El sábado 28 de marzo tendrá lugar de 8:30 p.m. a 9:30 p.m. la hora del planeta. Apagaremos las luces de edificios, casas y monumentos para concientizar sobre las consecuencias del cambio climático.
La primera vez que se celebró fue en Sídney, Australia, en el 2007, impulsada por World Wide Fund for Nature (WWF) y poco a poco ha tomado más relevancia, llegando a participar 188 países. Pero ¿cómo podemos acabar con el cambio climático, que pone en riesgo la supervivencia de la humanidad?
El capitalismo se basa en la súper explotación de los recursos para así poder generar dinero, valor, capital (porque entre tienes más puedes ganar), importándole nada el medio ambiente y, al parecer, creyendo que los recursos son infinitos, provocando la destrucción y degradación de hábitats, la extinción de especies, la creación desmedida de basura, etc.
Por los métodos utilizados con el afán de generar la mayor producción posible al menor costo, métodos que no toman en cuenta la naturaleza como lo son la minería a cielo abierto, el fracking o una pesca excesiva, los ciclos naturales son incapaces de renovar lo extraído. La expoliación es más rápida que la producción de recursos, que en muchos casos tardaron miles de años en generarse.
No olvidemos que son las empresas petroleras las principales promotoras del negacionismo, haciendo grandes campañas y comprando científicos para dejar al cambio climático como un cuento de hadas, donde se ve bien claro que a la burguesía solo le importan sus ganancias y las protegerá así arrasen con medio planeta. Tampoco es una sorpresa que los principales productores de gases de efecto invernadero y, por tanto, los principales causantes del cambio climático acepten su existencia, que vienen negando desde los años 80’s.
Lejos de cambiar la irracional forma de producir, el capitalismo ha generado su lado verde, en los mejores casos, significa una modificación mínima en materiales de producción que facilita su reciclaje. En los peores, un entramado de argumentos jurídicos que ocultan con algunas maniobras legales los mismos mecanismos salvajes de producción.
Las empresas “verdes” organizan cumbres climáticas con el supuesto objetivo de reducir y contener las devastadoras consecuencias del cambio climático, conferencias que solo quedan en eso, en palabras que no tienen ningún impacto real y sirven más bien como ejercicios demagógicos, siendo estas acciones impotentes contra el cambio climático al no atacar la raíz del problema: la producción capitalista.
En la misma línea que el “capitalismo verde”, de reformar el estado capitalista para hacerlo sustentable, existe el “Green New Deal” (GND) que sostiene que si las mayores potencias del mundo toman conciencia del cambio climático serían capaces de llegar a un verdadero desarrollo sustentable, de la mano de las grandes empresas capitalistas por supuesto. Es esta última perspectiva tan contradictoria la que comparte el WWF, contra la que queremos contrastar una política socialista para salvar al planeta.
¿Cómo enfrentar el cambio climático?
Es impensable que, como ya dijimos, que los responsables por el cambio climático sean quienes los reviertan. El capitalismo puede sacar provecho de todo, y hace negocio a costa de y con el cambio climático: por ejemplo, los seguros por desastres naturales que contemplan oasis privados para poner a salvo a “población en riesgo” que paga carísimo los seguros, dejando a su merced a millones.
Los empresarios y los gobiernos a su servicio intentan convencernos de que el cambio climático se enfrenta de manera individual, poniendo el énfasis en las acciones que cada quien haga según el grado de consciencia que tenga por el planeta. Pero dejando de lado la responsabilidad de las grandes empresas que devastan y contamina el planeta bajo el amparo de los permisos gubernamentales.
Comprar -si nos alcanza- o cultivar comida orgánica, plantar un árbol en el patio de tu casa, bañarte con poca agua, se presentan como acciones que tienen el mismo impacto que dejar de basar la producción en los hidrocarburos, acabar con el fracking, la contaminación de millones de litros de agua con la industria tóxica o desperdiciarla en bebidas gaseosas.
Pero no confundamos que deforestar hasta volver desierto lo que eran tierras fértiles, despojando a quienes las han cuidado por milenios, y sobre calentar el planeta tiene mucho más impacto que si dejamos de usar bolsas de plástico.
Además, hay que pensar en la hroa del clima en el marco de la pandemia mundial por el COVID-19. No podremos además apagar las luces ni de los hospitales saturados pro los enfermos, ni de las casas con población en cuarentena voluntaria u obligatoria.
El cambio climático hace explícito que necesitamos acciones drásticas y urgentes, es necesaria la planificación racional y centralizada de la economía mundial para hacerle cara a los cientos de años de destrozos por la irracionalidad del capitalismo, y para producir lo que verdaderamente necesitamos, no autos sino insumos médicos para esta crisis sanitaria. No podremos además apagar las luces ni de los hospitales saturados pro los enfermos, ni de las casas con población en cuarentena voluntaria u obligatoria.
Esta planificación sólo será posible si está en manos de la mayoría, de quienes viven la crueldad del capitalismo día con día, solo será posible si está en manos de la clase trabajadora que produce la riqueza y ocupa los puestos estratégicos en la producción y en la economía.
Hace falta levantar una política anticapitalista y revolucionaria para enfrentar el cambio climático y la pandemia del COVID-19, y poner en pie una organización socialista que, anclada en los trabajadores, mujeres y jóvenes golpee de manera organizada y estratégica a los responsables de la devastación por la crisis climática, de la pobreza y la desmantelación de la salud pública y la educación, y cambie de raíz la producción, la economía y el sistema.
¡Nuestras vidas valen más que sus ganancias! ¡Si el capitalismo destruye el planeta, destruyamos al capitalismo! |