La idea es básicamente la siguiente: como en esta pelea estamos todos en el mismo bando en la guerra contra "el enemigo invisible", debemos confiar y actuar plenamente en pos de la unidad. Este discurso es reproducido también desde el Estado. En nuestro país el mismo Alberto Fernández dijo que está "gratamente cansado de ver cómo los empresarios ayudan a salir de este problema”. También remarcó que "nadie se salva solo", pero abrazando en esa frase a las Iglesias, los empresarios, terratenientes, banqueros y a las mal llamadas "fuerzas de seguridad". En México, la Iglesia llamó a los empresarios a mantener el empleo.
Sin embargo, la evidencia actual demuestra lo contrario. Parece que sí quieren salvarse solos, aún frente a esta amenaza sanitaria.
La pandemia de Coronavirus vino a desenmascarar aún más el rol que juegan los gobiernos, las fuerzas represivas y las clases dominantes a la cual responden.Frente a un peligro que los amenaza al igual que al resto (aunque las posibilidades y los recursos que tienen son inmensamente mayores que las de las clases dominadas) no
hacen más que pensar en seguir lucrando y en fortalecer los aparatos represivos en caso de rebeliones que cuestionen la desigualdad. Si incluso en guerras no dejan de lucrar a costa del resto, más no podíamos esperar en esta situación.
En Europa vimos como ciertas potencias menos afectadas cancelaron exportación de material sanitario, cerraron sus fronteras y compran recursos en cantidad y en primer lugar, de manera tal que los países dependientes no tienen acceso a ellos debido a su escasez.
En el caso de Norteamérica, supimos que, además de imitar esta actitud acaparadora y culpar a China y la OMS por este desastre sociosanitario, usó su poder imperialista para interceptar un cargamento de barbijos y hacerse con él. No es menor tampoco el bloqueo que mantienen sobre otros países como Cuba, Venezuela e Irán y el intento de cerrar las inmigraciones.
Pero esta ventaja que sacan los más fuertes no solo se ve entre países, sino también dentro de un mismo territorio nacional. En Argentina, las patronales vienen svanzando con despidos, suspensiones y rebaja de salarios. Basta el ejemplo del hombre más rico del país: Techint, de Paolo Rocca (que cuenta con un patrimonio de más de 8.000 millones de dólares) ya avanzó con 1450 despidos.
Esto no sería posible para ellos sino contasen con la complicidad de la burocracia sindical que está siempre dispuesta negociar y que ya pactó rebajas salariales de 30 y hasta 50 % como en petroleros.
Cuando se habla de un impuesto, ponen el grito en el cielo y presionan para liberar la cuarentena para seguir generando ganancias. Mientras tanto, los especuladores presionan para exprimir cada recurso en moneda local o extranjera.
El hechizo de los cantos de sirena
Sin embargo, podemos ver que en ocasiones ceden algo para el resto, como cuando se les impone un tímido impuesto, se nacionalizan sectores privados o acceden a dar beneficios económicos. Pero la verdad es que toda concesión parcial es para no perderlo todo. Se lo conoce como "retirada táctica", y es como cuando un equipo deportivo regresa hacia atrás en el campo, solo para encontrar otro mejor momento o lugar para avanzar definitivamente.
Si con esto no logran el cometido de apaciguar las aguas revolucionarias, la salida a la que acuden es la contrarrevolucionaria, como pudimos ver en las últimas dictaduras latinoamericanas. Frente a la amenaza de sus privilegios, quienes dominan toman una actitud aún más agresiva. Es por eso que son los enemigos irreconciliables de la clase obrera.
Nuestra moral
A pesar de todo lo dicho, hay una unidad posible: la de la clase trabajadora. Ya lo dice una canción: "unidad de los trabajadores, y al que no le gusta se jode". A las ideas individualistas y el "sálvese quien pueda" virulento, oponemos una moral de solidaridad y unidad en la lucha contra la explotación y la opresión. Esta es una idea que aterroriza a los Ginóbili y a la gente de alcurnia, porque saben bien a dónde puede llegar el poder de la clase trabajadora. Es por eso que ponen en marcha todo su arsenal ideológico para dividirnos y reinar: entre hombres y mujeres, entre quienes están en planta permanente y quienes tercerizados, registrados y no registrados, empleados y desempleados, entre las distintas nacionalidades, etnias, orientaciones sexuales, etc. Hay que combatir estos prejuicios tan implacablemente como al virus.
Los capitalistas pretenden que todo el peso de la crisis la cargue la clase trabajadora. Es por eso que se hace necesario la prohibición de despidos y suspensiones con rebaja salarial, la toma y puesta a resguardo de toda empresa que cierre o despida masivamente y un impuesto extraordinario a las grandes fortunas.
La única salida es que los y las trabajadoras del mundo, en alianza con los sectores populares y las clases medias bajas, se quiten de encima a los parásitos capitalistas y conquisten "el reino de la libertad". |