Una video conferencia del Grupo de Puebla fue la que se desarrolló el pasado 24 de abril entre el Presidente argentino Alberto Fernández e integrantes del progresismo chileno, con una participación que integró desde representantes de la Democracia Cristiana hasta el Frente Amplio.
Dicha reunión tenía como propósito de conversar sobre las medidas aplicadas por el mandatario peronista, las cuales han sido reivindicadas a modo de ejemplo internacional por sectores del bacheletismo y del progresismo, por ejemplo.
Es frente a esto que Alberto Fernández ha afirmado en dicha videoconferencia que: “nosotros vamos a construir el día después, del dolor saldrá una gran oportunidad para Latinoamérica”.
Sin embargo, lo que no se menciona es la situación de descontento que se vive en Argentina frente a la gestión del peronista. Y es que en lo que respecta a la clase trabajadora, más de 300.000 personas han sufrido recorte a los salarios, además de cierres de empresas como el frigorífeco Penta, dejando a una serie de familias en la calle en medio de la pandemia. Esto a la par de que los despidos, la cesantía y los ataques en contra de los trabajadores continúan aumentando.
¿Cuál fue la respuesta de Fernández?: “prefiero tener 10 % más de pobres y no 100 mil muertos en la Argentina”.
Por un lado esta respuesta se da en la idea que han buscado instalar a nivel internacional: O algunos se mueren de hambre por los despidos, o se contagian y mueren a causa del COVID-19, como si no existiesen otras medidas por fuera del hambre o la enfermedad. Pero por otra parte, la declaración de Fernández es a su vez una declaración de guerra en contra de las y los trabajadores y los sectores populares y empobrecidos. ¿O acaso el 10% de un país de 44,49 millones de personas no se enfermará de COVID-19 al no tener un sueldo? ¿Serán inmunes este 10% de la población a todos los costos de la crisis, sobre todo al no contar con dinero para financiar un tratamiento por contagio, o incluso costear alimentación para sus familias par no languidecer?
Trabajadores argentinos del frigorífico Penta, exigiendo la reincoporación de 240 trabajadores
Se trata de un espaldarazo a la población que va argumentado bajo la lógica de lo que ha sido llamado la “uberización” de los trabajos, es decir, aprovechar la pandemia para aumentar la flexibilidad -y precariedad- de los empleos, así como el recorte de los sueldos y la limitación de los derechos laborales. Es decir, aprovechar la crisis para que a través del teletrabajo se aumente la productividad y se abulten los bolsillos de los verdaderos dueños del país. ¿Se puede tratar esto acaso de una medida que favorezca a las amplias mayorías frente al contexto de crisis? ¿No es acaso parte de lo mismo que ha sido ampliamente criticado y repudiado en medio del “estallido social”?
Y ni hablar de las medidas de militarizar las calles en el país trasandino, en donde la represión ha aumentado considerablemente por parte de los uniformados a todos quienes no estén cumpliendo la cuarentena; mientras que posan para la foto realizando mascarillas y jabones, con el propósito no de ayudar a la población, sino que utilizar esto como un pretexto para que la gente vuelva a confiar en los mismos que reprimieron el día de ayer a todos quienes se movilizaron en contra de los abusos.
Fernández no podría ser más que un ejemplo para los empresarios que buscan perpetuar que las crisis económicas y sanitarias recaigan sobre los hombros de los más precarizados, de las familias trabajadoras y pobres. Si fuera de otra forma se hablaría de impuestos sólidos, contundentes y progresivos a los más ricos y poderosos para rescatar al sistema de salud de la precariedad y de la completa falta de insumos médicos -en donde Mañalich continúa evadiendo todos los cuestionamientos sobre la fecha de llegada de los ventiladores mecánicos-, o incluso el unificar el sistema privado y público de salud par evitar que más gente muera por no tener dinero, o prohibir todos los despidos y suspensiones de contrato; además de la creación de un fondo de emergencia destinado a todas las medidas sanitarias, económicas y sociales que mitiguen las consecuencias de la pandemia para los más pobres. Pero no. Sigamos aumentando el bolsillo de las empresas que los pobres pueden esperar. |