Durante la pandemia hemos visto cómo los gobiernos en distintas partes del mundo han aprovechado la crisis del coronavirus para imponer medidas represivas y de criminalización, algo que principalmente a la juventud nos ha atravesado.
Muchos de nosotros a consecuencia de la crisis fuimos orillados a decidir entre estudiar y trabajar, la mayoría de nosotros en los trabajos más precarios, como en las cadenas de comida rápida, call center y en aplicaciones de reparto. En el caso de este último sector, no solo se enfrentaron a accidentes, sino también a ser detenidos por la policía por sólo intentar llevar el sustento a sus casas.
Somos una juventud que en todo el mundo ha visto sus barrios llenarse de policías y militares, cómo nos detenían, por ser simplemente jóvenes, LGBT+, negros o por sólo levantar la voz.
Una generación que no solo ha crecido con dos crisis económicos, sino también en el caso de México con la supuesta guerra contra el narcotráfico que ya lleva más de dos sexenios. Con la creación de la Guardia Nacional no solo no termina la militarización del país, sino que se convierte en la continuidad de ésta.
También vimos hace poco más de un mes, con la gira de López Obrador a los estados de Guanajuato, Jalisco y Colima, que son tres estados de oposición, que el presidente trabajará en conjunto con los gobernadores en la lucha contra el narcotráfico, a pesar de que en campaña dijo que terminaría con esta “guerra” y que regresaría a los militares a sus cuarteles.
Con los militares en las calles, el aumento de la violencia parece imparable. En el país que le puso nombre al feminicidio y al juvenicidio, y con la cuarentena, la violencia policial, los crímenes de odio y la criminalización de la juventud no han frenado.
Vivimos en el país de los 10 feminicidios al día; del 2013 a la fecha van más de 640 crímenes de odio; con 20 asesinatos a ambientalistas en lo que va del año; con 32,647 detenciones y 3,600 deportaciones de migrantes en este 2020.
Es esta violencia policial la que se llevó la vida de Giovanni López, trabajador de la construcción asesinado por la policía de Jalisco; y la de Naomi Nicole García, mujer trans asesinada por militares en la Ciudad de México. Es la misma policía que en Estados Unidos asesinó a George Floyd, Tony McDade y tantos otros, la que le disparó a Jacob Blake, por eso nos sumamos al grito de #BlackLivesMatter contra el racismo y la violencia policial.
En ese sentido, hay que seguir el ejemplo de la juventud estadounidense, chilena y francesa y organizarnos para pelear por nuestro derecho al futuro, contra la violencia policial, la precarización y en defensa de la educación.
Por eso te invitamos a sumarte este 6 de septiembre, a las cuatro de la tarde, a la Asamblea Nacional Juvenil Anticapitalista, contra la precarización laboral y de la vida, en defensa de la educación pública y gratuita y en contra de la violencia policial en Estados Unidos y el mundo.
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