Las exportaciones representan, en términos redondos, el 40 % del PIB, de éstas, el 80 % del país destino es Estados Unidos. Ante este grado de integración y dependencia al mercado estadounidense, el plan de reapertura nacional, encabezado por el gobierno de la 4T, no está en función de las necesidades colectivas de la población trabajadora, sino de las necesidades de la economía estadounidense.
La economía China, que desde 2002 se aprecia un acelerado ascenso en sus exportaciones (ver gráfico), se ha venido perfilado como un amenazante competidor a la (ex)unipolar economía estadounidense. Particularmente, a partir de 2013, las exportaciones chinas se equiparan a las del país del norte.
La todopoderosa competencia le impone al imperialismo estadounidense efectuar una ofensiva neocolonial sobre Latinoamérica, principalmente sobre México, el cual básicamente funge como una extensión de su aparato productivo y al cual recurre para echar mano de un mercado de mano de obra barata, de un régimen de superexplotación del trabajo (Marini, Dialéctica de la dependencia).
Es por ello que el bloque económico con América del Norte es indispensable para el reposicionamiento económico y político del imperialismo estadounidense en las disputas mundiales, sobre todo contra China. De ahí la importancia del T-MEC ratificado por el gobierno de López Obrador, pero cuya historia se remonta al TLCAN aprobado por Salinas de Gortari.
Otro punto de presión es la balanza comercial, el déficit de Estados Unidos no sólo es la más grande de todo el planeta (ver gráfico), sino que a partir de 1997 sus importaciones se han disparado mucho más que sus exportaciones.
En 2017, “Los principales destinos de las exportaciones de Estados Unidos son México ($181 mil millones), Canadá ($149 mil millones), China ($133 mil millones), Japón ($66,9 mil millones) y Alemania ($61,6 mil millones). Los principales orígenes de sus importaciones son China ($476 mil millones), México ($307 mil millones), Canadá ($274 mil millones), Japón ($125 mil millones) y Alemania ($111 mil millones)”. [1]
La carrera por la reapertura
En este escenario de competencia, pero también de interdependencia, se está dando una carrera por la reapertura. China, recurriendo a un régimen de excepción, contuvo el contagio y a principios de este mes levantó el confinamiento; Estados Unidos, a pesar de que sigue siendo el epicentro de la pandemia, no va a esperar más para levantar la cuarentena.
El pasado 18 de mayo comenzó a reabrir la industria automotriz de capital estadounidense (General Motors, Ford y FCA, etc.), industria que, por cierto, desde un inicio fue declarada esencial y permitió reaperturas en plena pandemia en firmas como Toyota o Honda. [2]
En esta carrera por la reapertura, impuesta por la “ley coactiva de la competencia” (Marx, El Capital), el imperio impone sus intereses a México.
Las exportaciones en México se desploman y el gobierno impone la reapertura
En tan solo un mes (abril), según reporta el Inegi, la economía de exportación cayó 14 mil 958 millones de dólares con respecto al mes anterior (marzo). Durante la crisis de 2008-2009, la caída que se reportó a partir de agosto de 2008 hasta enero de 2009, suma una caída total de 12 mil 466 millones de dólares.
Con la crisis actual, en un solo mes la economía de exportación ha caído más que en seis meses de la crisis anterior.
Por ello la desesperación de las oligarquías nacionales, que al amparo de las clases dominantes estadounidenses, impusieron la reapertura en México.
Como vemos, se aprecia la doble subordinación del gobierno de la 4T, tanto a las oligarquías nacionales como a las extranjeras.
El manejo mediático del gobierno, de la mano de López Obrador y López-Gatell, queda evidenciado como parte del funcionamiento del Estado capitalista, que ante todo desfigura y oculta los procesos económico-políticos del capitalismo nacional.
Tan es así que uno de los objetivos actuales de la ideología de las clases dominantes, que se reconfigura desde el Estado, es legitimar por todos los medios la estrategia de la austeridad para contener la pandemia, hacerla aparecer como exitosa y de esta manera se pueda administrar la catástrofe que ya golpea a miles de trabajadores “formales” despedidos o con recortes salariales; de trabajadores de la salud que no tienen insumos para protección personal, lo cual ha llevado a un elevadísimo índice de contagio en este personal; los padecimientos de los millones de trabajadores precarios, que ante la cuarentena, muchos dejaron de percibir ingresos o los disminuyeron considerablemente (hasta en un 80 % según a OIT).
El 12 de mayo, después de leves presiones de las cámaras patronales, nacionales y extranjeras, que duraron apenas un par de semanas, el Consejo de Salubridad General público en su cuenta de twitter: “Se incorporan a la lista de actividades esenciales la construcción, minería y fabricación de equipo de transporte”.
El poder del capital se impuso con un tuitazo, se declararon como esenciales actividades económicas que no responden a necesidades colectivas sino a los intereses de las oligarquías nacionales y extranjeras, las cuales en su hambruna de ganancia, van a arriesgar la vida de las y los trabajares de sectores como el automotriz (¿qué tienen de esencial producir más automóviles?).
La apología acrítica de los cuartotransformacionistas no tiene límites, nadie chistó ante este crimen de Estado. En cambio, se regocijan por el “enorme” papel de López-Gatell y la postulación que le hizo la OMS. |