Fotografía: EFE
El ministro presentó en una rueda de prensa las estadísticas de delincuencia del año pasado y mostró la "gran preocupación" del Gobierno ante estos ataques de la extrema derecha, que, a su juicio aprovechan el debate público en torno a la inmigración para reforzar sus actividades xenófobas de propaganda.
"Las cifras de 2014 llaman a la reflexión: más delitos y un nuevo récord absoluto en los de tipo violento. Precisamente han aumentado los de xenofobia, antisemitismo y motivación racista. (...) atacan iglesias, sinagogas y mezquitas. Cada vez más son objetivo los centros de asilados y refugiados", aseguró De Maizière.
Según el documento, el año pasado se produjeron en Alemania 32.700 “delitos políticamente motivados”, un 3,3 % más que en 2013. De ellos, 17.020 tuvieron un trasfondo de ultraderecha, una cifra similar a la del ejercicio anterior. Del total estos, 3.368 fueron violentos, lo que supone el valor máximo desde que en 2001 se empezó a confeccionar esta estadística.
Estas cifras de lo que el estado alemán considera “delitos políticos y violentos”, estarían dominadas por los cometidos por los denominados “ultraizquierdistas” (1.664), tras un avance del 0,3 % con respecto al año anterior. Sin embargo, lo que destaca es el aumento del 22,9 % en los delitos violentos y de extrema derecha, hasta los 1.029.
Los últimos ataques
Este martes trascendió que la policía alemana investiga un incendio presuntamente intencionado en un centro de refugiados en construcción en Limburgerhof (oeste de Alemania), suceso que se suma a otros recientes ataques a alojamientos para solicitantes de asilo.
La fiscalía y la policía regional analizan lo sucedido ante la sospecha de que se trate de un ataque premeditado y no descartan un posible trasfondo xenófobo, por lo que están abiertas todas las vías de investigación.
El fuego, en el que nadie resultó herido, causó daños valorados en 50.000 euros en las futuras instalaciones del albergue, diseñado para alojar a 16 refugiados.
A principios de abril, un incendio intencionado destruyó el nuevo albergue de asilados de Tröglitz, una pequeña población del este de Alemania que se había convertido en exponente del acoso neonazi a los políticos que defienden la acogida de refugiados. Durante meses, grupos neonazis acosaron este centro, para evitar que se recibieran refugiados en esa localidad.
Un mes antes del incendio, el alcalde de la ciudad había dimitido para evitar una marcha ultraderechista convocada ante su domicilio particular en protesta por la decisión de alojar a un grupo de refugiados en la localidad.
"Tröglitz está en todas partes", declaró entonces el primer ministro de Sajonia Anhalt, Reiner Haseloof, en alusión a ese claro ascenso de los ataques en el país.
Refugiados, xenofobia y solidaridad juvenil
En Alemania la cuestión de los refugiados viene generando debates en diferentes ámbitos, incluso el sindical. El país recibió en 2014 más de 200.000 solicitantes de asilo, una cifra récord, mientras se espera que este año se superen las 250.000.
Esta realidad se encuentra detrás del incremento de los ataques xenófobos y neonazis contra los centros de refugiados, aunque se remonta a varios años atrás.
En 2011, Alemania quedó conmocionada por las revelaciones de que una pequeña célula de derechas, el Nacional Socialista Clandestino (NSU) había llevado a cabo los asesinatos de nueve inmigrantes y una mujer policía, así como robos a bancos. Los servicios de seguridad y la policía no habían detectado la existencia del NSU desde su creación diez años antes.
Este miércoles la policía alemana detuvo a cuatro miembros de una célula neonazi denominada Old School Society (OSS), la primera que aparece públicamente después del CNU, que planeaba atentados contra mezquitas y centros de refugiados, informó hoy la Fiscalía federal.
Sin embargo, la ola de ataques actual no se explica sin el marco del clima reaccionario y xenófobo que recorre Europa en los últimos años al calor de la crisis capitalista y sus desoladoras consecuencias sociales, el cual se ha acentuado especialmente desde los atentados perpetrados en enero pasado contra la revista satírica Charlie Hebdo y un supermercado Kosher en París.
El discurso del estado alemán y la mayor parte de la prensa contra los “delitos políticamente motivados” reduce la violencia política de la derecha fascista a simples actos de violencia sin contenido político por parte de “pandillas”.
La contracara discursiva de la tesis que demoniza y estigmatiza a los extranjeros en general y a los musulmanes en particular. Un discurso que, a pesar de la “preocupación” expresada por las autoridades ante el aumento de las cifras de ataques xenófobos, en general tiende a relativizar la violencia nazi a la vez que exige mano dura hacia “los extranjeros criminales” y los “vándalos de izquierda”.
El discurso imperialista alemán contra los inmigrantes se sustenta en una creciente polarización de las capas medias hacia la derecha lo que se expresa en movilizaciones de la extrema derecha como Pegida, fenómenos más locales y las continuas agresiones contra los inmigrantes y centros de refugio.
Al mismo tiempo se está viviendo un reflujo del movimiento de los inmigrantes que se han movilizado desde 2012 con huelgas de hambre, marchas, ocupaciones de plazas, etc. y constituyeron el movimiento democrático más importante y dinámico, a la vez que recibió fuertes represiones estatales y ninguna respuesta del gobierno.
Pero la contracara de este fenómeno es el desarrollo de un gran movimiento solidario, extendido sobre todo en la juventud – que ya organizó dos huelgas estudiantiles en solidaridad el año pasado – y en sectores de base de los sindicatos.
A fines de abril, cuatro mil estudiantes secundarios y universitarios se movilizaron junto a grupos de inmigrantes en Berlín, en rechazo a la política racista y asesina del imperialismo alemán. Exigieron derechos democráticos para los inmigrantes, en el marco de una huelga estudiantil. Fue una gran acción de solidaridad estudiantil.
Asimismo, grupos de inmigrantes, que se definen como el sector más explotado y oprimido de la clase trabajadora, exigieron apoyo de los sindicatos, lo que les fue negado por las cúpulas sindicales, atrapados en su lógica nacionalista. |