Miles de trabajadores metalúrgicos son puestos en riesgo todos los días en la región de San Nicolás. La presión del lobby del gigante Techint logró que se declare como servicio esencial la producción de acero, con el argumento de que fabrican hojalata para envases de alimentos, desinfectantes, etc. Sin embargo, la planta laminadora de hojalata está parada desde hace un año por sobrestock. Y con esta justificación mantienen operativa la totalidad de la planta de Ternium Siderar.
Pero las medidas de seguridad e higiene más básicas brillan por su ausencia. En estos días llegaron a la redacción de La Izquierda Diario decenas de denuncias que mantenemos anónimas para preservar las fuentes de la persecución patronal. Nos alertan sobre la precariedad de la situación de los obreros metalúrgicos: falta alcohol en gel, no hay barbijos sanitarios, y hasta se llegó a cortar el suministro de agua en los vestuarios. Los controles son apenas superficiales, una medición de temperatura antes de los molinetes que más que prevenir sólo empeora el amontonamiento al ingreso del turno.
En esta “cuarentena selectiva” en la que un albañil es detenido por salir a changuear, los trabajadores de Siderar se exponen a la infección en la planta. Rocca pone en riesgo la salud de los trabajadores y de sus familias.
Como siempre, tampoco falta la avivada patronal de siempre: a los trabajadores eventuales licenciados por estar en grupos de riesgo o por no realizar tareas imprescindibles en esta coyuntura, los despiden sin contemplación. En lugar de pagar las licencias correspondientes, Siderar los expulsa al infierno de la cuarentena sin recursos.
Desde algún palacio, rodeado de medidas de seguridad y con todas las comodidades, Paolo Rocca le ordena a miles de trabajadores que se arriesguen a la infección y que expongan al resto de la población. Si la producción de Siderar es realmente necesaria, como lo es la alimentación, los medicamentos, el transporte, etc., entonces se deben garantizar que se cumplan todas las medidas de prevención y resguardo.
La defensa de los trabajadores debería estar en manos de los sindicatos. Sin embargo, en lugar de ponerse a la cabeza del reclamo por la salud de la clase obrera, la burocracia actúa en nombre de las patronales. Trascendieron mensajes de la UOM, que circularon por redes sociales, en los que abundan los argumentos del departamento de Relaciones Públicas de Ternium Siderar. Pero ni una palabra sobre garantizar el resguardo, la provisión de kits de testeo, ni una exigencia al Estado de que resuelva la crisis de la salud pública.
El marco de esta crisis sanitaria es el estado deplorable del sistema sanitario en todo el país. El macrismo destruyó la salud pública, pero en San Nicolás es peor. Cerraron decenas de salas de atención primaria, y las que quedan en pie están completamente vaciadas. El personal trabaja en condiciones deplorables, sin recursos y por monedas. De hecho, el presupuesto 2020 que aprobó el oficialismo local contempla una reducción de más del 27% en salud.
Mientras tanto, los Passaglia, los Berni, los Perotti, las Frederic, etc. aprovechan para llenar las calles de policía. Los mismos que vaciaron la salud pública sólo tienen como respuesta más represión y persecución. Está demostrado que los casos más exitosos de contención de la pandemia se basan en procedimientos masivos de detección de la infección. Actualmente, la capacidad del Malbrán es de menos de 150 análisis por día. Se anuncia la descentralización en otros 34 laboratorios en todo el país, pero eso también está lejos de ser suficiente. Para eso es necesario que el Estado garantice, de mínima, la provisión de 200.000 kits de detección rápida del Coronavirus. Pero no parece ser la prioridad del gobierno, así como tampoco lo es la protección de miles y miles de trabajadores informales que no pueden acceder a las changas diarias por la cuarentena.
Por el contrario, el pueblo trabajador da muestras de que se puede poner a la cabeza de la crisis sanitaria. Algunos ejemplos: Astilleros Río Santiago y la Universidad Nacional de La Plata van a reconvertir la producción para fabricar respiradores, una herramienta indispensable para tratar las afecciones, y cuya existencia actual es menos que miserable. Escuelas y universidades haciendo jabón en gel en sus laboratorios, como la Universidad Nacional de Rosario, o el Instituto San José. Las fábricas recuperadas Zanón y Madygraf también proponen reconvertirse para producir herramientas e insumos. Las textiles de Neuquén están fabricando barbijos. Los trabajadores de La Virginia, en Rosario, están organizándose para seguir trabajando pero bajo condiciones seguras. Los internos de la Unidad Penal 3 también se organizan para colaborar. Fábricas recuperadas, docentes, estudiantes y auxiliares organizadas desde las bases, comisiones internas combativas, trabajadores organizados, demuestran que la salida no es individual, que la cuarentena no alcanza, y que sólo el pueblo trabajador está dispuesto a dar todo por superar esta crisis sanitaria, social y económica.
La cuarentena no sirve de nada si no se implementa un plan integral contra la pandemia del Coronavirus. Ante la inacción del gobierno en este plano, se necesitan Comités de seguridad e higiene de base en cada lugar de trabajo y estudio. Que discutan e implementen medidas fundamentales, hacia ellos y el resto de la comunidad. Pero que también intervengan en la discusión política, por la unificación estatal de todo el sistema de salud, por la centralización y nacionalización de clínicas y laboratorios privados. Que se extienda la protección social a los millones de trabajadores precarizados. Que exijan la provisión inmediata de tests de detección rápida del coronavirus para controlar la pandemia y optimizar la distribución de recursos.
Al Coronavirus lo frenamos entre todos los trabajadores. ¡Viralicemos la realidad de la salud pública!
Para sumar tu denuncia escribinos
al 3364 575885
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