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5 de abril de 2025 Twitter Faceboock

Juventud
Izquierda Diario: un medio para amplificar la voz y la rebelión de la juventud precaria
Víctor Stanzyk | Madrid

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Antes de la crisis provocada por el Coronavirus, la incipiente clase trabajadora, los jóvenes que se incorporaban a los llamados trabajos basura surgidos de la crisis del 2008 bajo el amparo de las reformas laborales de los distintos gobiernos y de las burocracias sindicales, ya sufríamos la precarización y la explotación en primera persona. Ya sufríamos la incapacidad de estudiar, de independizarnos de nuestros padres, y la represión policial y laboral cada vez que alzábamos la voz. Ya entonces, nos decían, teníamos que pagar los platos rotos de los capitalistas mientras ellos recibían rescates millonarios por parte de los Estados.

Ahora no es un panorama muy diferente. El Coronavirus ha puesto en jaque los beneficios de los empresarios, quienes, desde que esta crisis empezó, han buscado todos los vericuetos necesarios para frenar el golpe. Esto se ha traducido en millones de despedidos, en la aplicación de ERTES que condenaban a las familias con menos ingresos a subsistir bajo mínimos, en forzar a los trabajadores a cumplir su jornada asumiendo el riesgo de contagio, sin protección, sin medidas de transporte necesarias, etc. En última instancia, medidas que sólo han servido para dos cosas: proteger los beneficios capitalistas y que los trabajadores paguen los costes, no sólo con su trabajo, sino con su salud.

Ha sido en los trabajos, como decíamos, más precarios donde las empresas se han mostrado más salvajes y han aprovechado esta cobertura para recortar en derechos e incumplir su responsabilidad para con los trabajadores. Las cajeras de supermercado, las kellys, los trabajadores de Amazon, los sectores esenciales como médicos y limpieza… todos ellos han permanecido al pie del cañón sin protocolos de seguridad ni protección al tiempo que sus empresas los amenazaban si alzaban la voz, llegando incluso al despido y sanciones, como ha sido el caso de trabajadores sanitarios o de los trabajadores de Telepizza. Incluso aquellos trabajadores que han sido enviados a casa por la aplicación de un ERTE, como el caso de Alsea, Acciona en la planta de Nissan, etc., han visto como las mismas empresas que facturaban millones a costa de pagar salarios de miseria a sus trabajadores ahora se declaraban incapaces de hacerse cargo de los gastos producidos por la epidemia.

Y esto ocurría a la vez que pregonaban la responsabilidad ciudadana, culpaban a la gente de expandir el virus y forzaban a aquellos con menos protección social y laboral a cumplir con el trabajo que otros no hacían. Tal es el caso de los inmigrantes sin papeles, quienes siguen trabajando en el campo sin ningún tipo de control laboral ni seguridad, y que su pago será retornar a esas prisiones que el gobierno progresista todavía no ha cerrado y que llaman eufemísticamente CIEs.

A partir del 13 de abril volvemos al trabajo, con el consecuente peligro de contagio, y pronto siguen los ataques. Así es que pretenden que los trabajadores paguen las horas de sus cuarentenas, las patronales exigen que las consecuencias del Covid-19 no sean consideradas bajas laborales, y los nuevos ajustes que se planteen para reavivar una economía que ha tenido que frenar en seco no serán más favorables. Este marco de actuación no sólo es el propio de las empresas, también de los gobiernos que hacen todo lo posible por parapetar a los capitalistas bajo la bandera del esfuerzo común y de la burocracia sindical, quienes no han lanzado mayor propuesta que pequeñas demandas particulares en ciertos sectores, pero que distan mucho de haber exigido que esta crisis la paguen los empresarios y que se paralice la producción innecesaria por el bien público.

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Antes esta perspectiva tan poco halagüeña, ha sido la clase trabajadora la que ha demostrado una vez más que sólo ella tiene el poder de superar esta epidemia de forma que no se impongan los intereses económicos por encima de la vida. Ya en un primer momento, los trabajadores de Mercedes Vitoria-Gasteiz, Renault, Airbus, etc. Impusieron a sus respectivas empresas el paro de la producción por no producir servicios esenciales. Trabajadores de muchos sectores, como costureras y trabajadores de la industria automovilística, daban cuenta de la cantidad de recursos que hay en las fábricas y empresas y que, de ser estas gestionadas por los trabajadores, podría producirse el material necesario.

Contra el abuso de las empresas y haciendo caso omiso de las hipócritas llamadas al “esfuerzo colectivo” como parapeto para garantizar sus beneficios, otros trabajadores han decidido denunciar y luchar en pos de sus derechos, los cuales peligran en aras de la salud pública. Es el ejemplo de trabajadores de Telepizza en Zaragoza, quienes han convocado la huelga tras ser sancionados diez trabajadores con 20 días sin sueldo por haber exigido medidas de protección. Un caso más radical lo vemos en Saint-Barthélemy, donde los trabajadores de un McDonalds’ cerrado ocuparon las instalaciones para hacer comida para la población más pobre y sin recursos.

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Con la ineludible urgencia que nos plantea esta crisis sanitaria y económica, la reacción de los trabajadores de Telepizza, los Riders de Glovo, del McDonalds´ o AirBus, constituye una lección fundamental: las empresas y los gobiernos y sindicatos que las amparan no va a resolver esta crisis sin cargar los costes a los trabajadores y sólo la organización y la lucha puede abrir las puertas a una solución para los trabajadores más precarizados.

Pero es esta una experiencia que no transmiten los medios de comunicación y que desde luego no recogen ni partidos ni sindicatos mal llamados “de izquierda”. Es en este marco que IzquierdaDiario.es quiere ser la red que permita a los trabajadores más precarios, a mujeres e inmigrantes, informarse entre sí y organizarse a través de nuestros círculos de corresponsales, espacios para intercambiar y discutir la situación actual desde una perspectiva anticapitalista y en vista de una resolución obrera de esta crisis. Queremos servir de herramienta y bastión para que la clase trabajadora construya su alternativa y combata en sus puestos de trabajo, en las calles y en el plano digital por sus derechos e intereses.

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