Macron este jueves es a los empresarios, cuando anuncia que se hará todo lo posible para "salvar a las empresas", que podrán, si lo desean, aplazar sus contribuciones e impuestos para el mes de marzo.
Rechacemos la sagrada unión
Macron busca recuperar su salud... a costa de la crisis sanitaria. Al llamar a un "bloque", una unión sagrada frente a la pandemia, busca enterrar la enorme protesta que ha tenido que enfrentar en los últimos años -desde la batalla del ferrocarril hasta la batalla de las pensiones, pasando por la movilización de los chalecos amarillos.
Pero Macron y el sistema que defiende no pueden gestionar lo que él llama "la crisis sanitaria más grave en un siglo". El gobierno debe reunir a todas las fuerzas políticas en la Cámara para evitar abordar esta gran crisis aisladamente y terminar cargando solo el fracaso de su gestión. En resumen, necesita de una alianza del gobierno y los partidos políticos que se han alternado en el poder o en las instituciones votando recortes presupuestarios en los servicios públicos, la salud y la investigación.
Y con un discurso presidencial plagado de contradicciones, la sagrada unión podría agravar el tira y afloja del gobierno, entre el arrepentimiento del neoliberalismo y las alusiones proteccionistas.
Para los trabajadores, jóvenes y viejos, los más precarios -que están expuestos a las consecuencias más dramáticas del virus- se trata de negarse a caer en la trampa de la unidad nacional, que pretende que creamos que las contradicciones sociales se desvanecen en tiempos de epidemia. Como ya ocurre en Italia, pero también en Francia, donde se envía a los empleados a trabajar con el riesgo de infectarse, no hay que hacerse ilusiones en el gobierno para garantizar la seguridad de los trabajadores, que sólo pueden contar con su propia movilización. El coronavirus y su desastroso impacto sanitario y económico son una consecuencia de las políticas neoliberales de desguace de los hospitales públicos y de los planes llevados a cabo por Macron y sus predecesores, y no tenemos ningún interés en tratar con "bomberos pirómanos". |