Fotografía: Alvaro Medina
Tras una orden de la Justicia Federal, la Gendarmería allanó una cortada de ladrillos de Las Talitas donde se encontraban 31 trabajadores en gravísimas condiciones de explotación laboral. La denuncia había sido presentada en abril por Marcelo Colombo, titular de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), señalado a Héctor Daghero como dueño de la propiedad ubicada en el kilómetro 9 de la ruta 305, cerca de la vivienda del intendente de Las Talitas, Luis Morghenstein.
Según declaraciones a La Gaceta por parte del funcionario judicial Daniel Weisenberg, en la cortada se hallaban “grupos familiares completos”, incluyendo niños, aunque sostuvo que todavía no podía afirmar que haya habido explotación infantil, ya que todavía no prestaron declaración ni las víctimas ni los acusados.
Juan Carlos Valor, defensor de Daghero, afirma que su cliente no tiene vinculación alguna con la denuncia de trata de personas con fines de explotación laboral ya que solo arrienda las tierras donde se encuentra la cortada. Aunque por otro lado, Daghero aseguró que los trabajadores se encontraban bajo “contratos de locación”.
Como parte de las leyes de flexibilización laboral, los contratos de locación son maneras que tienen las patronales para encubrir relaciones de dependencia y que éstas figuren como trabajo autónomo. Entre los 31 trabajadores se encontraban una veintena de obreros bolivianos. Uno de ellos detalló que por el armado, corte y secado de 1000 ladrillos cobraban $400 pesos.
Una industria basada en la explotación y el trabajo en negro
Fotografía: Primera Fuente
Tucumán posee desde hace años los índices de trabajo en negro en cifras cercanas al 50%. La industria del ladrillo se caracteriza por un porcentaje escandalosamente mayor. En las cortadas que se encuentran en la ruta 305 o en el este de la provincia, el trabajo en negro alcanza a cerca del 95% de los trabajadores, según denuncia el Sindicato de Obreros Ladrilleros.
Las jornadas de trabajo arrancan a las 5.30 de la mañana y terminan a las 5 de la tarde. Preparar el amasijo con el que se van a armar los bloques de ladrillos lleva un día entero. Si los trabajadores paran para almorzar al medio día es porque los bloques de adobe necesitan secarse, y cuando éste se secó se arman los tabiques, pirámides donde entran unos 35.000 ladrillos. En los huecos de los tabiques se coloca la leña para los 3 o 4 días de cocción que se necesitan. En un clima tan agobiante como el tucumano, las cortadas son el mismo infierno.
El trabajo se paga a destajo, por lo que es habitual que familias enteras intervengan en el proceso de producción. Es así que a la mano de obra no registrada bajo condiciones laborales y salariales miserables, se suman el trabajo infantil. Según cálculos del Sindicato de Obreros Ladrilleros, alrededor de 300 chicos en edad escolar trabajan en las cortadas. Inclusive, grupos familiares enteros –la mayoría inmigrantes– viven en los tinglados ubicados en los predios de las cortadas. |