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2 de mayo de 2015 Twitter Faceboock

Historia
¡El enemigo principal está en el propio país!
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Foto: Facsímil del volante original que se distribuyó en mayo de 1915 en Alemania.

(mayo de 1915) [1]

Karl Liebknecht

Lo que se venía esperando a diario durante los últimos diez meses, desde la invasión de Austria a Serbia, se ha cumplido: Hay guerra con Italia.

Las masas populares en los países beligerantes han empezado a liberarse de las redes oficiales de mentiras. El pueblo alemán también ha acrecentado su esclarecimiento de las causas y objetivos de la guerra mundial, sobre quién es el responsable directo de su estallido. Las ilusiones locas acerca de los "objetivos sagrados" de la guerra han retrocedido cada vez más, el entusiasmo por la guerra ha disminuido, la voluntad de una paz rápida ha crecido con fuerza en todos lados, ¡incluso en el ejército!

Esto era un problema difícil para los imperialistas alemanes y austríacos, que buscaban en vano la salvación. Ahora parece que la han encontrado. La intervención de Italia en la guerra, debería ofrecerle una buena oportunidad para suscitar un nuevo frenesí de odio nacional, para sofocar la voluntad de paz, y para borrar las huellas de su propia culpa. Ellos están apostando al olvido del pueblo alemán, apostando por su paciencia que fue probada con demasiada frecuencia.

Si este plan triunfa, los resultados de diez meses de experiencia sangrienta no tendrán valor, y el proletariado internacional volverá a desarmarse y quedar completamente descartado como un factor político independiente.

Hay que desbaratar este plan… y para eso la parte del proletariado alemán que se ha mantenido fiel al socialismo internacional debe seguir siendo consciente y digna de su misión histórica en este momento monstruoso.

Los enemigos del pueblo apuestan al olvido de las masas; hay que contrarrestar esto con la consigna:

¡Aprender de todo, no olvidar nada!

¡No olvidar nada!

Hemos visto cómo, cuando estalló la guerra, las tentadoras melodías de las clases dominantes capturaron a las masas para los fines capitalistas de la guerra. Hemos visto cómo estallaron las burbujas de la demagogia, cómo los sueños tontos de agosto se desvanecieron, cómo, en vez de la felicidad, llegaron el sufrimiento y la miseria para el pueblo; cómo las lágrimas de las viudas y los huérfanos de la guerra aumentaron a raudales; cómo el mantenimiento de la “vergüenza de las tres clases”[2], la canonización desvergonzada de la Cuatrinidad (semiabsolutismo, dominio junker, militarismo y despotismo policial) se convirtieron en una amarga verdad.

A partir de esta experiencia estamos prevenidos: ¡Aprender de todo, no olvidar nada!

Ofensivas son las diatribas con las que el imperialismo italiano disimula su pillaje; ofensiva es que la tragicomedia romana en la que está presente la mueca ahora común de la Burgfrieden (tregua civil). Más ofensivo aún es que en todo esto podemos reconocer, como reflejados en un espejo, los métodos alemanes y austríacos de julio y agosto de 1914.

Los instigadores italianos de la guerra merecen todas las denuncias. Pero no son más que copias de los instigadores de Alemania y Austria, que son los principales responsables del estallido de la guerra. ¡Cortados con la misma tijera!

¿A quién tiene que agradecer el pueblo alemán por este nuevo desastre?

¿A quién le pueden exigir explicaciones por las nuevas pilas de cadáveres que se amontonarán?

Sigue siendo cierto que el ultimátum de Austria a Serbia del 23 de julio 1914 fue la chispa que encendió el mundo, aun cuando el fuego tardó mucho en propagarse a Italia.

Sigue siendo cierto que este ultimátum fue la señal para la redistribución del mundo, y necesariamente un llamamiento a todos los Estados capitalistas saqueadores para que participen de este plan.

Sigue siendo cierto que este ultimátum llevaba en sí la cuestión de la dominación sobre los Balcanes, Asia Menor, y todo el Mediterráneo, y por lo tanto contenía todos los antagonismos entre Austria-Alemania e Italia en un solo golpe.

