El debate por el uso de las pistolas táser volvió al centro de la escena. En un contexto marcado por una profunda crisis social y económica, los distintos actores de la política burguesa desempolvaron los mismos argumentos de siempre para justificar medidas que favorecen las prácticas represivas.
En esto no hay grieta: oficialistas y opositores piden el uso de un tipo de armas que, según indica la misma ONU, es considerada elementos de tortura y muerte.
Sergio Berni, Sergio Massa y Patricia Bullrich coincidieron en el pedido. Los dos primeros fueron quienes propusieron reprimir y dejar sin asistencia social a las miles de familias que se ven obligadas a ocupar tierras, en condiciones completamente insalubres, en su pelea por el derecho a la vivienda. A pesar de esas declaraciones -o más bien a raíz de las mismas- es que la coalición oficial los contempla con un lugar destacado en su seno. La ex ministra de Seguridad de Macri no necesita más presentación.
En ese marco, este miércoles se conoció que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires va a reactivar la compra de pistolas táser. El “moderado” Rodríguez Larreta no tiene nada que envidiar a “halcones” de su propio partido en cuanto al tema de darle poder a las fuerzas represivas.
El uso de táser suele ser presentado por sus apologistas como una forma de evitar muertes por el uso de armas de fuego. Sin embargo, eso es falso. El uso de las mismas ha demostrado su letalidad.
En Colombia, las recientes y masivas protestas contra la brutalidad policial se desataronluego de que efectivos de fuerzas de seguridad asesinaran usando armas táser a un abogado.
En un contexto de crisis social y económica, cualquier medida que le otorgue más poder a las fuerzas de seguridad implica alentar y potenciar la perspectiva represiva. Esa represión termina siendo funcional a impedir el desarrollo de luchas y reclamos por diversas demandas sociales. Por estas horas, esa amenaza represiva se hace presente ante el reclamo de vivienda en Guernica, protagonizado por miles de familias.
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