Presentamos a continuación la traducción de un artículo publicado originalmente en inglés en el sitio Left Voice, parte de la Red Internacional La Izquierda Diario
El primer debate presidencial de las elecciones generales de EE. UU. fue estridente, con Donald Trump haciendo el papel de villano y Joe Biden, el ex vicepresidente de Obama, intentando pasar por un hombre común. Trump fue constantemente al choque, atacando a Biden por todo, desde su historial político hasta sus notas en la universidad y la adicción a las drogas de su hijo. Sin embargo, todas sus peleas intentaron disfrazar el hecho de que, en los temas importantes, muy poco separa a los dos candidatos. Trump mantuvo su posición negacionista, contra la salud pública y por la "ley y el orden" y Biden ni siquiera defendió las propuestas más ’moderadas’ de sectores del Partido Demócrata como desfinanciar a la policía, el llamado Green New Deal o un plan de salud público y universal. Ambos son candidatos imperialistas y se pelean por ver quién puede ser el más duro con China. Trump mostró su costado más derechista al negarse a condenar a los Proud Boys (Chicos Orgullosos, NdelT), un grupo de supremacistas blancos, pero Biden, por su parte, defendió fuertemente a la policía. Aunque su discurso difiere, ambos candidatos defienden el estado racista y de la violencia necesaria para sostenerlo.
Apenas unos días después de que el mundo superara el millón de muertes por covid-19, ninguno de los dos candidatos mostró tener ninguna política para combatir realmente la propagación del virus, salvo vagas insinuaciones sobre cómo deberíamos haber sido más anti-China, o que se deben usar mascarillas, o que deberíamos rescatar a más grandes empresas. La verdad del asunto es que Biden, Trump, y todo el sistema antidemocrático de la "democracia" estadounidense no ofrecen nada a la clase trabajadora excepto austeridad, muerte y miseria.
"Acabas de perder la izquierda"
La estrategia de Trump fue arrinconar a Biden y usar esta posición para controlar el debate. El despliegue más efectivo llegó cerca del comienzo del debate cuando Trump acusó a Biden de dar concesiones a los "socialistas radicales" Bernie Sanders y Alexandría Ocasio-Cortez. Biden se defendió, rechazando la propuesta de Medicare For All, bandera de Sanders en las primarias. Trump declaró triunfalmente "acabas de perder a la izquierda".
Poner a Biden en estas posiciones ayudó a establecer tanto el control de Trump sobre el debate en sí mismo como la eficiencia con la que es capaz de despedazar la campaña de Biden. Cuando se planteó el problema racial del país, Trump apuntó certeramente contra la reforma penal de 1994, que Biden redactó, una ley que criminaliza aún más a la comunidad afroamericana y latina del país. Es, por supuesto, hipocresía en el más alto grado que Donald Trump diga que alguien es racista. Después de todo, sólo unos minutos más tarde se negó a condenar a los grupos supremacistas blancos. Sin embargo, ese momento se destacó como un ataque muy claro y directo a Biden. Mientras que este luchaba por encontrar su lugar, Trump fue capaz de controlar el discurso y poner a su oponente en varias posiciones incómodas.
Esta habilidad proviene tanto de la total desvergüenza y falta de respeto de Trump por el procedimiento de los debates (como los medios de comunicación se apresuraron a señalar), pero también de su total falta de política real. Interrumpió a Biden y al moderador Chris Wallace toda la noche en un intento de mostrarse como un hombre fuerte. Aún está por verse si funcionará o no, pero Trump, como un total oportunista, es capaz de virar a la izquierda o a la derecha según sea necesario. En una sola respuesta a Biden sobre la cuestión racial, lo atacó desde la izquierda (por la reforma penal) y desde la derecha (por no apoyar lo suficiente la "ley y el orden").
Un área en la que Trump pudo señalar algo cierto fue en su caracterización de la "recuperación" de 2008. Mientras que Biden -como Hillary Clinton en la campaña de 2016- insistió en que todo era color de rosa con Obama, Trump criticó correctamente lo lenta que fue la recuperación. La verdad es que muchos nunca se recuperaron de la crisis de 2008, toda una generación se vio obligada a aceptar trabajos precarios y millones de dólares de deuda estudiantil. La insistencia de Biden y los Demócratas en pretender que la crisis se resolvió está alejada de la realidad de la economía durante el mandato de Obama. Esta crisis económica actual no es nueva, sino más bien una profundización de la crisis no resuelta de 2008. Trump, por supuesto, no tiene ninguna solución que añadir a este análisis, salvo la continuación de la dominación capitalista. Trump sólo está interesado en enriquecerse a sí mismo y a sus amigos. Como vimos desde el principio, la única solución que tienen los capitalistas es obligarnos a pagar por su crisis. Trump y los republicanos dieron miles de millones de dólares en rescates a las grandes empresas y sólo algunas migajas para la clase obrera, y cuando esas migajas se agotaron, se negaron a extenderlas. Trump no es más que el enemigo jurado de la clase obrera.
"El Partido Demócrata soy yo"
Joe Biden apostó a ser "el adulto en la sala". Esto tomó la forma de hacer apelaciones emocionales al "votante promedio" en la audiencia en lugar de ensuciarse las manos luchando con Trump. Esencialmente significaba que Trump era el que iba a discutir con el moderador, interrumpir y hacer una escena, mientras Biden observaba a un lado. Aunque las payasadas de Trump finalmente hicieron imposible no discutir con él, la estrategia sigue siendo interesante porque muestra que Biden hizo el cálculo político de apelar a los votantes moderados que pueden estar de acuerdo con algunas de las políticas de Trump pero que no les gusta su comportamiento. Es el objetivo de apelar al votante blanco suburbano moderado que ya se vio en la Conferencia Nacional Demócrata y continuó durante este primer debate.