Si los imperialistas alemanes y austríacos ahora tratan de esconderse detrás del escenario del pillaje italiano y el telón de fondo de la deslealtad italiana; cuando se visten con la toga de la indignación moral y la inocencia agraviada, mientras que en Roma se han encontrado nada más que a sus iguales, entonces merecen el peor desprecio.

La regla de "no olvidar nada" se aplica a la forma en que el pueblo alemán fue manipulado en la cuestión italiana por parte de los muy honorables patriotas alemanes.

El tratado de la Triple Alianza con Italia siempre ha sido una farsa; ¡los engañaron!

Los expertos siempre supieron que, en caso de guerra, Italia sería un oponente seguro de Austria y Alemania; ¡a ustedes se les hizo creer que sería un aliado!

Una buena parte del destino de Alemania en la política mundial se decidió en el tratado de la Triple Alianza, que fue firmado y renovado sin consulta. Hasta el día de hoy ni una sola letra de este tratado ha sido compartida con ustedes.

El ultimátum de Austria a Serbia, con el cual una pequeña camarilla tomó a la humanidad entera por sorpresa, rompió el tratado entre Austria e Italia. No se les dijo nada de esto.

Este ultimátum se formuló con la condena expresa de Italia. Todo esto se mantuvo en secreto frente a ustedes.

El 4 de mayo de este año Italia disuelve la alianza con Austria, y hasta el 18 de mayo este hecho crucial fue ocultado al pueblo de Alemania y de Austria. Sí, a pesar de que los funcionarios negaron directamente la verdad, paralelamente al engaño intencional contra el pueblo alemán y el Reichstag sobre el ultimátum de Alemania a Bélgica del 2 de agosto de 1914.

A ustedes no se les permitió influir de ninguna manera en las negociaciones de Alemania y de Austria con Italia, sobre lo cual dependía la intervención de Italia. A ustedes los trataron como a ovejas en esta cuestión vital, mientras que el partido de la guerra, la diplomacia secreta, un puñado de personas en Berlín y Viena tiraban los dados sobre el destino de Alemania.

El torpedeo del Lusitania[3] no sólo consolidó el poder de los partidos guerreristas de Inglaterra, Francia y Rusia; también provocaron un grave conflicto con los Estados Unidos, y confabularon a todos los países neutrales contra Alemania con una indignación apasionada, y además facilitaron el trabajo desastroso del partido guerrerista italiano justo en el momento crítico. El pueblo alemán tuvo que callarse sobre esto; el puño de hierro del estado de sitio les oprimía las gargantas.

Ya en marzo de este año se podrían haber iniciado las negociaciones de paz (la oferta la hizo Inglaterra) pero el afán de lucro de los imperialistas alemanes los llevó a rechazarla. Los partidos alemanes interesados en la conquista colonial a gran escala y en la anexión de Bélgica y la Lorena francesa frustraron esfuerzos de paz prometedores, por parte de los capitalistas de las grandes compañías navieras alemanas, y de los agitadores de la industria pesada alemana.

Esto también se mantuvo en secreto para el pueblo alemán, que una vez más no fue consultado al respecto.

Nosotros preguntamos: ¿a quiénes tienen que agradecer el pueblo alemán por la continuación de esta espantosa guerra y por la intervención de Italia? ¿A quiénes más, sino a las personas irresponsables de este país, que son los responsables?

¡Aprender de todo, no olvidar nada!

Para la gente que piensa, la imitación por parte de Italia de las acciones de Alemania a partir del verano del año pasado no puede ser un acicate para un nuevo frenesí militarista, sino un impulso para ahuyentar las esperanzas fantasmagóricas de un nuevo amanecer de justicia política y social, una nueva luz para iluminar las responsabilidades políticas y la exposición del peligro público que representan los partidarios austríacos y alemanes de la guerra, sólo una nueva acusación contra ellos.

