En febrero de 1970, en el diario CGT de la CGT de los Argentinos, en esos momentos en la clandestinidad, se publicó una nota bajo el título “El Chocón: Ahora con dinamita”, comentaba sobre la huelga: “Dicen que están dispuestos a parlamentar sin recurrir a la violencia”, susurró el alcahuete en las orejas de Rogelio Coria. Recién entonces, ‘el hombre de la cara pintada’ decidió descender del lujoso automóvil que lo había trasladado hasta las puertas de la villa Chocón-Cerros Clorados; al final de la calle, sobre una loma, tres mil obreros clavaron sus ojos en la figura bien trajeada del ‘dirigente’ Coria. Alguien no vaciló en gritar: ‘Miren la pinta de ese hijo de puta, mientras a nosotros nos corre la policía’; Coria sacó patente de sordo: ‘Muchachos, veamos cómo se puede arreglar esto’, suplicó.
“De esta manera, el pobre Rogelio Coria se asomó al conflicto que los obreros de la construcción, afectados a las obras de la Villa Chocón-Cerros Colorados, mantuvieron con la patronal Impregilo Sollazzo S.A., a mediados de diciembre. Temiendo que la lucha de las bases de su gremio perjudicara su idilio con el gobierno de los monopolios, subió al primer avión que volara hacia Neuquén, en donde lo aguardaba una comitiva policial para prestarle protección. La misma policía, precisamente, que trató de ahogar en gases lacrimógenos los reclamos de los compañeros del Chacón, produciendo heridas de consideración a los obreros Ventura Achata, Luís Amallo, Luís Arregui, Sergio Saravia Ramos y Flavio Burgos. La misma policía que no dudó en encarcelar a los delegados Edgardo Torres y Armando Olivares y al cura Pascual Rodríguez, y, que en un esmero de su profesión, se dedicara, en una sesión de tortura, a seccionarle parcialmente una oreja al delegado Torres. Así, acompañado por sus amigos de uniforme y garrote, Coria decidió jugarse el pellejo y tomar contacto con ‘sus’ bases en lucha.
“Todo había empezado cuando los obreros de Impregilo Sollazzo S.A., exigiendo fundamentalmente seguridad en el trabajo (ya han muerto 8 compañeros por desprendimiento de rocas), decidieron elegir tres delegados para que los represente ante la patronal. Informada de esas inquietudes, la empresa dispuso su artillería, lista para disparar; cuando se supo que habían sido electos Antonio Alac, Edgardo Torres y Armando Olivares, en carácter de delegados, la empresa los dejó en la calle. Los obreros, indignados, decidieron ir a la huelga exigiendo la reincorporación de los despedidos. Y mientras la patronal acudía a la policía federal y provincial para reprimir las asambleas, se dejó escuchar la voz de la seccional Neuquén de la Unión Obrera de la Construcción, sucursal patagónica de la es-Coria: ‘La huelga decretada por quienes carecen de toda representación -protestaba el botón de los patrones Adolfo Schvindt, secretario general de la UOC neuquina-, no tiene toda la amplitud que, no sabemos por qué motivos, se le quiere dar. Los responsables de la situación no están ni contra la empresa, ni contra el sindicato, sino fundamentalmente contra el país’. Este participacionista patagónico, empleado de Coria en los negocios del sur, hasta le ha copiado el estilo de oratoria al mismísimo Onganía.
“A pesar de la prédica de Schvindt, los obreros prosiguieron con la huelga y, aprendiendo que la violencia policial hay que responder con la violencia del pueblo, se apoderaron de cartuchos de dinamita, piedras y palos, argumentos que resultaron suficientes para que los uniformados metieran lanzagases en bolsa y se tomaran las de Villadiego. En tanto, Coria le prendía velas a los santos cuando planeaba ‘soluciones’ junto al obispo de Neuquén, Jaime F. de Navares, o hacía la venía cuando se entrevistaba con otro medidor, el teniente coronel Carlos Bellosi, jefe del servicio de inteligencia del Ejército con asiento en Neuquén; o tomaba un refinado whisky escocés a la hora de las sobremesas junto a los patrones de Impregilo Sollazzo S.A.
“En fin, todo fue inútil, con hombres que tienen dinamita en las manos no se juega; la patronal y las ‘fuerzas vivas’ que lo acompañaban tuvieron que aceptar: Alac, Olivares y Torres fueron reincorporados al trabajo, el padre rodríguez también, luego de ser liberado. Coria quiso capitalizar el éxito de los obreros del Chocón, pero nadie mejor que los tres mil compañeros que enfrentaron a la patronal y a la policía para atestiguar lo contrario. Es posible, sin embargo, que Rogelio (el hombre de la cara pintada) reciba de ‘sus’ bases un obsequio en agradecimiento por su denodada lucha a favor de los intereses del gremio, y como de construcción se trata, quizás le regalen un paredón. (1)
CITAS:
1.- Periódico CGT, la CGT de los Argentinos, de Febrero 1970, N° 55, (en la clandestinidad) “El Chocón: ahora es con dinamita”. |