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5 de abril de 2025 Twitter Faceboock

IMPERIALISMO Y TMEC
Cinco cosas que tienes que saber sobre la entrada en vigor del T-MEC
Farid Reyes

Con la aprobación de las cuatro leyes secundarias del T-MEC en la Cámara de Diputados, entra en vigor este tratado. Aquí te decimos 5 cosas fundamentales que debes saber sobre el acuerdo.

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La Cámara de Diputados aprobó, casi por unanimidad, las leyes secundarias del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) que estaban pendientes. Con esta aprobación el tratado entra en vigor a partir de este primero de julio.

Las leyes que estaban pendientes de aprobar eran: la Ley de Infraestructura de la Calidad, la Federal de Protección a la Propiedad Industrial, así como las reformas a la Ley Federal de Derechos de Autor y al Código Penal Federal. Para su aprobación solo se registraron cuatro abstenciones de la diputada de Morena Laura Villavicencio.

Pero ¿qué implicaciones tiene este tratado y en qué se diferencia con respecto al TLCAN? A continuación, enumeramos cinco cosas que hay que saber al respecto del tema:

1. Donald Trump hizo campaña electoral diciendo que el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) había sido el “peor tratado en la historia” para Estados Unidos. Por ello una de las primeras medidas que tomó este empresario presidente fue la de renegociar un nuevo tratado buscando imponer nuevas condiciones a sus socios regionales. Luego de ocho largas rondas de negociación, nació el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

2. Esta idea de Trump de que el TLCAN habría resultado en un perjuicio para Estados Unidos y que con él México había sacado una gran ventaja es falsa. Hay industrias y ramas de la economía mexicana que se han visto fuertemente afectadas por la apertura comercial, comenzando con el campo, el cual ha sido abandonado ante la incapacidad de competir con los llamados “farmers” estadounidenses, productores apoyados con subsidios millonarios por parte del gobierno estadounidense. Otras industrias como la automotriz o la electrónica, es cierto que se han convertido en importantes exportadoras hacia Estados Unidos (de ahí es, en buena medida, el resultado superavitario de la balanza comercial entre México y el país vecino). No obstante, hay que decir que gran parte de las empresas de estas ramas son de capital estadounidense, por lo que las ganancias que generan se repatrían a este país.

3. Los cambios entre el T-MEC y TLCAN son significativos en algunos aspectos, sin embargo, se mantiene de conjunto el contenido del tratado anterior. Primero sobre el sector automotriz, podemos apuntar que con la firma del T-MEC se firmó una carta paralela al acuerdo en la que el gobierno estadounidense mantiene la facultad de imponer tarifas mundiales del 25% a los automóviles, pero deja exentos a los vehículos de pasajeros, camionetas y autopartes de México y Canadá. De esta forma, en caso de que la Casa Blanca establezca aranceles bajo la “sección 232” alegando razones de seguridad nacional, México y Canadá contarían cada año con una cuota de 2.6 millones de vehículos de pasajeros libres de aranceles para exportar a Estados Unidos cada año, una cantidad que supera los actuales niveles de exportación.

A su vez, México tiene una cuota de autopartes de 108,000 millones de dólares anuales, mientras que Canadá consigue una cuota de partes de 32,400 millones de dólares anuales. Respecto de las reglas de origen –porcentaje de componentes regionales de los autos– el acuerdo define un período de transición de cinco años luego de que entre en vigencia el tratado para que la condición de contenido de valor regional para autos aumente al 75% desde un 62.5% actual. La forma de evitar aranceles es que el 40% del valor de los vehículos sea producido en áreas de salarios de 16 dólares la hora.

Un requisito que cumplen Canadá y Estados Unidos, no México. Esto puede ser utilizado por las corporaciones automotrices para nivelar a la baja los salarios de la industria automotriz, que hoy en EEUU paga en promedio 20.9 dólares la hora. Otra exigencia que incluye el nuevo acuerdo es que las automotrices utilicen al menos 70% del acero y del aluminio de los tres países socios. Esto claramente responde en buena medida a la guerra comercial entre China y Estados Unidos que es una bandera de Trump y que se lleva entre las patas a México.

4. Otros puntos destacados del acuerdo, según EE.UU., es lo que tiene que ver con la propiedad intelectual –reforzamiento de normas, donde entran software, patentes y modelos industriales-, intercambio digital –los gobiernos podrán indagar sobre desarrollo de software y algoritmos- y exención de impuestos de productos digitales –como e-books, música, videos, software, videojuegos, entre otros–, estableciendo el libre flujo de información digital, como bases de datos. Los cambios a la Ley de Propiedad Industrial sobre el manejo de patentes de la industria farmacéutica, con un enorme poder en Estados Unidos, impone mejores condiciones para las trasnacionales de aquél país y ponen en duda todavía la producción de medicamentos genéricos en México.

5. El acuerdo tendrá una duración de 16 años, pero será sometido a revisión cada seis años. Esta duración no implica la expiración automática del tratado —como había propuesto originalmente EE.UU.— sino que se permitirá renovar el pacto por otros 16 años.

De este modo, estamos ante un tratado que plantea condiciones más “leoninas” sobre México, una economía 20 veces menor que la de Estados Unidos, donde las ramas más dinámicas de la manufactura se podrán ver fuertemente afectadas y donde las únicas que ganan son las trasnacionales estadounidenses. Ni siquiera la clase obrera del país imperialista resulta beneficiada. Un tratado que nos recuerda que, en el capitalismo, los gobiernos velan por el interés de la clase empresarial, cuando no son directamente parte de esta misma clase, como lo es el propio Trump.

Esto se ve claramente en los últimos comentarios que emitió el diputado del PRI Enrique Ochoa Reza, señalando que el éxito del T-MEC depende de “dar apoyo y certeza a las inversiones, así como respeto al estado de derecho y a la santidad de los contratos”, una muestra del interés que representa la casta política tradicional.

Ante este escenario es fundamental que la clase trabajadora en México, pero también en Estados Unidos y Canadá, se organice de forma democrática e independiente de los gobiernos para defender sus intereses. A la rapacidad empresarial que solo busca acumular más y más ganancias y establecer términos de intercambio convenientes solo al gran capital, a esto hay que oponerle la fuerza de los trabajadores y la construcción de una alternativa política que realmente defienda el interés de la mayoría asalariada.

 
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