El Gobierno de Bolsonaro viene emprendiendo una verdadera cruzada contra las medidas sanitarias que evitan la propagación del Covid-19. A contramano del resto de los países del mundo y de la evidencia de los países que hoy están pagando el costo de haber demorado las medidas sanitarias como la cuarentena, Bolsonaro puso en marcha la campaña "Brasil no puede parar".
Sin embargo, según ha divulgado el columnista Guilherme Amado en la Revista Época, la campaña “Brasil no puede parar” costará al gobierno alrededor de 4,8 millones de reales, cerca de 960.000 dólares. La contratación fue clasificada como emergencial y, por esa vía, se hizo sin licitación. La agencia contratada es iComunicação.
El dinero que Bolsonaro está gastando para propagandizar su línea oscurantista y negacionista de la ciencia pagaría 9.926 diarias, aproximadamente, de tratamiento necesario a personas con complicaciones de la infección con coronavirus.
Este gráfico, tomado del sitio auditasus.com.br, revela que la diaria de internación para neumología sanitaria (tisiología) que una persona con coronavirus debe recorrer, costa en promedio 483,54 reales en el sistema público de salud, en un cálculo de 2019. El negacionismo de Bolsonaro menosprecia las previsiones de cientos de miles de muertos si el país no toma medidas contra el coronavirus. Para el Gobierno, las ganancias de los empresarios están por encima de la vida.
Un decreto de Bolsonaro autorizó a la Secretaría de comunicaciones (Secom) a realizar la contratación sin licitación. El organismo evaluó tre propuestas. El martillo lo bajó Carlos Bolsonaro, concejal de la ciudad de Rio de Janeiro y segundo hijo del presidente brasileño. El Secretario de Comunicación, Fabio Wajngarten, todavía se recupera del coronavirus.
El Gobierno se prepara para poner la campaña al aire posiblemente mañana en la televisión. En el video, que ya circula por Whatsapp, el narrador afirma: “Para los pacientes de las más diversas enfermedades y los heroicos profesionales de la salud que los cuidan, para los brasileños contaminados por el coronavirus, para todos los que dependen de la atención y llegada de remedios y equipos, Brasil no puede parar. Para los que defienden la vida de los brasileños y las condiciones para que todos vivan con calidad, salud y dignidad, Brasil no puede parar”.
Con esta línea genocida, Bolsonaro profundiza su diferenciación con la política de los gobernadores. El presidente se viene contraponiendo, siguiendo en forma ciega al presidente estadounidense Donald Trump, mostrándose un verdadero lamebotas. Desafía las evidencias sobre el virus y a todos los trabajadores y la clase media que lucha para minimizar los riesgos de contagio. Ayer, despilfarrando ignorancia, afirmó que “en la lotería hay un vidrio blindado. Allí no va a pasar el virus”.
Por otro lado, la línea de los gobernadores y el Congreso tampoco es ninguna alternativa para el país. Profundizar el aislamiento individual sin que hayan tests masivos para amplios sectores de la población es como navegar sin un GPS. Es decir, tenemos esa tecnología y el Estado podría direccionar todas sus fuerzas para realizar una cuarentena racional, pero prefiere seguir el método que ignora la tecnología y poner a todos en cuarentena.
Se puede obtener una mayor capacidad de planificación para todo el resto de la economía, que debe girar sus esfuerzos para que haya camas, mascarillas y respiradores para los infectados. Las fábricas y toda la capacidad productiva del país deben cambiar su producción para garantizar la demanda, bajo el control de sus propios trabajadores. |