El viernes 8 el presidente Alberto Fernández, el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y el gobernador bonaerense Axel Kicillof anunciaron el inicio de la Fase 4 de la cuarentena, que incluye algunas flexibilizaciones a lo largo del país. El Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA) -donde viven alrededor de 17 millones de personas y se concentra aproximadamente el 80 % de los casos de coronavirus existentes en el país- continuará en la Fase 3 con más restricciones; la cuarentena obligatoria seguirá rigiendo hasta el 24 de mayo.
Una mirada puesta en la producción que solo enfoca a los empresarios
Mientras en el conurbano bonaerense seguirá primando el confinamiento para la mayoría de la población -profundizándose los sufrimientos de los cientos de miles de trabajadores y trabajadoras informales que seguirán sin poder garantizarse sus ingresos diarios y los pobres que viven hacinados- el gobernador Kicillof autorizó que 500 empresas retomen su funcionamiento para beneficiar a un puñado de capitalistas. Entre ellas se encuentran medianas y grandes empresas automotrices, autopartistas metalmecánicas, metalúrgicas livianas; del plástico, gráficas, electrónicas, textiles, de calzado, tabacaleras, químicas y petroquímicas, entre otras.
“Somos el principal distrito industrial del país y por eso nuestra mirada está puesta en la producción” destacó el gobernador, que a la vez hizo notar la necesidad de evitar el desabastecimiento y el descontrol de precios en un momento donde las flexibilizaciones dispuestas en distintos niveles a lo largo del país favorecen un aumento del consumo.
Las patronales venían presionando por la reapertura de las fábricas pensando principalmente en sus bolsillos; quieren reestablecer sus niveles de ganancia aprovechando que además son ellos los que gozan de la verdadera flexibilización otorgada por el gobierno para rebajar el salario obrero, suspender y aumentar considerablemente los despidos.
La multinacional alimenticia Mondelez, que al principio de la cuarentena al ser declarada servicio esencial y que aprovechó ese beneficio para aumentar su producción de golosinas, ahora con ese gran stock en sus depósitos se auto declara no esencial para poder suspender al personal con el 75 % del salario. Una maniobra escandalosa avalada por los dirigentes del sindicato de la Alimentación, que ha despertado la bronca de sus trabajadores y trabajadoras que quieren frenar las suspensiones y la rebaja salarial.
En la fábrica de neumáticos FATE los recortes salariales rondan el 50 %, y sus trabajadores también se movilizan. Igualmente lo hacen los repartidores de apps como Glovo, Pedidos Ya y Rappi, quienes convocan a una jornada de lucha este jueves 14 como parte de la Red de Trabajadores Precarizados e Informales.
Las patronales imponen sus intereses y por lo tanto también los ritmos para la salida de la cuarentena, y el gobierno cede. Hay que pararles la mano y enfrentar los ataques patronales, como empieza a ocurrir en distintos lugares de trabajo.
¿Protocolizar el trabajo?
Como parte de las exigencias de las patronales, una semana atrás el ministro de Economía Martín Guzmán -mientras continúa con la dura renegociación con los bonistas para seguir pagando la deuda- comenzó con un discurso de “protocolizar el trabajo para volver a producir”. Kicillof sigue ese camino y promete la imposición de “estrictos protocolos” en las fábricas que empiecen a funcionar; en ellas las patronales tendrán que garantizar el traslado de sus trabajadores y trabajadoras. A su vez se establece la prohibición del uso del transporte público para aquellos y aquellas que no son trabajadores o trabajadoras esenciales, para evitar el amontonamiento y que se vuelva en un importante foco de contagio. Pero la “exclusividad” de los esenciales va a ir acompañado por su registro obligatorio a través de la aplicación “Cuidar”, una suerte de big data para que el Estado pueda geolocalizar sus movimientos.
Supongamos que esta medida de limitar el uso del transporte público logre mitigar las posibilidades de contagio… su efecto llegará hasta las puertas de cada fábrica, ¿pero qué pasará del portón para adentro? Allí donde predominan la prepotencia patronal, su desprecio por la salud y la seguridad de sus trabajadores y trabajadoras, la imposición de mayores ritmos y peores condiciones de trabajo, no existe garantía alguna de seguimiento de un protocolo. Las direcciones sindicales dejan hacer y el supuesto “control estricto” del gobierno va a seguir el camino de la “prohibición” de los despidos y suspensiones. Es decir, puro papel mojado.
El estricto control de los protocolos favorables para asegurar nuestras vidas solo puede ser ejercido por comités o comisiones de seguridad e higiene votada e integrada por trabajadores y trabajadoras de cada sector de trabajo y mandatada por asambleas. Ante la flexibilización patronal se necesita mayor control de los trabajadores y trabajadoras en todas las unidades de producción.
¿“Enorme éxito”?
Esta exagerada afirmación de Kicillof para graficar el relativo achatamiento en la curva de contagios oculta que la propagación sigue sin controlarse, los test continúan siendo escasos y el índice de circulación del virus es alto sobre todo a partir del estallido de la pandemia en las villas de CABA, que amenaza a las miles de villas y asentamientos que existen en el conurbano bonaerense.
¿Cómo se puede hablar de “enorme éxito” cuando la Fase 3 de la cuarentena que sigue reinando en el conurbano profundiza los sufrimientos de los miles y miles de trabajadores y trabajadoras informales? Esas familias siguen careciendo de ingresos para subsistir. El propio presidente reconoció como otro “enorme éxito” el otorgamiento del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que alcanza a 8 millones de personas; solo 3,5 millones cobraron unos míseros 10 mil pesos en más de 50 días de cuarentena. ¡Una vergüenza!
Hace falta garantizar un salario de cuarentena de $ 30 mil a todos y todas las trabajadoras informales que son el 40 % de nuestra clase. Para garantizar esta medida elemental hay que tocar las fortunas y las ganancias capitalistas, pero el peronismo en el poder sigue cajoneando su anunciado proyecto de impuesto a los ricos.
El proyecto presentado por el FIT-U para establecer un verdadero impuesto a las riquezas establece un primer paso para que la crisis no la paguemos los trabajadores, las mujeres y la juventud. |