Cuando se pensaba que la precarización laboral y el neoliberalismo en México no podrían ir más allá, la realidad nos dio un sopetón: en 2019, la autoproclamada 4T creaba las Universidades del Bienestar (sus antecedentes fueron las escuelas que en 2016 creó el partido político Morena) y, nos recordó que su máscara es un discurso que simula tender a lo social, pero es neoliberal.
Cuando se pensaba que no se podrían denigrar más las relaciones laborales y al ser humano, la dirección de las universidades nos comprobó que puede haber tragedias peores: en 2019 los docentes estuvimos laborando siete meses sin cobrar un solo centavo; pero, después vino lo peor: en nuestras relaciones laborales con la universidad, no existe ningún tipo de contrato laboral, se otorga ninguna prestación social, es decir, se violan, flagrantemente, nuestros derechos sociales.
Y este gobierno presume ser de izquierda. Presume haber dejado el neoliberalismo, alardea sobre su proyecto social: ahora, todo es bienestar.
Pero ¿cómo pueden mentir tanto los funcionarios una universidad? En las tardes vemos feliz a la directora general Raquel Sosa, en su rol publicitario; con claridad proporciona datos y cifras, videos y discursos, pero “su realidad” y autoritarismo, está muy alejada de lo que realmente sucede en los contextos de las diferentes instituciones, pues hay graves problemas que se van acumulando, tal como ocurrió en la sede Cuauhtémoc (antes Escuela de Derecho Ponciano Arriaga), cuyo paro duró más de cinco meses y, con total indiferencia, castiga al hijo desobediente, la dirección abandonó a las y los estudiantes a su suerte, para después no resolver ningún punto de su pliego petitorio.
Mientras la directora continúa recibiendo un salario y prestaciones superiores a la de muchos docentes, es una persona con una línea de precarización laboral miserable. Ella junto con su equipo de trabajo y sus asesores mienten. Mienten y golpean, esconden la mano y no dan la cara en las universidades. Su pichicatería no tiene límites, es tanta, que no comprenden que un proyecto educativo nacional no debe ser para conseguir votos o para mayor clientelismo.
La universidad es universal y esto es responsabilidad de todo nosotros: luchar por el constante mejoramiento de la sociedad, luchar por una mejor educación, luchar por ser mejores ciudadanos, estudiantes, docentes.
Sigue vigente la necesidad de que toda universidad sea crítica, popular y laica; porque de lo contrario tenemos lo más reaccionario como las Universidades del Bienestar. Sigue vigente la necesidad de retomar las ideas de los grandes educadores y pensadores: el pensamiento plural, la recuperación de la teoría con la práctica, el hacer entre todos. Basta del ramplón y falso nacionalismo, toda universidad es universal.
Mientras exista desdén a la investigación, a las publicaciones, conferencias, cursos, talleres, mientras no haya arte, cultura, ciencia o deporte, se limita a formar estudiantes no pensantes, no reflexivos, no cuestionadores de su entorno, listos para ser solamente trabajadores que se adapten a los abusos patronales. Ninguna escuela puede llamarse universidad si sólo se preocupa por sus materias y el aprendizaje. Por lo tanto, el docente no se limita a funciones meramente administrativas, porque piensa, hace, crea, investiga, escribe, y propone.
Soy profesor-fundador de estas universidades, ingresé por un proceso selectivo. Durante el año 2016 no cobré, porque comprendía la labor social, la urgencia de una educación a los jóvenes, aportar mi experiencia por contar con tres carreras universitarias. Sin embargo, hoy, el trato hacia los administrativos y docentes es despótico, no hay ninguna posibilidad de opinar, sugerir, dialogar; no se toma en cuenta la experiencia, ni el currículo.
Hay una falta total de respeto hacia los docentes al no considerarnos sujetos de derechos, acción y transformación; ni se nos toma en cuenta en la toma de decisiones dentro de la universidad. Tampoco se nos reconoce como trabajadores, por eso solamente se nos pagan las horas en el salón, ni un peso más en ningún otro momento.
Las universidades no deberían mantener un tratamiento idéntico al que lleva una escuela particular, que permite la continuación del neoliberalismo rumbo a la privatización educativa aprovechándose, en todo momento, de la necesidad de las y los trabajadores; situación que nos lleva a la precarización y al desempleo en el país.
La 4T es el nuevo capataz. Al mínimo intento de crítica o cuestionamiento, los profesores y administrativos han sido echados a patadas, como si fueran desechables. Así ocurrió en la Escuela de Derecho Ponciano Arriaga, así ocurre en general; por eso apoyé a esta escuela.
Los docentes en algún momento se darán cuenta de su situación, pues no se puede vivir de rodillas tanto tiempo. Los alumnos, en algún momento, lucharán porque las becas se les otorguen a tiempo. La sociedad debe conocer esta situación, pues se están ejerciendo los recursos públicos para el mantenimiento de estas escuelas.
En el fondo, sigue vigente solidarizarnos, trabajar en equipo, denunciar, la urgencia de luchar por nuestros derechos como la libertad de cátedra, de manera colectiva y organizada, ahora y siempre, aquí y allá, porque el respeto y la dignidad no se otorgan, se adquieren. |