La fábrica productora de los famosos alfajores, galletitas, panes dulces y budines, de dueños nacionales y ubicada en el barrio de Villa Lugano, retomó su producción el viernes pasado, luego de 15 días de cierre.
Al ser considerada esencial, la fábrica no había cerrado sus puertas durante el período de aislamiento.
Sin embargo, hace 20 días se conoció el primer caso de coronavirus: el ingeniero de la planta, que comenzó a tener síntomas durante un fin de semana, y al ser confirmado su contagio, los dueños decidieron cerrar la fábrica. Ya era tarde.
De 250 trabajadores, 71 dio positivo al hisopado, incluido uno de sus dueños, es decir, el 30% de la fábrica. De estos 71, sólo uno tuvo síntomas.
“Lo curioso es que al inicio, sólo uno tuvo síntomas. Si no se sentía mal, quizás no nos hubiéramos enterado tan pronto. Nos tomó muy de sorpresa, no pensamos que se iba a viralizar de esa forma asintomática”, señala a un medio Claudio Messina, gerente de marketing de la fábrica.
¿Sorprendido de que los asintomáticos contagien, y de forma tan veloz?
Desde el inicio de la cuarentena, Fantoche no solamente continuó con la producción, sino que se trabajaba en tres turnos y se producía un millón de alfajores por mes, entre otros productos. Y como si esto fuera poco, aumentó en este período sus ganancias. Así lo señala Messina, a Bae Negocios:
“Si bien es un año difícil, la demanda no cayó, cuidamos mucho la rentabilidad de los productos para no caer en las ventas. Por norma no se toca ni la calidad ni el tamaño. Con alfajores en el primer semestre crecimos un 15% y en galletitas, cumplimos las expectativas”.
Ahora dicen que reabrieron “extremando las medidas de seguridad”, que consisten en que “todo el tiempo se usa barbijo, alcohol en gel y alcohol y se desinfecta todo en dos turnos. Además, si salgo de mi escritorio, uso máscara, barbijo, guardapolvo y cofia, y se trabaja a dos metros de distancia”. ¿O sea que sólo recién de tener el 30% de la fábrica contagiada, comenzaron a adoptar estas mínimas medidas de seguridad?
Los trabajadores y trabajadoras de las fábricas alimenticias vienen denunciando que las patronales ponen en riesgo sus vidas para continuar con la producción y mantener sus ganancias durante la pandemia.
En CABA, la fábrica Felfort tiene ya 40 casos positivos, pero nunca paró la producción, y los que están en cuarentena son reemplazados por otros. “Nos mandan al matadero por bombones”, denuncian los trabajadores.
Los trabajadores de la alimentación, como los de comercio, denuncian que los protocolos que tienen el aval del Ministerio de Salud y el Ministerio de Trabajo, están hechos para mantener la continuidad productiva de las empresas y asegurar las ganancias de los dueños, mientras ponen en riesgo la vida los trabajadores. Estos protocolos establecen el testeo sólo para casos sintomáticos (cuando el caso de Fantoche muestra el nivel de contagio que puede tener un asintomático), no prevén el aislamiento por 15 días de todos los contactos estrechos, mientras que establecen que solamente que “hay que sanitizar” el área de contagio, y “reanudar la producción de la forma más rápida posible”.
A su vez, denuncian que su sindicato, conducido por Daer, mientras tanto no sólo que no los defiende sino que arregla con las patronales por rebajas de salarios y que se apliquen estos protocolos.
En muchas fábricas alimenticias los trabajadores ya se están organizando, como en Pacheco, en la fábrica de Mondelez, donde en asamblea lograron imponer a la patronal el testeo para todos, poniendo en pie comités de seguridad e higiene para reclamar por las condiciones mínimas de trabajo.
Se habla de los esenciales, pero son los que más sufren las consecuencias de la pandemia. Organizarse es urgente, porque la vida de los trabajadores está en riesgo. En Fantoche, por alfajores, budines y panes dulce. |