Pero la regla de “aprender y no olvidar” se aplica sobre todo a la lucha heroica contra la guerra que nuestros camaradas italianos libraron y siguen librando. Las luchas en la prensa, en las reuniones, en las manifestaciones callejeras, luchas con energía y audacia revolucionaria, que desafían con el corazón y el alma del choque rabioso de las oleadas nacionalistas que avivan las autoridades. Nuestras felicitaciones más entusiastas para con su lucha. ¡Que su espíritu sea nuestro ejemplo! ¡Breguemos para que el mismo sea el ejemplo de la Internacional!

Si hubiera sido así desde aquellos días de agosto, el mundo estaría mejor. El proletariado internacional estaría mejor.

¡Pero nunca es demasiado tarde para tener la voluntad decidida de luchar!

El lema absurdo de la “perseverancia” ha tocado fondo; sólo conduce más y más a la vorágine de una carnicería masiva. La lucha de clases internacional del proletariado contra la carnicería imperialista internacional es el mandamiento socialista de la hora actual.

¡El enemigo principal de cada pueblo está en su propio país!

El principal enemigo del pueblo alemán se encuentra en Alemania: el imperialismo alemán, el partido alemán de la guerra, la diplomacia secreta alemana. El pueblo alemán debe combatir este enemigo interno en una lucha política, cooperando con el proletariado de otros países cuya lucha es en contra de sus propios imperialistas.

Nos sentimos como uno con el pueblo alemán: no tenemos nada en común con los Tirpitz[4] y Falkenhayn[5] alemanes, con el gobierno alemán de la opresión política y la esclavitud social. Nada para ellos, todo para el pueblo alemán. Todo para el proletariado internacional, por el bien del proletariado alemán y la humanidad oprimida.

Los enemigos de la clase obrera apuestan al olvido de las masas. ¡Breguemos para que sus cálculos salgan mal! Ellos están apostando a la paciencia de las masas; nosotros, por el contrario, elevamos nuestro grito tempestuoso:

¿Cuánto tiempo más los aventureros del imperialismo seguirán abusar de la paciencia del pueblo? ¡Ya son más que suficientes las masacres! ¡Abajo los instigadores de la guerra, aquí y en el extranjero!

¡Hay que ponerle fin al asesinato en masa!

¡Proletarios de todos los países, sigan el ejemplo heroico de vuestros hermanos italianos! Únanse a la lucha de clases internacional contra las conspiraciones de la diplomacia secreta, contra el imperialismo, contra la guerra, por una paz con espíritu socialista.

¡El enemigo principal está en el propio país!

Notas

[1] Publicado por primera vez como un volante, en mayo de 1915, y luego en Karl Liebknecht, Ausgewählte Reden und Aufsätze, Dietz Verlag, Berlín Oriental, 1952. Traducción directa del original en alemán. Publicado en Lenin, Trotsky, Luxemburg, Liebknecht, Mehring, Marxistas en la Primera Guerra Mundial, Ediciones IPS-CEP, Buenos Aires, 2014.

[2] Se refiere al sistema electoral alemán, que todavía mantenía un anticuado régimen de voto ponderado según clases sociales.

[3] Buque británico de pasajeros. Fue torpedeado y hundido por un submarino alemán el 7 de mayo de 1915 frente a las costas de Irlanda, mientras hacía un viaje desde Nueva Cork con destino final a Liverpool. Este ataque causó una fuerte ola de protesta en EE.UU en pro de participar en la guerra contra Alemania, dado que entre las víctimas hubo 128 ciudadanos norteamericanos.

[4] Alfred von Tirpitz (1849-1930): Almirante alemán. Transformó la pequeña flota militar alemana en una poderosa armada para rivalizar en el dominio de los mares con Gran Bretaña. Partidario de la expansión hacia Occidente, anexando Bélgica y parte de Francia, y abogó por la utilización masiva de la guerra submarina.

[5] Erich von Falkenhayn (1861-1922): Jefe del Estado Mayor alemán durante los dos primeros años de la Primera Guerra Mundial. También era partidario de priorizar la ofensiva sobre el frente occidental.

 
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