Esta estrategia llevó a Biden a virar aún más a la derecha de lo que lo había hecho anteriormente. Halagó a Amy Coney-Barrett, la ultra-derechista nominada por Trump para la Corte Suprema, y dijo que apoyaría a Trump si ganaba las elecciones. Además, Biden declaró explícitamente que está a favor de la salud privada y que no apoya el Green New Deal. Incluso se jactó de cómo tuvo que derrotar al ala progresista del Partido Demócrata para ganar la nominación, llegando a decir "El partido soy yo. En este momento, soy el Partido Demócrata... Soy el Partido Demócrata ahora mismo. La plataforma del Partido Demócrata es lo que, de hecho, he aprobado."
Con esta proclamación, Biden hace explícita la bancarrota teórica y estratégica del mal menorismo. No le interesa en absoluto girar a la izquierda, y mientras más y más progresistas le están dando su voto, aunque sea táctico, él gira más y más a la derecha. A medida que la crisis se profundice, quien sea elegido para administrar este estado capitalista tendrá que desatar uno de los planes de austeridades más devastadores en generaciones. Biden ni siquiera se preocupa en mentir y decir que no lo hará. Promete continuar con la salud privatizada, incluso cuando cientos de miles mueren por el coronavirus, y ni siquiera apoya las reformas, en gran parte simbólicas, del Green New Deal. Si es elegido, Biden será más de lo mismo para el pueblo trabajador, solo que sin ninguna oposición en las calles, ya que la energía de los que han estado protestando contra Trump están siendo canalizada a las urnas para apoyar a Biden.
"Proud Boys… estén alerta”
Una de las partes más ominosas del debate fue cuando Trump fue increpado por el moderador Wallace y por Biden para que condene a las milicias de supremacistas blancos. Trump se resistió pero dijo finalmente, "Proud Boys, retrocedan y estén alerta". Esto fue inmediatamente entendido por muchos como un claro mensaje a la extrema derecha para prepararse a desatar la violencia si las elecciones no van bien para Trump. A esto se sumó más tarde su llamado a que sus partidarios fueran “observadores electorales”.
La historia de los observadores electorales es, por supuesto, una historia de racismo y de supresión de votantes. Durante los años 20 en la ciudad de Oklahoma, el Ku Klux Klan intimidaba a los votantes negros volando sobre sus barrios y dejando caer tarjetas impresas con capuchas blancas que decían "no intentes votar". También se congregaban en los centros de votación de todo el estado de Texas para "tomar nota cuidadosamente del procedimiento de votación". Incluso antes, en 1871, el Congreso aprobó la "Segunda Ley de Aplicación", más conocida como la Ley KKK, para prohibir explícitamente tratar de evitar que alguien vote por "fuerza, intimidación o amenaza". En 1964, la Operación Ojo de Águila reclutó “observadores electorales” para interrogar e intimidar a los votantes de minorías raciales en el estado de Arizona. Más recientemente, los miembros de varios grupos de supremacistas blancos conspiraron para "vigilar" miles de centros de votación durante las elecciones de 2016.
Trump pasó el debate -como ha pasado gran parte de las últimas semanas- preparándose para desafiar el resultado de las elecciones en todos los niveles. Casi ha prometido desconocer los resultados de la elección, y anoche en el escenario del debate se negó a prometer la aceptación de los resultados. Además, está presionando para nombrar una nueva jueza de la Corte Suprema para que impugne las elecciones en los tribunales, está sembrando dudas sobre la validez de los votos por correo, está intensificando la supresión de los votantes y está pidiendo a sus partidarios que salgan a las calles. Esto significa una probable escalada de violencia de la extrema derecha. Como lo hizo durante todo su mandato, Trump atiza las llamas del racismo para hacer política.
Debemos entender que todo el sistema de la "democracia" americana es un fraude. El sistema fue diseñado por los dueños de esclavos para defender su derecho a ser dueños de seres humanos, y ese sistema ha puesto a dos de los tres últimos presidentes en la Casa Blanca después de perder el voto popular. Desde el colegio electoral, a las leyes de identificación de votantes, a la propia Presidencia, los EE. UU. no son -y nunca han sido- democráticos.
Tenemos que luchar contra este avance de la derecha y los ataques a nuestros derechos democráticos. Pero no votando por Joe Biden, quien nos promete opresión pero con una cara amable. Biden mostró quién es y lo que representa el martes por la noche, y tenemos que creerle. No nos ofrece nada, y no nos protegeremos apoyándolo. Lo haremos organizando el poder de la clase trabajadora para defender nuestros intereses y nuestras vidas.
Mientras la Costa Oeste arde, llegamos a más de un millón de muertes por covid-19 en todo el mundo, y la extrema derecha avanza, se necesita una acción radical para detener las crisis. Biden y Trump sólo empeorarán las condiciones de vida de la clase obrera y los oprimidos. Tenemos que rechazar el callejón sin salida del mal menor y organizarnos ahora para luchar contra la derecha y defendernos. El debate presidencial mostró lo poco que ambos candidatos tienen para ofrecernos. A pesar de sus disputas y explosiones teatrales, Biden y Trump están en el mismo lado: el lado del capitalismo. Esto siempre los pondrá en conflicto con la clase obrera, y no podemos esperar que hagan algo diferente. No nos ofrecen nada, y debemos rechazarlos. |