De esta manera comenzaron las negociaciones formales con el Fondo Monetario Internacional para saldar la deuda contraida durante el Gobierno de Macri.
En su intervención el Presidente volvió a mostrarse confiado en la actitud de la entidad: “Esta mañana tuve una extensa charla con la titular del FMI, y coincidimos en que sin prisa, pero sin pausa, nos pongamos a trabajar para ordenar el desorden que heredamos del gobierno anterior y el Fondo. Mi conversación con Kristalina Georgieva me alienta a pensar que lo haremos con una lógica común, que es la de no postergar a la Argentina y no hacer sufrir a los que mucho han sufrido”.
También remarcó que para poder trabajar con “reglas claras”, como le pidió el empresario Rubén Cherñajovsky en el acto “hay que poner en orden las cuentas que tenemos con los acreedores”.
De esta manera el Presidente vuelve a marcar, como ya lo hizo en la larga negociación con los bonistas (con un resultado ampliamente redituable para estos últimos), que la prioridad está en saldar una deuda ilegítima y fraudulenta, contraida a espaldas de la gran mayoría de la población.
El Presidente muestra su apuro por saldar la deuda en momentos en que la crisis económica viene afectando a amplios sectores de la población, con cientos de miles de familias quedando bajo la línea de pobreza. Ya son más de 5,5 millones los trabajadores afectados por despidos, suspensiones y ataques al salario durante la pandemia.
También, vuelve a referirse al FMI conducido por Kristalina Georgieva como una entidad con “compromiso social”. Lejos de cualquier ilusión, toda la historia del Fondo Monetario atestigua que sus planes van de la mano de imponer fuertes ajustes sobre amplios sectores de la población.
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