Este lunes por la tarde trascendió la noticia de que Bolsonaro había echado a su ministro de salud, Luiz Henrique Mandetta. Horas después, tras una reunión del Gabinete, un vocero del gobierno anunció que el ministro “se queda”. Desde hace días se escucha en Brasil el rumor de que el "gobierno efectivo" del país estaría en manos de los militares representados en el general Braga Neto. Un amplio arco de actores del poder político que incluye a gobernadores, alcaldes y altos jueces se habría alineado tras el general, que apoya la política de cuarentena masiva impulsada por el ministro de salud Mandetta.
A continuación reproducimos la columna sobre Brasil de Diego Sacchi en el último programa de El Círculo Rojo:
La fuerte crisis política que atraviesa el país vecino viene a consecuencia de la falta de respuesta del presidente Bolsonaro ante la crisis del coronavirus. Como se sabe, Bolsonaro es afín al sector de mandatarios internacionales que desde el comienzo niegan la gravedad de la enfermedad. El país ya cuenta más de 5000 infectados y 500 muertos.
La realidad es que el ultraderechista Jair Bolsonaro está cada vez más aislado políticamente. Desde el agravamiento de la crisis del coronavirus su popularidad está en caída en sectores que fueron su principal fuente de apoyo, como la clase media paulista. También sufre enfrentamientos abiertos a su política contra las cuarentenas masivas, encarnada en la figura del ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta y varios gobernadores, encabezados por João Doria de São Paulo. Mandetta es un ferviente partidario del aislamiento social, que ya se aplica en varios estados por orden de sus respectivos gobernadores.
Este desafío al poder presidencial se sostiene principalmente en los militares, que vienen acumulando poder desde el golpe de Temer en 2016 y continuaron en esa línea desde que Bolsonaro asumió. El rumor de la existencia de un “gobierno efectivo” al margen de Bolsonaro, resuena fuertemente en la prensa brasileña e internacional desde hace algunos días. Este “gobierno” estaría en manos del general Walter Braga Neto que ocupa desde febrero el cargo de jefe de la Casa Civil, equivalente a la jefatura de Gabinete de Ministros en otros países.
El papel de la cúpula de las Fuerzas Armadas como árbitro de la situación política en Brasil no es algo nuevo, ya en plena campaña electoral en 2018 ejercieron fuerte presión sobre el rumbo del país. Pero en estos días se habla de que, sin destituir a Bolsonaro, intentan limitar su papel en medio de la crisis. Buscan de esta manera poner al Gobierno nacional a tono con los gobernadores, con el congreso y el Supremo Tribunal Federal (STF) que exigen medidas distintas a las que propone el presidente.
¿Se puede decir que hay un "golpe" contra Bolsonaro? Por el momento no. Pero lo que está claro es que hay un bloque entre los altos mandos militares junto a los gobernadores, alcaldes, sectores del Congreso y el STF que busca dar por arriba una respuesta al creciente cuestionamiento hacia gobierno. Justamente la mayor parte de estos sectores militares y civiles son los que actuaron en común durante el golpe institucional contra la ex presidenta Dilma Rousseff y en las elecciones contra el PT, proscribiendo la posible candidatura de Lula a presidente.
Esto no es algo menor. En Latinoamérica hay una creciente intervención de los militares ante crisis políticas, la más destacada fue la del Ejército en el golpe de estado en Bolivia. Según la periodista Eleonora Gosman "La toma directa del control del Estado por parte de militares mediante distintos atajos, parece ser una nueva tendencia en Latinoamérica alentada por la Casa Blanca".
Es válido preguntarse ¿Resolvería la crisis que eventualmente saquen a Bolsonaro del cargo? Casi con seguridad se puede responder que no. Porque su salida dejaría intacto al resto de los poderes institucionales tan responsables como el presidente de la falta de respuesta a favor de la mayoría de la población ante el avance del coronavirus.
Incluso la propuesta que hacen algunos sectores de la política brasileña de un Impeachment contra Bolsonaro termina en una salida para nada favorable. Si un impeachment llevado adelante por el Congreso saca al presidente el que asume es su vice, el ex general Mourão, el mismo que hace unos días reivindicó el golpe militar del 1964. Un escenario similar se daría con la propuesta de sectores de la izquierda que llamaron a Bolsonaro a renunciar.
De todas maneras el actual presidente mantiene un apoyo popular para nada despreciable, de un 30% según una encuesta de Datafolha publicada del domingo pasado. A esto se debe sumar que un sector de las FF.AA. todavía lo ve bien, lo que abriría una importante crisis política en el país si se avanzara en su destitución, sea por el medio que sea.
La pregunta que resta hacerse es cómo se logra una salida a esta crisis (política y sanitaria) que favorezca a las grandes mayorías populares. Evidentemente la respuesta sólo puede venir de esas grandes mayorías, luchando contra el actual régimen político brasileño que no les trae más que sufrimientos. |