Se reabre el proceso constituyente tras meses de pandemia que ha quitado la vida a más de 10 mil personas. El gobierno se ha encargado de que esta crisis la pague el pueblo trabajador, mientras además ha protegido descaradamente los intereses del gran empresariado, asegurando la actividad de sectores no esenciales como la minería y, que lejos de proteger el empleo, ha profundizado la crisis económica, con más de 2.5 millones de desocupados.
En ese marco es que debemos enfrentar las trampas pactadas entre el gobierno de Piñera, la oposición concertacionista y el Frente Amplio (la “cocina” de la cual ahora también es parte el PC) y luchar por una verdadera Asamblea Constituyente, libre y soberana, sin Piñera y donde ninguna institución del viejo régimen pinochetista esté por sobre ella, retomando las demandas impulsadas en la rebelión de octubre y la movilización en la perspectiva de la Huelga General.
El 18 de octubre la juventud hizo despertar a millones, enfrentamos la herencia de la dictadura sostenida por 30 años en los gobiernos de la Concertación, Nueva Mayoría de Bachelet y la derecha de Piñera; un despertar que enfrentó la brutal represión con miles de detenidos, 34 muertos, torturados, heridos, más de 400 casos de daño ocular por perdigones, lacrimógenas y balas que carabineros disparaba a las caras de los manifestantes, y que todavía hoy tiene a cientos de presos políticos de la revuelta. Todo esto y mucho más fue la respuesta por rebelarse contra un régimen que tiene hastiado a amplios sectores de la población.
Cuando la clase trabajadora mostró su potencial en alianza con los sectores populares, con la huelga del 12 noviembre, rápidamente las fuerzas del régimen se alinearon: el gobierno y los partidos, desde la UDI al Frente Amplio firmaron el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, en tanto las direcciones de las grandes centrales sindicales (dirigidas por el partido Comunista, Frente Amplio y la ex Concertación) se subordinan a este acuerdo en las alturas, dejaron de impulsar el Fuera Piñera, y los nuevos paros convocados no fueron más que voladeros de luces, renunciando descaradamente a continuar la convocatoria a huelga general del 12N para terminar con el gobierno de Piñera y asegurar una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana.
El pacto se tradujo en diseñar un “proceso constituyente” hecho a la medida de los grandes empresarios y bajo mecanismos electorales de los viejos partidos del régimen, dejando a la juventud secundaria fuera, con letra chica, y controlado a sus tiempos. En definitiva no asegura una instancia realmente libre y soberana como la que se exigía en la calle, sino una instancia restringida y controlada bajo las viejas reglas.
Pero aún así, son millones los que ven la necesidad de cambiar la Constitución de Pinochet, y el plebiscito por el apruebo se ve como un paso hacia este objetivo.
El 26 de agosto se dio inicio a la campaña hacia el plebiscito del 25 de octubre, con una antesala de racismo y represión en la Araucanía al pueblo Mapuche, y el cuestionamiento a la justicia patriarcal al servicio de los ricos por su proceder en casos como el de Antonia.
Asimismo, el gremio patronal de los camioneros pretende inclinar la balanza a favor de la represión y la persecución, exigiendo más criminalización y dejando a sectores de la población con escasos recursos producto del bloqueo de las carreteras, una acción que contempla apenas al 5% de los camioneros del país.
De este modo, se abre un proceso constituyente convulsionado, tras meses de pandemia, acompañada de un desempleo que supera el 13% a nivel nacional y que hace recordar la crisis de 1982.
Hoy pareciera que el retiro del 10% de las AFP, los bonos de clase media y préstamos blandos, amortiguaron la desesperación de las familias trabajadoras frente a la cesantía y el hambre; sin embargo, este colchón posiblemente no resista más que algunos meses, en especial si se toma en consideración la crisis económica a nivel internacional. Son 722 mil trabajadores los que tienen suspendidos sus contratos hasta octubre, en tanto el 75% de los empresarios dijo que parte importante de los trabajadores suspendidos no mantendrán sus contratos, es decir, un gran sector pasará a engrosar las filas del desempleo. Esta ley maldita aprobada con los votos desde la UDI hasta el Partido Comunista, y que contó con la criminal abstención del Frente Amplio, ha fortalecido la precarización laboral en Chile, profundizando la protección a los grupos empresariales. Hoy, estos mismos partidos del Frente Amplio y el Partido Comunista, que han posado de izquierda, votan las leyes anti obreras al gobierno criminal de Piñera, y se han olvidado de la Asamblea Constituyente, y ponen sus energías en las próximas elecciones presidenciales.
Para que no nos pasen gato por liebre, debemos retomar las demandas de octubre exigiendo una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana. Nos proponemos acompañar a los amplios sectores que van por el “apruebo” y que quieren terminar con la Constitución de Pinochet en el plebiscito de octubre, pero para conquistar las demandas de la rebelión, salud y educación gratuitas y de calidad, terminar con las AFP, ni la convención mixta ni la convención constituyente son una alternativa, pues ambas están amañadas con el quórum de los 2/3 para aprobar cambios- favoreciendo la posibilidad de veto de los partidos empresariales -; las dos instancias protegen los tratados internacionales, por tanto, las AFP no podrían ser tocadas; sus reglas excluyen la votación a menores de 18 años y la votación a través del sistema electoral actual excluye a referentes sociales y sindicales y le asegura una amplia ventaja a los partidos del régimen sobre grupos emergentes, o agrupaciones independientes, entre otras trampas impuestas por los “partidos de la cocina”, para que nada cambie de fondo.
Debemos retomar las demandas de octubre como No+AFP, por un sistema de reparto solidario bajo control de trabajadores y jubilados; salud, vivienda, educación gratuita; fin a la impunidad y disolución de la policía. Para resolver esas demandas es fundamental luchar por una salida a la crisis que la paguen los grandes capitalistas, por la nacionalización de los recursos estratégicos del país bajo gestión obrera, la nacionalización de la banca y el monopolio del comercio exterior, el reparto de las horas de trabajo, por el derecho a la autodeterminación del pueblo mapuche, entre otras medidas para que la crisis la paguen los capitalistas y no el pueblo trabajador.
Una Constituyente así sólo se podrá conquistar si retomamos la movilización en la perspectiva de la Huelga General que saque a Piñera y todo este régimen, y permita poner fin a todas las herencias de la dictadura.
Es en este sentido que las y los trabajadores tenemos la fuerza para levantar organismos de autoorganización, como fue el Comité de Emergencia y Resguardo de Antofagasta que organizó durante el estallido a decenas de sindicatos, organizaciones sociales, poblacionales, estudiantiles y de la juventud, y que organizó el 12 de noviembre una jornada de paralización en la región; o el Comité de Seguridad y Salud encabezado por el Hospital Barros Lucos que ha sido un referente de organización de trabajadores de la Salud en la pandemia, acompañado por sectores de la juventud.
En base a estos puntos e ideas es que hacia el plebiscito de octubre proponemos levantar un comando por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, como alternativa a las políticas de la oposición y de la derecha. Un comando par levantar en común junto a referentes sindicales, sociales y de vanguardia que se proponga terminar con la herencia de la dictadura, retomar la lucha de octubre y el “Fuera Piñera”.
Buscamos que esta iniciativa de Comando pueda ser discutida y votada en los lugares de trabajo, al interior de los sindicatos, asambleas territoriales, entre otras, para levantar con fuerza esta alternativa donde seamos las y los trabajadores quienes decidamos y no los mismos de siempre. |