EDITORIAL/EL CÍRCULO ROJO |
El discurso de la “seguridad” y los intérpretes de la sociedad
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Los casos de graves abusos policiales, su íntima relación con el discurso mediático y la narrativa estatal: cuando se invierten las causas y se dice que “la sociedad” demanda lo que el poder desea. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9. |
Link: https://www.laizquierdadiario.com/El-discurso-de-la-seguridad-y-los-interpretes-de-la-sociedad
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Estamos en presencia de una multiplicación de casos de abusos policiales, “gatillo fácil” o inclusos sospechas de desaparición de personas, como sucede con Facundo Castro que, aunque no está del todo confirmada la responsabilidad policial, sí es un hecho la trama de encubrimiento que la convierte casi en una autoincriminación. En las declaraciones de Cristina, la mamá de Facundo, y especialmente en la entrevista que le hicieron en el programa “Pasaron cosas” que conduce Ale Berco por esta radio, dio un sinfín de elementos que complican no sólo a los implicados directamente, sino también a las máximas autoridades de la Policía provincial y al Ministerio de Seguridad. La actuación de Sergio Berni aporta más elementos en este sentido.
Si repasamos un poco la precuela de todos estos acontecimientos (hoy tratamos el caso de Valentino Blas Correa en Córdoba) encontramos una seguidilla de eventos:
Primero la puesta en la escena mediática de la polémica sobre el “jubilado” que remató a tiros a una persona que había ingresado a su vivienda junto a otras en un intento de robo violento. Después fue el raid mediático de funcionarios o exfuncionarios que militan la “mano dura”, incluido un cruce entre el secretario de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, y la exministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Después vino la divulgación de estudios de opinión que consultaban a “la gente” sobre esta espinosa cuestión y arrojaban resultados preocupantes: para Rouvier & Asociados, el 42,2% de las personas considera que la llamada “inseguridad” se agravó en el último mes y la consultora Aresco informó que en el área metropolitana de Buenos Aires, el 44% cree que la llamada “inseguridad” es el problema que más la preocupa en su vida cotidiana. Finalmente, la salida a la cancha de los representantes “manoduristas” en la coalición oficial -Sergio Massa a la cabeza- para agitar la cuestión de la llamada “inseguridad”, que es un problema real y está en la “agenda de la gente”, que debe ser combatida con el método de siempre: el empoderamiento de las fuerzas policiales.
También habló el jefe de Gabinete haces unas semanas, Santiago Cafiero, y dijo que “siempre vincular la inseguridad a cuestiones socioeconómicas tiene un sesgo ideológico. Nosotros tenemos que ser más pragmáticos. El delincuente no es delincuente porque es pobre, sino porque es delincuente. No tiene que ver con la pobreza o con los accesos”, afirmó el ministro.
Con una crisis social histórica como escenario de fondo, estas narrativas de algunos medios y referentes oficiales, tienen dos consecuencias:
a) Hacen creer a los integrantes de las fuerzas de seguridad que son absolutamente impunes. En el caso de Facundo Castro, si la Policía llegó a actuaciones y métodos como las que describió Cristina (la mamá de Facundo): amenazas a familiares, amigos, abogados, aprietes y maniobras, es porque se sienten blindadas judicial y políticamente.
b) Pero la segunda consecuencia es que se empieza a dar por hecho que es “la sociedad” la que pide mano dura, reclama represión o exige leña.
El otro día un periodista hablaba en TV sobre los “anticuarentena” o los antitodo de la derecha, y sobre las responsabilidades de la dirigencia política ante las “demandas de la sociedad”. Allí puso un ejemplo, por lo menos poco feliz, cuando dijo algo así como que “la sociedad” a veces pide represión o mano dura, pero después protesta cuando se les va la mano a los gobernantes. Y puso el ejemplo de los asesinatos de Kosteki y Santillán, en esos días en los que “la sociedad argentina” supuestamente pedía represión a los piquetes, el gobierno actuó y las fuerzas represivas del Estado mataron y Duhalde, al final, se tuvo que ir.
Más allá de las intenciones del periodista, no quiero juzgar eso que es secundario, creo que abrió un debate interesante porque tiene varias capas que se relacionan con esto de “mano dura o demanda de seguridad”.
En primer lugar, porque “la sociedad” no existe, en todo caso existen sectores, fracciones o más precisamente clases: algunas que tienen todo y otras que no tienen nada. Y muchas veces, se confunde a los que conforman la “opinión pública”, que ni siquiera son mayoritarios con toda la sociedad. Es un poco el sueño de la clase media de arrogarse la representación total.
En segundo lugar, porque surge la pregunta: ¿Los dirigentes y los medios agitan un discurso securitario y punitivista porque se lo pide "la gente" o "la gente" aumenta su discurso securitario y punitivista porque lo agitan los dirigentes y los medios? Muchas veces la dinámica es al revés de cómo se presenta: los medios y la dirigencia política no “expresan” o “representan” una demanda de la sociedad, sino que construyen y agitan esa demanda para que aparezca como una demanda social mayoritaria.
En tercer lugar, porque este discurso no va a las causas profundas. Porque si bien es cierto que hay un sesgo en la relación mecánica entre pobreza y delincuencia, ese sesgo es tan ideológico como el desconocimiento del hecho que el agravamiento de la crisis, la desocupación y la pobreza tiene un vínculo con el aumento de la violencia social.
La consecuencia siempre es la misma: el fogoneo de este fervor punitivista termina imponiendo el fortalecimiento de las fuerzas policiales y de seguridad. Se busca la solución precisamente donde habita el problema ¿Por qué?, porque la gran industria del delito está íntimamente vinculada a esas fuerzas: la trata de personas, el narcotráfico, los negocios ilegales no podrían operar sin el visto bueno o el concurso de las fuerzas de seguridad. Las cúpulas policiales de varias provincias (Santa Fe, Córdoba) fueron descabezadas en diferentes momentos en los últimos años por estar relacionadas a alguna de estas prácticas ilegales. El “pequeño delito” no existiría sin esa gran industria.
Hace unos días hablaba en un artículo de Tiempo Argentino de que lo único que se busca con esto es generar “la sensación de seguridad”. Porque la “‘sensación de inseguridad’ puede ser una invención que niegue el agravamiento de la violencia social y la ‘guerra’ de pobres contra pobres en lucha por la supervivencia. Pero, no es menos ficticia la creencia en una solución punitivista que intente generar la ‘sensación de seguridad’”. |
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